Marco Tosatti
Estimados StilumCuriales, Cinzia Notaro, a quien agradecemos sinceramente, ofrece a vuestra atención esta entrevista con el Dr. Roberto Pecchioli. Disfruten la lectura y compartan.
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Rotary, Masonería, Crisis del cristianismo y transformaciones de Occidente
Roberto Pecchioli nos habla de los orígenes y el rol del Rotary y de los Leones, la relación histórica entre la Iglesia Católica y la masonería, la influencia de los poderes económicos y culturales en la sociedad, la crisis de las raíces cristianas de Europa y los desafíos que enfrenta la Iglesia en el diálogo con el mundo contemporáneo. Ensayista y autor de numerosas intervenciones dedicadas a los temas de la cultura, de la sociedad y de las transformaciones del mundo contemporáneo, es una voz crítica en el análisis de la modernidad, los cambios antropológicos y la relación entre fe, tradición e identidad occidental.
–Nuestras raíces cristianas están desapareciendo lentamente, como la imagen que se disuelve en la fotografía de Regreso al futuro. Pero, a diferencia del protagonista de la película, no podemos retroceder en el tiempo: ¿hemos perdido definitivamente un vínculo con nuestro pasado o aún es posible recuperarlo?
La religión cristiana fue fundada por Jesucristo, segunda persona de la Trinidad. Es por eso que no desaparecerá. El Evangelio mismo reconocía el peligro de la pérdida de las raíces: “Cuando el Hijo del Hombre regrese, ¿encontrará aún fe en la tierra? (Lc 18, 8). La religión cristiana no terminará, pero estoy convencido de que está destinada a dejar de ser “romana”, es decir, arraigada en una civilización precisa, la nuestra, que ha dejado de impregnar la realidad. Como escribe Emmanuel Todd, hemos pasado del “grado zombi” del cristianismo, una fase en la que casi ya no se cree pero se conservan algunos rasgos de la civilización cristiana, al “grado cero” en el que todo está disuelto -fe, doctrina y cosmovisión cristiana específica- en el segmento del mundo que erróneamente llamamos Occidente. Las civilizaciones nacen, viven y mueren. La civilización cristiana europea está en agonía. No creo que se salve, si no es a través de pequeños grupos. Como escribió Alasdair Mac Intyre, necesitaríamos un nuevo San Benito, pero el enemigo bárbaro no está a las puertas, ya ha invadido la ciudad.
–¿Cuáles son los orígenes históricos de Rotary y de los Leones? ¿Con que finalidad nacieron y cómo se han transformado en el transcurso del tiempo? Algunos sostienen que tales clubes de servicio pueden tener vínculos con ambientes masónicos o representar una puerta de entrada a otras redes asociativas. ¿Qué elementos históricos se aportan para apoyar esta tesis y cuáles, por el contrario, son las diferencias entre estas realidades?
El Rotary Internacional es un club de servicio internacional que surgió en 1905 en Estados Unidos. Sus miembros, los rotarios, son casi un millón y medio en el mundo. El propósito oficial es “servir por encima de todo interés propio”, como recita el lema oficial. Reúne a miembros de la alta burguesía profesional, académica y emprendedora. Con el tiempo, por imitación, produjo asociaciones similares, también autodefinidas como “servicio”, como la Soroptimista —femenina— y precisamente el Club de Leones, fundado en 1917 por un masón estadounidense, Melvin Jones. El nombre Club Rotario proviene del rey lombardo Rotari, quien en el siglo VII concedió a los arquitectos llamados Maestros del Como el estatus de hombres libres, con derecho a viajar y trabajar a cualquier lugar sin impedimentos.
Aunque en los Leones rige la norma según la cual “ningún club debe tener como objetivo el mejoramiento de las condiciones financieras de sus miembros” y por muy real que sea la actividad benéfica de ambas asociaciones, la realidad es que son sobre todo lugares de encuentro, de intercambio de favores, relaciones y construcción de redes de amistad rara vez desinteresadas. En ciertos ambientes se ingresa un poco por vanidad, un poco para mostrar el propio éxito y mucho para tejer relaciones útiles en las profesiones, en los emprendimientos, en la acción política. La contigüidad entre la masonería, el Rotary y los Leones no es una idea descabellada, si los masones fueran los fundadores de estos organismos, si la red es internacional y jerárquica, con epicentro en Estados Unidos (en lugar de en Inglaterra como en el caso de la masonería) y si compartieran ideales o tendencias. El Internacionalismo, el laicismo y la llamada actividad filantrópica, una palabra típicamente masónica. Amigos de la humanidad, pero con el objetivo de guiarla y reproducir la dominación más allá del tiempo y del espacio. Las diferencias son obvias: los “clubes de servicio” son, ante todo, ambientes en los que se realizan actividades benéficas, se reúnen y se “reconocen” mutuamente. La masonería es poder puro y anticristiano, con el objetivo de constituir un nuevo orden a partir del caos que propaga. Ordo a chaos es uno de los lemas de la llamada Francmasonería.
