Müller, Burke, Sarah y las consagraciones lefebvristas. “La oposición a Su Majestad”…Mons. Viganò   

 

Marco Tosatti

 

Muy estimados StilumCuriales, ofrecemos a vuestra atención este artículo del arzobispo Carlo Maria Viganò sobre el tema de las relaciones entre el Vaticano y la FSSPX. Disfruten la lectura y compartan.

§§§

 

“LA OPOSICIÓN A SU MAJESTAD”

El conservadorismo católico

frente a las consagraciones episcopales de la FSSPX

 

La intervención de Müller

El 21 de febrero, en el sitio web Kath.Netel cardenal Gerhard Ludwig Müller comentó la decisión de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X de proceder con las consagraciones episcopales sin mandato pontificio, después que el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe reiteró al Superior General, el padre Davide Pagliarani, el veto de la Santa Sede sobre la concesión del mandato y la negativa a revisar los textos del Concilio Vaticano II que el la Fraternidad considera correctamente heterodoxos. En su exposición, titulada Die Piusbruderschaft und ihre Einheit mit der Kirche [La FSSPX y su unidad con la Iglesia], el cardenal alemán considera que proceder sin un mandato pontificio constituye una “herida objetiva a la unidad visible de la Iglesia“: no una mera desobediencia administrativa, sino un acto que socava la autoridad papal en sus cimientos. Enfatiza que “ningún obispo puede consagrar contra el sucesor de Pedro”. Müller insiste en el reconocimiento de la autoridad papal no solo en teoría, sino también en la práctica, sin condiciones, afirmando que la FSSPX debe someterse al magisterio de la Iglesia para ejercer una influencia positiva en la historia eclesial.

El ex prefecto del ex Santo Oficio intervino de la siguiente manera: “La única solución posible en conciencia ante Dios consiste en el hecho de que la Fraternidad de San Pío X, con sus obispos, sacerdotes y laicos, reconozca no solamente en teoría, sino también en la práctica, a nuestro Santo Padre el papa León XIV como Papa legítimo y se someta sin precondiciones a su autoridad doctrinal y a su primacía de jurisdicción. Entonces también será posible encontrar una solución justa para su status canónico, por ejemplo, dotando a su Prelado de una jurisdicción ordinaria para la Fraternidad, que esté subordinada directamente al Papa (quizá sin la mediación de un dicasterio de la Curia)“.

 

La intervención de Sarah

Al día siguiente, 22 de febrero, en un artículo en Le Journal du Dimancheel cardenal Robert Sarah reiteró el llamamiento a la unidad dentro de la Iglesia, expresando profunda preocupación por el posible cisma que podría fracturar la unidad de la Iglesia, subrayando que la verdadera comunión eclesial debe estar basada en la obediencia al Papa y en la adhesión al Magisterio. Sus palabras no dan lugar a malentendidos: “Por ello, quiero expresar mi profunda preocupación y mi profunda tristeza al enterarme del anuncio de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, fundada por el arzobispo Lefebvre, de proceder con las ordenaciones episcopales sin mandato pontificio. Se nos dice que esta decisión de desobedecer la ley de la Iglesia estaría motivada por la ley suprema de la salvación de las almas: suprema lex, salus animarum. Pero la salvación es Cristo, y sólo se da en la Iglesia. ¿Cómo se puede pretender guiar a las almas a la salvación por otros caminos distintos a los que Él mismo nos ha indicado? ¿Es querer la salvación de las almas desgarrar el Cuerpo Místico de Cristo de una manera quizás irreversible? ¿Cuántas almas corren el riesgo de perderse a causa de esta nueva laceración? […¿No es una traición a la Tradición refugiarse en medios humanos para mantener nuestras obras, por buenas que sean?».

