Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, ofrecemos a vuestra atención este comentario de Andrea Zhok, publicado por Infosannio, a quien agradecemos su cortesía. Disfruten la lectura y compartan.
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Abróchense los cinturones
(Andrea Zhok) – Las imágenes de las llamas que envuelven el ayuntamiento de Limoges en Francia, con el derrumbe del campanario, están circulando por todo el mundo. El juicio respecto a episodios como éste sólo puede ser de condena, así como no se puede más que condenar los actos de saqueo que han acompañado las protestas en muchas zonas de Francia.
Sin embargo, si nos limitáramos a este nivel de consideraciones solamente estaríamos haciendo una operación clásica del conservadurismo pequeño-burgués, que tiene sus razones pero también es dramáticamente miope. Empezar a predicar sobre los coches quemados y los escaparates rotos, sin ir más allá, es sólo el índice de quienes aún no han comprendido la gravedad de las circunstancias en las que nos encontramos.
Lo que estamos presenciando en Francia, pero ahora en diferentes formas en muchos países europeos (España, Portugal, Albania, Bélgica y desde ayer también en Italia) no es sin más un acontecimiento irracional. De hecho, hay eventos históricos que son irracionales solamente para la mirada local, pero que poseen una racionalidad evidente cuando se los mira lo suficiente desde arriba.
Racional no significa indoloro, y tampoco significa libre de injusticias.
Necesitamos ejercitar la mirada para mantener firmemente unidos dos niveles de análisis: aquel en el que se pueden juzgar actos y sujetos específicos como bárbaros, incivilizados, vandálicos, y otro en el que se puede (y se debe) entender que la historia es siempre un río en el que navegan escombros y cadáveres, pero que no se detiene con sermones.
Lo que está ocurriendo tiene una racionalidad colectiva férrea, aunque quienes participan en ello tienen a menudo una comprensión limitada, o incluso nada.
La experiencia que las poblaciones europeas han tenido de sus clases dominantes durante muchos años es la de un organismo tecnocrático anónimo, un muro de goma autopropulsado, que procede con un “piloto automático” completamente indiferente a las necesidades de la población. La apuesta de estas clases tecnocráticas vinculadas a las finanzas ha sido la de lograr adormecer las conciencias con el opio actual para los pueblos de los medios de comunicación (entretenimiento e info-entretenimiento), y domar a los refractarios con intervenciones restrictivas (una porra aquí, un cierre de cuentas allá, una ley electoral hacia arriba, una anulación de elecciones, etc.).
El supuesto general, tácito e indiscutible de las dirigencias europeas es que con la plebe no se razona, sino que, simplemente, se alternan zanahoria y palo.
Todo lo que se dice públicamente es siempre una mentira instrumental, sin excepciones, salvo en los casos incidentales en los que una verdad puede ser a su vez instrumentalizada. El discurso público se ha convertido en un recitado interminable que cada vez se preocupa menos por preservar una apariencia de credibilidad.
De este modo, nadie en su sano juicio piensa realmente que Rusia vaya a invadirnos, pero esto no impide que legiones de parlanchines institucionales repitan estas tonterías con cara seria cada día. Y, por supuesto, todo el mundo sabe que en este juego de cuentos de hadas inflados por periódicos de monedas, el único punto relevante, la piedra angular estable a medida que cambian las contingencias, es el intento de gestionar arbitrariamente los recursos públicos, que deben ser vehiculizados por intereses privados.
En esencia, desde hace tiempo, las clases dirigentes se han acostumbrado a tratar a la población como una bestia idiota, respecto a la cual se excluye cualquier motivación racional y que debe ser tratada, por un lado, con elogios selectivos y privilegios específicos, y por otro lado con la reducción a la impotencia.
Y este mecanismo puede funcionar y funciona durante mucho tiempo.
Hasta que deja de funcionar.
Y no funciona más el día en el que demasiadas personas pierden demasiado para poder permitirse quedarse en un estado de letargo.
Aquí no debemos pensar en el “perder demasiado” como en cosas tipo “muerte por hambre”.
En una sociedad moderna, las personas entran en condiciones de privación insoportable mucho antes de “morir de hambre”.
Hoy, por ejemplo, no poder permitirse usar el coche o el acceso a Internet para la mayoría de la población significa estar aislados del mundo, del trabajo, de la socialización, de la vida. Y el hecho de que los coches y los teléfonos móviles fueran antes bienes de lujo no significa nada: ahora este es el nuevo nivel de “participación en la vida común”, lo que distingue la vida de la no-vida.
Plebeyos cultivados como bestias de carga a las que se les suministra ocasionalmente panem et circenses, trabajos de mierda y charlatanería televisiva, el día en que este juego se atasque no son ni serán sensibles a las razones de decoro público, de respeto a la propiedad, de respeto a los monumentos, etc.
Quemar coches, edificios históricos y tiendas son temas cultural y moralmente privados. Pero los verdaderos culpables, los que deberían ser llamados para pagar, son esas clases altas que cultivaron y quisieron esa privación, pensando que les era útil.
Hoy la olla a presión está a punto de explotar. Aunque esta ola disminuya, esto es solamente el comienzo, porque las clases dirigentes europeas no están en posición, ni material ni cultural, de corregir el rumbo. En consecuencia abróchense los cinturones, porque vamos a estrellarnos.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 19 de octubre de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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1 commento su “Europa protesta, a los gobiernos no les importa. Abróchense los cinturones, vamos a estrellarnos. Andrea Zhok”
il solito, già visto e già collaudato meccanismo del divide et impera- che sia in strada o che non sia in strada- con Il cane che si morde la coda
https://www.byoblu.com/chi-scrivera-prossimo-finale-stagione/
“..Le guerre si fanno per mantenere il controllo sulle risorse. I telegiornali si fanno per mantenere il controllo sull’informazione e sul dibattito pubblico. Le manifestazioni, dai tempi di Cossiga in poi, si fanno per dimostrare che allo status quo non c’è alternativa.