–¿Existen documentos que demuestren un vínculo estructural entre el Rotary, los Leones y la masonería o son principalmente interpretaciones basadas en conocidos comunes, analogías organizativas o proximidades culturales? ¿Cuál fue la relación histórica entre la Iglesia Católica y la masonería? ¿Por qué la Iglesia ha expresado reservas sobre la pertenencia de los católicos a organizaciones masónicas? ¿Cómo veía el mundo católico la presencia de asociaciones laicas y filantrópicas como el Rotary y los Leones?
No creo que los vínculos sean estructurales. Sin duda, muchos masones también son rotarios o leones. Creo que hay una contigüidad por la cual se ingresa —cooptado— en los Rotary o en los Clubes de Leones, y desde ahí alguien evalúa el tránsito en las logias. La Iglesia Católica entendió desde 1717 –el año de la fundación de la francmasonería– la magnitud del ataque que se lanzó contra ella a partir de una asociación que rechazaba la Iglesia pero no (aún) la religión organizada, que creía (aún) en un Dios lejano, el Gran Arquitecto, desinteresado del destino del hombre y de lo creado. Con la coartada del libre pensamiento desafió todas los supuestos éticos, espirituales, dogmáticos y doctrinales del cristianismo, en particular del católico y del ortodoxo. Pertenecer a la masonería y a la vez a la Iglesia ha sido prohibido desde 1738, con un decreto del papa Clemente XII reiterado repetidamente y confirmado por el Derecho canónico. Para los católicos, cualquier obra buena sigue siendo tal independientemente de quién la haga, pero el secularismo, es decir, el rechazo de la trascendencia por la que quizás se hace el bien, pero no porque se vea en el otro el rostro de Dios es un muro insalvable. Por supuesto, hay muchos católicos en Rotary y aún más en los Leones. Atraídos por la idea del servicio, pero aún más por la posibilidad de acceder a ámbitos de poder.
–¿Han sido considerados instrumentos positivas de servicio a la sociedad o realidades que debían ser observadas con cautela? Algunos autores hablan de la existencia de poderes culturales y económicos capaces de influir en la política, la información, las finanzas, la industria y la sociedad. ¿Cuáles son, en su opinión, los hechos históricos que pueden documentarse y dónde, por el contrario, comienzan las interpretaciones? ¿Cómo se distingue una influencia normal ejercida por grupos económicos, culturales o políticos de un proyecto real y organizado de control de la sociedad?
Como es lógico, quienes actúan desde afuera –en realidad contra– el mundo cristiano y la Iglesia deben ser siempre vistos con la máxima prudencia. La prohibición contra la masonería sigue siendo justa y compartida. La masonería es quizás el más importante de los poderes reservados —que ya no están ocultos, además— que tienen en sus manos, más allá de la narrativa democrática y liberal, el destino común. No es el único: pensemos en el Club Bilderberg, en la Mesa Redonda y en otros círculos cerrados oligárquicos, en los que se deciden cuestiones muy importantes fuera de los canales institucionales y sin el conocimiento del pueblo. Las revoluciones francesa y estadounidense fueron realizadas por masones, así como el nacionalismo del siglo XIX es en gran medida masónico. Masónico ha sido el Risorgimento italiano, llevado a cabo contra la Iglesia y sin el pueblo. Dije Ordo a chao. Un proyecto a largo plazo para revolucionar nuestra civilización, controlarla, someterla a valores -o disvalores- masónicos. Ejercer influencia es una operación completamente legítima: significa presentarse a la luz del día difundiendo ideas, visiones, proyectos. Si la influencia se convierte en poder organizado, ejercido en lugares reservados, eligiendo las clases dirigentes por fidelidad al proyecto y a la logia —o a otros grupos oligárquicos— entramos en el campo de la enemistad. Inimica vis, fuerza enemiga, es (¿era?) uno de los juicios de la Iglesia hacia la masonería
–Según algunos estudiosos, Occidente está viviendo una marginación progresiva del cristianismo. ¿Qué fenómenos concretos mostrarían este cambio y desde cuándo habría comenzado el distanciamiento de Europa de sus raíces cristianas?
La descristianización está en los hechos. Comenzó con la Ilustración en el siglo XVIII, continuó con la marginación progresiva de la religión de ascendencia liberal —un asunto privado sin consecuencias ni interés público— y marxista (materialismo total y ateísmo abierto) hasta la fase actual de indiferencia, de negación de la ley natural instituida por Dios y puesta en el corazón del hombre. Prueba de ello son las legislaciones que han legalizado primero el divorcio (aceptado inmediatamente y sin problemas en el área protestante), luego el aborto, hoy incluso el matrimonio y la sexualidad homosexual hasta la deriva hacia la eutanasia, negación dramática del derecho a la vida. Otro fenómeno es el abandono del matrimonio, incluso civil, en favor de la convivencia, la banalización de la sexualidad, la sexualización infantil y el materialismo práctico en cada acto de la existencia. La nuestra es una civilización desmontada, carente de valores comunes más allá de apelaciones genéricas a la tolerancia y a la igualdad.