 

La intervención de Burke

Incluso el cardenal Raymond Leo Burke, que parece no querer pronunciarse sobre las consagraciones anunciadas, ya se había expresado en 2017 sobre el estado de cisma en el que, en su opinión, se encuentra la Fraternidad de San Pío X desde 1988: “A pesar de los diversos argumentos relacionados con la cuestión, el hecho es que la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X está en cisma desde que el difunto arzobispo Marcel Lefebvre ordenó a cuatro obispos sin el mandato del Romano Pontífice. Y por lo tanto, no es lícito asistir a Misa ni recibir los sacramentos en una iglesia que esté bajo la dirección de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X. Dicho esto, para nosotros en este asunto, parte de este tipo de confusión en la Iglesia también ha ocurrido porque el Santo Padre Francisco ha dado a los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X la facultad de celebrar válidamente matrimonios, legal y válidamente. Pero para esto no hay una explicación canónica, simplemente se trata de una anomalía“.

 

Una oposición controlada

Las intervenciones de los cardenales Müller, Sarah y Burke pueden considerarse un ejemplo paradigmático de “la oposición a Su Majestad” dentro del contexto eclesial católico, tomando el concepto del sistema parlamentario británico, donde la oposición critica las políticas del gobierno en funciones, pero manteniendo la lealtad absoluta a la Corona y a sus instituciones. Esta oposición mostró su absoluta inutilidad con los Dubia debido a los errores de Amoris Laetitia, que fueron totalmente ignorados por Bergoglio, quien no dejó de ridiculizar y humillar a los cardenales firmantes.

Los miembros de la “tríada conservadora” están unidos por algunos elementos que demuestran su absoluta incoherencia respecto a los principios que se esperaría que defiendan. Los tres aceptan sine glossa los actos del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar. Los tres celebran el Vetus Ordo y el Novus Ordo con indiferencia, considerando legítimos a ambos y relegando las cuestiones litúrgicas a meros aspectos de sensibilidad personal. Los tres, aunque le critican, se adaptan al camino sinodal “por obediencia al Papa” y Müller participó activamente en las reuniones del Sínodo sobre la Sinodalidad tanto en 2023 como en 2024, como miembro con derecho a voto designado directamente por Bergoglio. Los tres reconocen la colegialidad episcopal, el ecumenismo, la libertad religiosa, la Declaración de Abu Dhabi y, en general, todos los actos —incluso los más controvertidos— emanados de los dicasterios romanos. Los tres criticaron Fiducia Supplicans sin exigir su revocación. Los tres expresaron su decepción luego de Taditionis Custodes, pero no se comprometieron a impedir su aplicación. Los tres no han dedicado ni una sola palabra de apoyo hacia mí, ni antes ni después de la farsa de los procedimientos canónicos que llevaron a mi “excomunión” por cisma. En resumen, los tres son convencidos ratzingerianos y partidarios de esa variante eclesial del proceso dialéctico hegeliano, según la cual sería posible hacer coexistir la tesis de la ortodoxia católica y la antítesis de la herejía modernista en la síntesis conciliar. Finalmente, los tres reconocen a Víctor Manuel Fernández como legítimo prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, a pesar de su actividad “literaria” como pornógrafo y hereje; tampoco parece que solicitaran su dimisión tras el escándalo de Bésame con tu boca La pasión mística.

 

Las contradicciones de los tres cardenales

En resumen, no parece que los cardenales de la “tríada conservadora” —Müller, Sarah y Burke— puedan aspirar al rol de defensores de la ortodoxia católica, siendo ellos mismos partidarios convencidos del Concilio Vaticano II, de sus desviaciones y de su liturgia favens hæresim. Si alguna vez se han arrepentido, no consta que hayan retractado públicamente sus errores, sino que simplemente intentan reconciliar tesis opuestas e irreconciliables por el bien de una vida pura y tranquila o en nombre de una pseudo unidad de la Iglesia que prescinde de la profesión ininterrumpida de la mismísima Fe, sino que oculta las divergencias evidentes para no tener que extraer las consecuencias necesarias de su evidencia. Sus afirmaciones de que no existe ruptura entre el pre y el postconcilio son meras peticiones de principio sin fundamento alguno y que contradicen la realidad de una crisis devastadora, pero que, sin embargo, resultan coherentes con la hermenéutica de la continuidad de Benedicto XVI, influida por la formación hegeliana del teólogo alemán.