Non importa chi abbia sfasciato Torino e Milano, non importa se siano stati i centri sociali pagati dalla sinistra, se siano stati gli extracomunitari, se siano stati i Black Bloc o gli infiltrati delle forze dell’ordine. Il copione è sempre lo stesso: qualcuno scende in piazza, convinto che manifestare sia un diritto, e qualcun altro cancella quel diritto (e il senso stesso della democrazia) puntando i riflettori dell’opinione pubblica su qualcosa di talmente inaccettabile da travolgere tutto il resto. La polizia fa il suo lavoro: la pagano per quello.
Il risultato è che si alimenta lo scontro sociale, si alimenta la repressione, si alimenta l’odio reciproco. Fatevi un giro sui social: i commenti sensati, razionali, o perlomeno logici sono come i quadrifogli. Sepolti in un mare di insulti, di livore, di violenza, di accuse reciproche in cui manca qualsiasi elemento di confronto. A cosa serve? Ve lo dico io: a precipitare il mondo nell’inferno che ci attende. Un inferno di guerre civili, di droni guidati dall’IA, di scarsità di risorse, di fame, di freddo, di morte e distruzione.
E cosa fanno i vari guru social? Soffiano sul fuoco per qualche misero like in più. Alcuni con vasti seguiti fanno perfino i “benaltristi”: la distruzione delle città non sarebbe niente in confronto alla distruzione causata dalle guerre. Che è un po’ come quelli che fumano un pacchetto al giorno, tanto c’è l’inquinamento..”
Uscire dal ruolo assegnato dal pensiero di altri ed entrare nel ruolo assegnato dal proprio pensiero
“..Quello che manca in una parola? Responsabilità! Faccio una domanda a tutti: ma non ce li avete dei figli? Ma l’avete capito che se continuate a stare con lo stesso copione in mano, recitando il ruolo che vi hanno assegnato (quello di destra, quello di sinistra, quello fascista, quello antifascista, quello che è padrone a casa sua, quello che è immigrato di seconda generazione, il giovane, il vecchio, l’operaio, il padrone, il cittadino che paga le tasse, l’evasore, chi lavora, i pusillanimi, il popolo sovrano, il Governo, il manifestante pacifico, quello che sfascia tutto, l’influencer che sa tutto lui come l’allenatore di calcio dal divano, il politico che ruba…), state soltanto portando a compimento un destino tragico e preparando il mondo al Governo delle macchine, l’unico possibile quando l’umanità si distrugge a vicenda?..”
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Il caos sociale che permette alle élite di prosperare libere dalla responsabilità di nutrire e proteggere il popolo, divenuto troppo impegnato a proteggersi e nutrirsi da sé
https://www.renovatio21.com/il-sacco-di-milano-della-barbarie-anarco-tirannica-invochiamo-il-flagello-di-ambrogio/
“..Eppure noi di piazza Duomo avevamo altri, tristi, ricordi. Rammentate le proteste pandemiche? Noi sì. Milano era diventata, ogni sabato, teatro delle più massicce marce contro lockdown, vaccini greenpass. Roba che neanche Melbourne. Per quanto ci è possibile testimoniare, possiamo dire si trattava di manifestazioni completamente organiche, e quelli che volevano metterci il cappello (tra cui qualche vecchio arnese confuso) duravano poco.
La repressione fu pazzesca. Manifestanti bloccati in periferia dalla polizia, che chiudeva vie ed accessi, di fatto mettendoli in trappola. In piazza Duomo, che oggi viene lasciata tranquillamente bruciare, cominciarono ad arrestare chiunque, dalla signora di mezza età al pensionato con la bici colorata, a quelli che sembravano passanti che semplicemente reagivano agli agenti in borghese..
..Ora rivediamo in trasparenza lo stesso fenomeno, o meglio, ne vediamo la faccia ulteriore. L’anarco-tirannia vuole da una parte tiranneggiare il cittadino, schiacciargli la faccia sotto lo stivale dell’autorità (come visto col COVID), ma al contempo desidera lasciar libero l’elemento barbaro immigrato, così da creare quel caos sociale che permette alle élite di prosperare libere dalla responsabilità di nutrire e proteggere il popolo, divenuto troppo impegnato a proteggersi e nutrirsi da sé…
Ecco spiegata l’impotenza, pubblicamente esposta, delle forze dell’ordine. Possono avere davvero l’ordine di reprimere gli immigrati le questure dove gli uffici per i loro documenti sono dozzine mentre l’ufficio per fare una denuncia è uno, con ore di attesa per dire alle autorità cosa ti è accaduto?
Curtis Yarvin, il teorico del Dark Illumnism fautore del ritorno ad una forma di governo puramente monarchica, ha scritto su X: «La racaille [in francese, la «teppa», con riferimento ai disordini di questi giorni, ndr], un piccolo problema, è sintomo di un problema ben più profondo: uno Stato restio a risolverlo. Una tale perversità non si era quasi mai vista nella storia dell’umanità».
È più difficile di così: lo Stato, in profondità, non vuole risolvere il problema perché non lo ritiene un problema, ma un obiettivo. POSIWID (The Purpose of a System is What it Does): lo scopo di un sistema è ciò che fa..”