–¿La reducción de símbolos y referencias cristianas en la vida pública europea representa una elección de pluralismo y laicismo o una pérdida de la identidad histórica del continente?
Pluralismo es una palabra ambigua. Es correcto reconocer la variedad de experiencias y valores, aceptando que tienen importancia pública. El pluralismo, como todos los “ismos”, significa convertir en un ídolo las diferencias de ideas y visiones, equiparándolas hasta el punto de homogeneizarlas. El relativismo ético, denunciado por el papa Ratzinger, que se convierte en nihilismo, es decir, no creer en nada. Sin símbolos comunes —entre ellos, por supuesto, la cruz y otras expresiones externas del cristianismo— significa negar la historia y cortar los lazos con lo que fuimos y somos. Así es como, por suicidio, mueren las civilizaciones.
–¿La crisis de la fe en Europa se debe principalmente a presiones culturales externas o también a responsabilidades internas dentro de la Iglesia, como escándalos, divisiones y dificultades para transmitir el mensaje cristiano?
Ya hemos descrito las presiones: inmensas, acuciantes, a largo plazo. Pero es como si la Iglesia, a partir de los años sesenta del siglo XX, y en particular después del Concilio Vaticano II, hubiera perdido su voz para convertirse en una voz del coro mundano. Se habla de prelados y cardenales masónicos. Ante todo, es una crisis de fe. Es como si Dios hubiese muerto, después de Nietzsche, también en el corazón de los eclesiásticos. Sin Dios y sin Jesús, la segunda persona de la Trinidad, el cristianismo es una filosofía como cualquier otra, más difícil de difundir porque es más exigente. Luego están los escándalos –los de naturaleza sexual y los relacionados con el rol económico, político y financiero del Vaticano. Es difícil hablar del mensaje cristiano. Pero siempre lo ha sido y, en cualquier caso, es imposible si ya no se cree o se tiene miedo de enfrentarte al mundo. Una vieja canción decía: siempre vence el que más cree, el que sabe sufrir a largo plazo. Probablemente tendremos que empezar de nuevo desde las catacumbas.
–Algunos hablan del riesgo de una “Iglesia sociológica”, más atenta a adaptarse a la mentalidad contemporánea que a preservar la doctrina y la tradición. ¿Es un riesgo real o un modo erróneo de interpretar el diálogo necesario con el mundo moderno?
Eso es exactamente lo que acabo de decir. La Iglesia sociológica no sirve a nadie, mucho menos a Dios. Puede conservar algunos ingresos por posiciones, defender algunos escaños de segunda fila, pero no transmite el Depositum fidei y no convence a nadie. El diálogo sólo puede subsistir sobre la base de posiciones claras. La Iglesia pasa su tiempo excusándonse, pidiendo perdón, pidiendo perdón, avergonzándose de lo que ha sido. ¿Por qué debería creerse hoy si se ha equivocado durante siglos?
¿Cómo se puede distinguir un desarrollo legítimo de la Iglesia a lo largo del tiempo de un cambio que corre el riesgo de modificar la identidad misma de la fe cristiana? Figuras como el cardenal Carlo Maria Martini han sido interpretadas por algunos como ejemplo de apertura y diálogo, y por otros como símbolo de un cambio problemático. ¿Cómo evalúa usted esta comparación?
Como dije antes, el diálogo presupone dos voces distintas. Si uno no hace más que inclinarse o darle la razón al otro, es anulación de sí mismo, tal vez incluso ridícula. Martini y, más recientemente, Ravasi han establecido un diálogo con el mundo secular y con la masonería cuando fueron derrotados, como si debieran avergonzarse de ser cardenales y católicos. Más allá de denominaciones pomposas como el Jardín de los Gentiles, no parece que hayan convertido a los “hermanos masónicos”. Quién sabe si no ha ocurrido lo contrario. ¿Recuerda el mito griego de la nave de Teseo? ¿Sigue siendo la misma, después de un largo viaje, si han sido cambiadas las velas, la quilla, las cubiertas y todo lo demás?
–¿Ha contribuido la cultura contemporánea, a través de los medios de comunicación, la escuela, la universidad, el entretenimiento, la moda y la información, a crear una sociedad más libre o ha favorecido una visión cada vez más alejada de las referencias religiosas tradicionales? Frente a la crisis del cristianismo en Occidente, ¿qué camino debería seguir hoy la Iglesia: una mayor defensa de su propia identidad, el diálogo con el mundo contemporáneo o una nueva evangelización?
No necesitas responder a sus últimas preguntas: es suficiente con eliminar los signos de interrogación. La sociedad ya no es libre, ha perdido valores, principios, anclajes. ¿Es libertad? La nueva evangelización es indispensable en el desierto metropolitano. Se llamaba apostolado; ha sido desestimado por el químico Bergoglio como proselitismo, con un desprecio mal disimulado, como si se tratara de una propaganda banal. Destinada a la derrota, porque el mundo ofrece más.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 28 de julio de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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