También debe señalarse que estos Cardenales olvidan —o más bien fingen olvidar— que si hoy Sus Eminencias pueden pontificar solemnemente en el rito antiguo, es solamente gracias a la obra del Venerable Arzobispo Marcel Lefebvre, a quien sin embargo consideran un “rebelde”, a quien atribuyen la responsabilidad del “cisma” de 1988. Y sin embargo, sin las consagraciones de Ecône, Juan Pablo II nunca habría emitido el Motu Proprio Ecclesia Dei adflicta que debería haber reincorporado al círculo a los clérigos de la Fraternidad de San Pío X, algunos de los cuales se habían fusionado en sociedades de vida apostólica reconocidas por la Santa Sede, entre ellas el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote, del cual el cardenal americano es patrón y protector. Tampoco jamás Benedicto XVI habría promulgado en 2007 el Motu Proprio Summorum Pontificum, con el que se liberalizó la celebración de la Liturgia Tridentina y que, al no aplicarse completamente, fue posteriormente sustancialmente anulado en 2021 con la Traditionis Custodes.

Müller, Sarah y Burke constituyen una oposición controlada a todos los efectos. Su rol es contener la hemorragia de católicos causada por la revolución conciliar, engañándolos pensando que es posible hacer coexistir dos entidades opuestas en la misma institución y bajo la misma jerarquía: la Iglesia católica y la iglesia conciliar-sinodal. El propio Burke lo reconoce: “Sé que tanto en Lacrosse como en St. Louis, donde había apostolados del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote para quienes deseaban los ritos de la Iglesia según el uso antiguo, muchas personas que frecuentaban la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X se reconciliaron y han regresado a la Iglesia. Y yo digo que si simplemente vamos libremente a esas Misas [de la FSSPX] que se celebran, ¿qué estímulo tienen para reconciliarse con la Iglesia?».

La principal preocupación de esta “oposición a Su Majestad” parece reducirse a ofrecer un producto similar al solicitado por los clientes, con el único propósito de eliminar la competencia de la FSSPX para obligar a los compradores a aceptar con ese producto falsificado también el veneno que oculta. No olvidemos que las comunidades ex-Ecclesia Dei concilian las celebraciones tridentinas con una predicación que silencia cualquier crítica no sólo del Concilio y de la reforma litúrgica, sino también de los “pontificados” de Bergoglio y Prevost. Se pide a los clérigos de estos institutos que participen en las funciones del Ordinario local —por ejemplo, para la concelebración de la Misa Crismal del Jueves Santo— y que se requiera lo mismo a sus fieles, como ocurre con la concesión de las Confirmaciones, administradas según el nuevo rito montiniano. Por ejemplo, no se ha escuchado ninguna crítica ni de los tres Cardenales ni de los sacerdotes que se refieren a ellos respecto a la escandalosa Nota Doctrinal Mater populi fidelis, que declara “siempre inapropiado” el uso de los títulos marianos de Mediatrix y Corredentora. Por lo tanto, resulta difícil creer que tal “oposición” pueda siquiera hipotetizar para reemplazar el rol mucho más valioso de la Fraternidad de San Pío X, que no se agota en los aspectos coreográficos de la Liturgia.

Reitero aquí también, como ya he hecho antes, que esta actitud acaba desdogmatizando la Liturgia y desliturgizando la doctrina, desestabilizando el fundamento que une indisolublemente la lex orandi con la lex credendi.

 

El error fundamental

Las apelaciones a la unidad por parte de Müller, Sarah y Burke sufren un error fundamental, que invalida in radice todas sus apelaciones. Probablemente reconocen la crisis actual, las desviaciones doctrinales, morales y litúrgicas de la Iglesia sinodal, pero no quieren ver en ellas un efecto lógico y necesario del Concilio Vaticano II, que persisten en juzgar, contra toda evidencia, como completamente ortodoxo y coherente con el perenne Magisterio Católico. La razón de este error es que no pueden negarse a sí mismos ni a sus mentores —Ratzinger en primer lugar— como protagonistas o partidarios del Concilio Vaticano II, y por esta razón deben necesariamente encontrar un compromiso que no beneficie la unidad de la Iglesia, sino que narcotice cualquier disidencia en nombre de una falsa obediencia que no tiene nada de católica. La obediencia a la Jerarquía se vuelve de hecho engañosa cuando se desvía de la Verdad del Dogma y de la Tradición. La unidad no es principalmente institucional sino doctrinal, arraigada en el depósito inmutable de la Fe. Es la disciplina de la Iglesia la que se ordena para la preservación y transmisión del Depositum Fidei, y no viceversa.

