De la propaganda al poder. Plutocracia y adoctrinamiento estadounidense. Roberto Pecchioli con Cinzia Notaro

Marco Tosatti

 

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, Cinzia Notaro, a quien agradecemos de todo corazón, ofrece a vuestra atención esta entrevista con el Dr. Roberto Pecchioli. Disfruten la lectura y compartan.

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DE LA PROPAGANDA AL PODER: LA PLUTOCRACIA Y EL ADOCTRINAMIENTO LLEVAD A CABO EN ESTADOS UNIDOS

En las últimas décadas, Estados Unidos se ha presentado como promotor universal de la democracia y de los derechos humanos. Sin embargo, detrás de esta narrativa, muchos observadores denuncian un proceso más complejo y controvertido: no una simple difusión de la libertad, sino una imposición indirecta de modelos culturales, políticos y sociales. Valores tradicionales como la familia, la identidad cultural, las costumbres locales y la autonomía moral de las naciones a menudo parecen entrar en conflicto con una agenda global que condiciona las decisiones políticas, económicas y educativas. Lo comentamos con el Dr. Roberto Pecchioli, escritor y ensayista, colaborador de revistas y blogs, exfuncionario de la Agencia de Aduanas dedicado a actividades antifraude y defensa de Made in Italy.

 

Estados Unidos afirma que están exportando la democracia. ¿Qué tiene de problemática esta afirmación?

No es una afirmación problemática, sino fundamentalmente falsa, aunque para muchos occidentales parece una verdad obvia. La democracia —exportada con las armas, por supuesto, pero ante todo con el inmenso aparato de propaganda, de deculturación y de inculturación colonial de Hollywood, con cierta música y con mucho no-arte— es plutocracia, es decir, el poder del dinero. La idea de que celebrar elecciones con plazos fijos con listas aparentemente opuestas es democracia es una falsedad flagrante. La democracia, en la forma que conocemos, es un procedimiento sencillo que no elige gobiernos y ni siquiera representantes del pueblo. Más bien, es la justificación del sistema que puede afirmar que ha sido elegido por una mayoría popular en lugar de por oligarquías económicas, financieras e industriales, a la sombra del único poder que realmente cuenta en el estado de excepción permanente: el de las armas. Además, la idea de que cada pueblo tiene derecho a elegir en base a los principios y formas prácticas de gobernarse a sí mismo es ajena a la mentalidad estadounidense. La democracia es un tótem, y cada vez más a menudo la negación de sí misma.


¿Cómo se manifiesta concretamente esta influencia?

El soft poder (suave, blando) de Hollywood y del aparato propagandístico estadounidense extiende su influencia en gran parte del mundo. Luego está la capacidad de tener élites locales a su servicio en todas partes, educadas en Estados Unidos o adaptadas al modo de vida estadounidense. El tercer elemento es el poder tecnológico, industrial y financiero. Venezuela, por ejemplo, tiene una industria petrolera obsoleta, que también es difícil de modernizar debido al retraso acumulado. Pero la culpa recae en las armas más cobardes, es decir, las sanciones que Estados Unidos aplica a los Estados empobrecidos y estrangulados que no se ajustan a su modelo. Finalmente, si todas los instrumentos descritos no logran el objetivo, entonces está la intervención directa en forma de “revoluciones de colores”, es decir, instigando a los pueblos y a sus élites contra los gobiernos enemigos mediante financiaciamiento, operaciones psicológicas, intervención de grandes ONG controladas por el Estado profundo o en la forma de una invasión militar, siempre justificada con pretextos. El resultado es la deposición sangrienta de los gobiernos preexistentes y la instauración de regímenes favorables o controlados por Estados Unidos.


¿Cuál es el impacto en la familia y en las costumbres sociales?

El modo de vida estadounidense tiene un solo principio: los negocios. Solamente cuentan el dinero y el éxito medido en dólares. Cualquier otro valor, cualquier otra modalidad existencial es negada o ridiculizada. Porque los negocios necesitan romper todos los límites, cada costumbre es primero criticada y luego destruida por ser obsoleta, anticuada, incompatible con la “libertad”. La cual es libertad “de”, es decir, la liberación de los vínculos: la familia, las costumbres, la tradición espiritual, religión, ética. Dado que no puede haber límites a la circulación de bienes, servicios, capital y personas, ningún valor puede sobrevivir al tsunami economicista y materialista. La ideología del consumo es, ante todo, el consumo de sí mismo, en el altar del dinero, del éxito y del “rendimiento”.

 

¿Qué rol cumple el feminismo en este contexto?

El feminismo histórico se divide en “oleadas”. La primera pedía legítimamente igualdad de oportunidades y superación de legislaciones y mentalidades injustas. Las oleadas posteriores se centraron en el odio anti-masculino, en el desprecio de la maternidad, en la búsqueda de ese mismo éxito destinado al estilo estadounidense (“la realización” individual en términos de dinero, resultados profesionales, liberación de los vínculos mencionados). Además, se ha hibridado con partes del marxismo cultural y con los “estudios de género”. Hoy el feminismo radical, especialmente anglosajón, es abiertamente homosexual y homosexualista, furiosamente abortista, comparte el horizonte woke y la cultura de la cancelación. El desprecio por el rol materno —incluso considerado una construcción social y no un hecho biológico— combinado con la hostilidad hacia la familia y a cualquier vínculo comunitario es muy insidioso. Todo esto no es Estados Unidos, pero proviene de allí. No de segmentos locos de la cultura, sino de centros muy fuertes de irradiación cultural y de universidades financiadas por multimillonarios y por las oligarquías del poder. Por tanto, es una cultura dominante en el sentido gramsciano: cultura de la clase dominante.

