Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, ofrecemos a vuestra atención este comentario de Andrea Zhok, a quien agradecemos. Disfruten la lectura y la difusión.
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“EPSTEIN FURY”
El “Times of Israel” (3/10) de ayer dedica un artículo a lo que para muchos era claro desde el principio: la Operación “Furia Épica” contra Irán no tiene fecha de caducidad previsible y no hay señales de un colapso del régimen ni de una “revolución de colores”.
Podríamos alegrarnos de que tuviéramos razón. Muchos comprendieron de inmediato que el camino de la agresión frontal puede tener el efecto de consolidar un régimen y radicalizarlo, muy difícil de convencer a la población que quienes los bombardean les quieren y velan por sus intereses.
Podríamos concluir que el Mossad y el Estado profundo estadounidense son imbéciles, personas incapaces, que ni siquiera han logrado considerar probable un resultado que para muchos parecía seguro.
No estamos hablando de Trump, por supuesto, que perfectamente podría haber creído que en 4 días le habrían coronado emperador de Irán y que perderá las elecciones de mitad de mandato (el hombre, dejado solo, podría dar vueltas en círculos todo el día buscando su propio culo).
La cuestión es que Trump no toma estas decisiones, salvo formalmente, y su condición de minoría facilita que los verdaderos responsables de la toma de decisiones (como Biden antes que él) lo usen como sacacorchos.
En resumen, puede ser que los verdaderos responsables de las decisiones se hayan equivocado al hacer los cálculos, pero es igualmente posible, e incluso más probable, que el escenario de un conflicto duradero no sólo se haya tenido en cuenta, sino que haya sido visto favorablemente.
Y aquí es oportuno reflexionar por un momento sobre lo que implicaría tal escenario, un escenario en el que el conflicto se prolongue durante meses.
¿Quién se beneficia? ¿Quiénes son los perdedores en este escenario?
Olvidémonos de las poblaciones, los civiles, el medio ambiente, etc., todas cosas que para los oligarcas del poder mundial son insectos, como mucho interferencias que merecen como mucho una transferencia extra a sus periódicos, para transmitir la narrativa adecuada.
Los primeros perdedores son los países del Golfo, países muy ricos, pero también muy frágiles, países que se engañaron pensando que estaban “bajo el paraguas estadounidense”. Lo que les está ocurriendo es lo que les ocurrirá a los europeos que aún se engañan pensando que están “bajo el paraguas de la OTAN”. El día que se necesite el paraguas, se darán cuenta de que no están “bajo el paraguas”, sino que son el paraguas que recibe la lluvia en lugar de Estados Unidos.
Kuwait, Catar, los Emiratos Árabes Unidos, etc., quedarían arruinados por una guerra prolongada (el mercado inmobiliario en Dubái ha perdido una quinta parte de su valor en una semana.) Ahora bien, los gobernantes de estos países podrían amenazar con retirar su capital del mercado estadounidense, como han hecho, ¿pero para invertir en dónde? ¿En China? La verdad es que lo que ya está ocurriendo ahora es exactamente lo contrario: se están deshaciendo inversiones de los países del Golfo y los capitales desinvertidos se trasladan a sus “centros” de referencia, es decir, Nueva York o Londres.
Los segundos perdedores son los habituales monologuistas de la Unión Europea, que se agitan para fingir que cuentan, se gastan en lecciones mecánicas de moralidad internacional, pero después de haber cortado heroicamente los puentes con Rusia para su suministro energético ahora ven reducidas las reservas de gas y diésel, debido al cierre del Estrecho de Ormuz. El resultado es totalmente evidente: una mayor desertificación industrial, con las principales industrias trasladando su producción a Estados Unidos.
El tercer posible perdedor, aunque en este momento no está ocurriendo, sería China, que está en dificultades con su aprovisionamiento de petróleo. Esta opción también resulta evidentemente agradable para los oligarcas israelí-estadounidenses.
Por último, pero quizás lo más importante de todas las motivaciones: se cierne la sombra de una estanflación mundial. La estanflación aquí sería una combinación de inflación interna de origen exógeno (debida al aumento de los precios de la energía) y desaceleración de la producción industrial.
Algunos podrían dudar ingenuamente de que este sea un resultado grato para los principales responsables de la toma de decisiones, para las oligarquías financieras. Pero en realidad, este resultado es muy deseable para quienes tienen un exceso de capital acumulado que tienen dificultades para encontrar inversiones y que actualmente ofrecen rendimientos muy bajos.
Como siempre (véase pandemia), no debemos mirar las pérdidas a corto plazo, sino a la redistribución del poder comparativo a lo largo del tiempo.
Una estanflación mundial funciona como un mecanismo darwiniano, donde quienes tienen mayores inventarios pueden permitirse pérdidas momentáneas (como en los mecanismos de dumping) y salir en una posición consolidada. Al final de una crisis estanflacionaria, los capitalistas de nivel medio oscilan hacia la baja, mientras que la cúpula financiera se consolida.
La destrucción masiva que produce una guerra representa, al final de la misma, oportunidades de inversión extraordinarias para quienes tienen capitales detenidos en abundancia.
Ahora bien, no se dice que todos estos procesos vayan a funcionar como se desea. Hay algunos posibles problemas críticos. El mayor está representado por la resiliencia de la población israelí, que en algún momento podría presionar a su gobierno para que desconecte la llave.
No creo que sea casualidad que, por “razones de seguridad nacional”, la cobertura interna e internacional de la destrucción interna de Israel esta vez sea casi nula.
La censura es draconiana. Como siempre, en el mundo moderno, si algo no aparece en la televisión, no existe (si explota una bomba delante de tu casa, pero en el noticiario no se habla de ello, quiere decir que en lo privado has tenido mala suerte; lo superas). No está claro cuánto tiempo puede durar este juego de la negación.
Pero al final, como siempre ocurre con los tomadores de decisiones astutos, los resultados contemplados son todos favorables (Ganar – Ganar).
Si el régimen iraní colapsa, el país y sus recursos serán saqueados y China acorralada.
Si resiste, los países del Golfo y la UE quedarán agotados, quizás debilitando un poco a China.
En ambos casos, el lobby de Epstein sale más gordo y poderoso que antes.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 11 de marzo de 2026, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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