Los patéticos esfuerzos de estos Cardenales representan el intento del conservadurismo moderado de tender puentes entre las divisiones —que reconocen, pero cuyas causas niegan— mediante un diálogo imposible. Y el padre Davide Pagliarani hizo bien en recordar cómo las reuniones de años anteriores no han llevado a nada, precisamente por la insanable divergencia en cuestiones doctrinales que no pueden ser objeto de ninguna negociación, ni de acuerdos descendentes – los “requisitos mínimos” exigidos por Tucho Fernández que comprometen la integridad de la Profesión de la Fe Católica.

Cabe añadir que lo que la Santa Sede pide a la Fraternidad de San Pío X sobre el Concilio Vaticano II y el Novus Ordo no se aplica a los verdaderos herejes, cismáticos y a-católicos, a quienes León en un reciente discurso dirigió palabras extremadamente conciliadoras: “¡Somos uno! ¡Ya lo somos! ¡Reconozcámoslo, experimentémoslo, manifestémoslo!”. Así, nos enteramos que la Iglesia conciliar y sinodal se considera en comunión con ortodoxos, protestantes y anglicanos de todas las denominaciones, pero no con quienes rechazan el Vaticano II. El ecumenismo y el diálogo se muestran una vez más funcionales a la demolición de la Iglesia Católica, y esto no parece constituir un problema para los defensores del conservadurismo moderado.

 

Conclusión

Las intervenciones de los tres cardenales, aunque presentadas como llamamientos a la unidad, revelan profundas lagunas y contradicciones internas, que no pueden ser ignoradas por quienes tienen en el corazón la preservación integral del Depositum Fidei. Me parece que ahora es más que evidente que esta pseudo oposición no sólo no tiene ninguna posibilidad de lograr algo, sino que es funcional para el logro de la revolución conciliar a través del último y desafortunado paso del “camino sinodal”. “Prevost no es más que un Bergoglio con un sastre mejor”, comentó alguien. Si la oposición a Su Majestad no quiere tomar nota de esto, deberían hacerlo al menos los fieles y los sacerdotes, intentando formar un frente común con la Fraternidad de San Pío X y con las demás comunidades verdaderamente tradicionales. Es cierto que la Fraternidad sigue reconociendo la legitimidad de Prevost, aunque desobedece sus órdenes ilegítimas; pero es igualmente cierto que la fragmentación de los católicos fieles a la Tradición no hace más que debilitar toda forma de resistencia. Sería entonces oportuno dejar de lado las divisiones internas —que podrán aclararse a su debido tiempo— en nombre de la propia supervivencia de la Iglesia Católica frente la inminente persecución.

Como obispo y sucesor de los apóstoles, exhorto a mis hermanos en el episcopado —empezando por los cardenales Müller, Sarah y Burke— a los sacerdotes, religiosos y fieles, a dar una clara señal de unidad, apoyando la batalla de la Fraternidad de San Pío X con signos concretos, por ejemplo participando en la ceremonia de las consagraciones el próximo 1 de julio, para que los usurpadores que ocupan Roma se den cuenta de que sus amenazas y excomuniones ya no asustan a nadie. Si va a ser una batalla, que nos encuentre bajo la bandera desplegada de Cristo Rey. Y que Nuestra Señora, Reina de las Victorias y Mediadora de todas las Gracias –a quien los herejes de la Iglesia sinodal pretenden arrebatar los títulos que adornan su corona de gloria como gemas preciosas– nos conceda dejar a un lado las disputas contingentes, en nombre de la gloria de Dios, del honor de la Santa Madre Iglesia, de la salvación de las almas redimidas por la Preciosísima Sangre de Cristo.

 

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

1 de marzo de 2026

Dominica II Quadragesimæ

 

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1 La prima nota stridente nel curriculum del Card. Müller risale agli anni Settanta, quando ebbe come maestro e amico il domenicano eretico Gustavo Gutiérrez, “padre” della Teologia della Liberazione. Il legame si concretizzò in una stretta collaborazione editoriale, ad esempio firmando con Gutiérrez il saggio Dalla parte dei poveri. Teologia della liberazione, teologia della Chiesa (Edito in Italia da EMI-Messaggero nel 2013; edizione inglese On the Side of the Poor: The Theology of Liberation, Orbis Books, 2015). Erede di due eretici ultra-modernisti come Karl Rahner e Karl Lehmann, nel 2002 Müller ha negato a più riprese il dogma della Transustanziazione secondo criteri di reinterpretazione fenomenologica della nozione di sostanza (cfr. Mit der Kirche denken, pag. 47; cf. Katholische Dogmatik, pag. 710.). Ha negato parimenti il dogma della Perpetua Verginità di Maria Santissima, ossia della Sua integrità fisica prima, durante e dopo il Parto di Nostro Signore Gesù Cristo (cfr. Katholische Dogmatik, pag. 491). In un saggio del Maggio 2020 (cfr. https://www.vaticannews.va/de/vatikan/news/2020-05/dokument-abu-dhabi-interreligioes-papst-kardinal-mueller-islam.html), Müller ha espresso apprezzamento per il Documento di Abu Dhabi firmato da Bergoglio con il Grande Imam dell’Università al-Azhar del Cairo Ahmed al-Tayyeb. Il Porporato ha affermato che il documento – nel quale si teorizza che la «diversità delle religioni» sarebbe voluta da Dio – non esprime «una semplice opinione privata del Papa»; al contrario, pretenderebbe «dai fedeli delle due religioni un assenso che li obbliga in coscienza». Nel 2021, commentando Traditionis Custodes, Müller ha criticato le restrizioni alla Messa tridentina ma ha difeso il Novus Ordo come coerente con la Tradizione, allineandosi a Sacrosanctum Concilium che permette la concelebrazione e l’uso della lingua vernacolare. La sua difesa del Novus Ordo e della collegialità episcopale teorizzata da Lumen Gentium è in palese rottura con il Magistero tradizionale, che privilegia il primato papale assoluto e la liturgia tridentina. Come può Müller invocare l’unità quando, nei suoi scritti come Catholic Dogmatics (2025), accetta elementi conciliari che ho denunciato nel mio intervento Sinodalità e vigile attesa. Il Vaticano II “sicuro ed efficace” (cfr. https://exsurgedomine.it/260118-sinodalita-ita/), ovvero una strategia per adulterare la fede? Questa posizione non è opposizione leale, ma complicità con la rivoluzione conciliare, della quale il Cardinale dissimula la matrice eversiva e le conseguenze devastanti per il corpo ecclesiale. Fu sempre Müller, allora Prefetto della Congregazione per la Dottrina della Fede, che nel 2017 – nell’ambito dei colloqui tra la Santa Sede e la FSSPX – anticipò Tucho Fernández nella formulazione unilaterale di “requisiti minimi” per la comunione ecclesiale, inclusi l’intero Concilio Vaticano II e il post-Concilio così come proposti nella cosiddetta Professio Fidei del 1988 (cfr. https://fsspx.org/en/news/letter-cardinal-muller-bishop-fellay-6-june-2017-57314). E ora il Cardinale ripropone lo stesso schema, accusando la FSSPX di scisma, mentre ignora il vero scisma causato dalle eresie moderniste che ha tollerato e promosso prima, durante e dopo il suo mandato all’ex Sant’Uffizio. Nel saggio True and false reform: what it means to be Catholic del 2023 e in interventi come quello dei giorni scorsi sulla FSSPX, il Porporato tedesco ha ribadito che il Vaticano II è in continuità con il Concilio di Trento e con il Vaticano I. Ha parimenti sostenuto la collegialità episcopale di Lumen Gentium e l’ecumenismo di Unitatis Redintegratio, in totale contraddizione con il Magistero tradizionale che enfatizza il Primato papale e condanna l’ecumenismo. Per aggiungere una nota personale vale la pena ricordare che verso la fine del mio mandato come Nunzio Apostolico a Washington il Card. Müller mi concesse un’udienza per sottoporgli i risultati di un’indagine informativa che avevo effettuato circa l’assoluta non idoneità morale di un candidato all’Episcopato: Müller procedette comunque alla sua promozione e presiedette egli stesso la cerimonia di Ordinazione episcopale.

2 Cfr. https://kath.net/news/89675, tradotto in italiano da Il Timone con il titolo La Fraternità San Pio X e la sua unità con la Chiesa, cfr. https://www.iltimone.org/news/news/201495/la-fraternita-san-pio-x-e-la-sua-unita-con-la-chiesa.html

3 Le Journal du Dimanche, 22 Febbraio 2026, pag. 35, Avant quil ne soit trop tard !Appel à l’unité du cardinal Robert Sarah. Cfr. https://www.lejdd.fr/Societe/avant-quil-ne-soit-trop-tard-lappel-a-lunite-du-cardinal-robert-sarah-167095

4 Il Card. Sarah si è fatto promotore della cosiddetta “Riforma della riforma”, secondo la quale sarebbe possibile un “reciproco arricchimento” di Vetus e Novus Ordo. Penso ad esempio alla conferenza tenutasi a Londra nell’estate del 2016 dal titolo Towards an authentic implementation of Sacrosanctum Concilium (cfr. https://www.catholicculture.org/culture/library/view.cfm?recnum=11311), nella quale il Cardinale dimostra di voler applicare i medesimi criteri di ingegneria liturgica adottati dal Consilium ad exsequendam, ma nella direzione opposta, ad esempio celebrando il rito riformato coram Deo e non più coram populo. Questi maldestri tentativi di travestire la Messa montiniana da Messa tridentina sono miseramente naufragati dopo la stroncatura di Bergoglio, finendo nel nulla con un imbarazzante comunicato di padre Federico Lombardi (cfr. https://www.libertaepersona.org/wordpress/2016/07/robert-sarah-ancora-un-cardinale-umiliato/ Vedi anche https://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1351385.html e https://lanuovabq.it/it/liturgia-con-sarah-il-vaticano-corregge-ratzinger). Sempre nel 2016 l’allora Prefetto della Congregazione del Culto Divino ha ratificato, apponendovi la propria firma, il decreto con il quale Bergoglio estendeva alle donne la partecipazione al rito della Lavanda dei piedi del Giovedì Santo (cfr. https://it.aleteia.org/2016/03/16/card-sarah-i-sacerdoti-non-sono-tenuti-a-lavare-i-piedi-alle-donne-il-giovedi-santo/), salvo poi affermare che le nuove disposizioni non erano vincolanti. In un intervento del 2017 dal titolo True liturgy is a reflection of heaven (Cfr. https://www.catholicworldreport.com/2017/03/31/true-liturgy-is-a-reflection-of-heaven-cardinal-sarah-says/), Sarah ha criticato le innovazioni arbitrarie in campo liturgico, ma ha elogiato la visione di rinnovamento del Vaticano II, allineandosi con la deviazione conciliare di una Liturgia più accessibile e partecipativa, in contrasto con la “rigidità” pre-conciliare. Nei suoi scritti, come nel libro Catechism of the Spiritual Life (2025), Sarah non solo riconosce il Vaticano II e il Novus Ordo, ma sostiene anche l’ecumenismo e la collegialità, che deviano dal Magistero cattolico focalizzato sull’unità esclusiva nella Chiesa Cattolica. Nel 2019 Sarah, come Prefetto della Congregazione per il Culto Divino ha esteso alla Chiesa universale la memoria della Traslazione della Santa Casa di Loreto, modificandone però la denominazione in Beata Vergine di Loreto, sopprimendo così la menzione del miracolo che i modernisti negano anche contro le evidenze scientifiche (cfr. https://marcotosatti.com/2019/11/09/casa-di-loreto-una-lettera-aperta-al-card-robert-sarah/). Nello stesso anno il Cardinale ha preso parte alla cerimonia di intronizzazione dell’infernale idolo della Pachamama in San Pietro, rendendosi complice di un atto di idolatria e della profanazione della Basilica Vaticana.

5 Il Card. Burke ha esplicitamente abbracciato l’insegnamento di Lumen Gentium, che enfatizza il ruolo dei laici e una visione più collegiale della Chiesa, in contrasto con la prospettiva gerarchica del Magistero preconciliare, che privilegia una distinzione netta tra clero e laici, ma coerente con l’idea conciliare di una Chiesa come “popolo di Dio”. Nel suo discorso alla States’ dinner dei Cavalieri di Colombo a Denver il 2 agosto 2011 intitolato Religion ‘purifies’politics, Burke ha sostenuto che la religione deve purificare la politica senza esclusione o fondamentalismo, contro la Regalità sociale di Nostro Signore e allineandosi con il decreto conciliare Dignitatis Humanæ che promuove la libertà religiosa come diritto umano, in opposizione al Magistero tradizionale – quello di Pio IX in Quanta Cura o di Pio XI in Mortalium Animos. In varie interviste e presentazioni, come quella tenuta a Nairobi nell’Agosto del 2012 sul Codice di Diritto Canonico post-conciliare (Cfr. https://www.catholicculture.org/news/headlines/index.cfm?storyid=15426), Burke ha criticato la perdita di disciplina dopo il Concilio ma ha difeso il Vaticano II come non costituente alcuna rottura, sostenendo riforme come l’ecumenismo e la collegialità. Appare evidente la contraddizione tra la pretesa fedeltà del Card. Burke al Magistero immutabile della Chiesa Cattolica e la contestuale adesione alle dottrine ad esso contrarie espresse nei testi conciliari che egli pubblicamente difende; una contraddizione che trova conferma anche nella celebrazione del rito riformato accanto a quello tradizionale, che sappiamo antitetici e inconciliabili.

6 Cfr. https://akacatholic.com/breaking-cardinal-burke-slams-fsspx/

7 Per comprendere questa analogia, è utile richiamare il significato originario del termine: coniato da John Cam Hobhouse nel 1826, His Majesty’s opposition descrive un’opposizione fedele alla Corona britannica che esercita un ruolo di formale vigilanza e correzione senza minacciare la stabilità del sistema costituzionale. Trasferito al piano ecclesiale, esso evoca figure autorevoli che, pur esprimendo riserve su determinati orientamenti dottrinali, pastorali o disciplinari dell’attuale magistero pontificio, rimangono saldamente ancorate al Sistema anche dinanzi alla gravissima crisi istituzionale che coinvolge direttamente i vertici della Gerarchia.

8 Cfr. https://akacatholic.com/breaking-cardinal-burke-slams-fsspx/

 9 Celebrazione dei Secondi Vespri nella LIX Settimana di preghiera per l’unità dei Cristiani, 25 Gennaio 2026. Cfr. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/it/homilies/2026/documents/20260125-vespri-unita-cristiani.html

 

 

Publicado por Marco Tosatti en italiano el 4 de marzo de 2025, en https://marcotosatti.com/2026/03/04/muller-burke-sarah-e-le-consacrazioni-lefebvriane-opposizione-di-sua-maesta-mons-vigano/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

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1 commento su “Müller, Burke, Sarah y las consagraciones lefebvristas. “La oposición a Su Majestad”…Mons. Viganò   ”

  1. La actual Fraternidad Sacerdotal de San Pío X tiene, como dice su excelencia monseñor Viganó, muchos síntomas de agotamiento o más bien, diría yo, de estancamiento. Su cúpula ha perdido el celo apostólico y la caridad, son com unas aguas estancadas que se van pudriendo en la esterilidad.
    También es cierto que, al igual que los tres cardenales nombrados, los tres obispos de la FSSPX nada han dicho ni criticado durante estos años del pontificado de Bergglio ni tampoco de Prevost. Silencio insudito delante de unas increíbles aberraciones por parte de Bergglio.
    Esta no fue la actitud de monseñor Lefebvre en su tiempo. Por este motivo, la actual FSSPX ya no es lo que fundó Lefebvre.

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