 

¿Y la ideología de género?

Los “estudios de género” nacieron en universidades estadounidenses en los años 70 y han difundido no solo la aceptación de la homosexualidad y de la transexualidad, sino sobre todo la loca idea de que no existen sexos, en el sentido natural y biológico, es decir, el dimorfismo hombre-mujer, sino géneros revocables elegidos en base al nuevo criterio de “orientación sexual”. La madrina de esta ideología es Judit Butler, feminista radical y activista homosexual, profesora universitaria que, por desgracia, es muy escuchada. El género es una pieza del postmarxismo occidental hibridado con el radicalismo liberal en los talleres culturales de las universidades. Todo fabricado estrictamente en Estados Unidos.


¿Podemos hablar de una nueva forma de colonialismo?

Colonialismo cultural y moral, sin duda. No de hoy, e Italia es una de las principales víctimas. Luego está el colonialismo político, del cual cotidianamente somos testigos. El colonialismo económico y financiero es igualmente pesado, con el agravante de ser la ideología oficial de la Unión Europea. Por supuesto, no faltan colonialismos directos y descarados, experimentados por decenas de países y ahora revividos con el ataque a Venezuela e incluso la amenaza de ocupar Groenlandia, importante para la incipiente ruta comercial ártica y los enormes yacimientos de tierras raras y productos energéticos. En cuanto a Italia, somos colonia desde 1943 y los tratados de paz lo reafirman. Quienes alojan y pagan con su presupuesto más de cien bases estadounidenses (incluyendo bombas atómicas y el centro de intercepción MUOS en Sicilia) no son aliados, sino súbditos. Y además pagadores.


¿Qué rol desempeñan los medios y la industria del entretenimiento en este proceso de “exportación cultural”?

Creo que ya lo he respondido en las consideraciones anteriores. La verdadera arma de destrucción masiva de Estados Unidos es el poder del aparato propagandístico, cultural y de entretenimiento. Nos volvemos dependientes de los modelos existenciales elaborados en Estados Unidos y exportados con enormes beneficios para el presupuesto estadounidense. Pagamos para ser adoctrinados. Los medios europeos e italianos siguen la misma lógica y difunden los mismos modelos. Una fortaleza singular del sistema es tragar, absorber y, de algún modo, incorporar en sí mismo -incluso neutralizándolas- las críticas más radicales.

 

En su opinión, ¿la difusión y la relajación de las leyes de divorcio forman parte de este proceso de influencia cultural?

Sin duda. La trivialización del matrimonio parte del cine: los divorcios expresos de Las Vegas, la idea de la “crueldad mental” del cónyuge que se opone, el falso mito de las familias ensnambladas. Concretamente, la Sociedad Abierta de George Soros ha financiado enormemente la promulgación de leyes pro-divorcio y abortistas por todas partes, especialmente en países de tradición católica. La llamada planificación familiar es estadounidense y goza de un inmenso prestigio y riqueza. Pensemos en Planned Parenthood, un gran centro privado antifamiliar, fuertemente abortista y antinatalista. En general, el globalismo carente de límites sabe que la institución de la familia, su estabilidad y sus raíces comunitarias son los obstáculos más poderosos para su victoria definitiva. Por esta razón, actúa en todos los niveles para destruir la familia, desacreditar los roles parentales, negar la lógica natural del encuentro entre ambos sexos abierto a la vida.


¿Cómo incide esta influencia en las decisiones políticas de los países involucrados?

A través del cambio inducido en los valores sociales se extienden en cascada legislaciones favorables a los llamados “derechos” civiles. Todo esto se facilita por la negación de la ley natural en favor de la “ley positiva”. El juego se hace siempre en nombre de la democracia y de la idea de la libertad como ausencia de vínculos y límites. La operación fue un éxito, no hay duda de ello.


¿Las rebeliones sociales y los movimientos de protesta son siempre espontáneos?

Más allá de la ineptitud y de la real impopularidad de algunos gobiernos, las revoluciones “de color”, como dije, han sido preparadas, inducidas, financiadas e incluso a menudo llevadas a cabo –véase Ucrania 2014 con el rol de USAID y con personajes como la estadounidense Victoria Nuland– por organismos occidentales confidenciales y por ONGs cuya sede está en Estados Unidos.

 

¿Existe una alternativa a este modelo de democracia “exportada”?

La alternativa es la multipolaridad, es decir, la existencia de más ámbitos de influencia y de poder internacional. En el campo económico, reducir el rol del dólar; en el financiero, con diferentes normas monetarias y crediticias; en el político, reconociendo el derecho natural de cada pueblo a gobernarse según sus propias costumbres y preferencias; rechazando, o al menos relativizando, el modo de vida estadounidense. ¿A Estados Unidos le gusta? Muy bien, que vivan vivir como consideren correcto, pero sin imponer militar y culturalmente la hegemonía de un pensamiento único “americano” liberal en política, liberal en economía, libertario en leyes y libertino en costumbres.

 

Sin embargo, ¿sería justo no reconocer la contribución de Estados Unidos a la libertad política, a la reconstrucción de posguerra, a la innovación científica y a la lucha contra regímenes opresores o, a pesar de ello, de hecho, desmienten su propia narrativa como defensores de la libertad?

La libertad política no fue inventada por Estados Unidos; el retorno de la democracia parlamentaria y representativa en Italia, por ejemplo, también fue favorecido por ayudas económicas como el famoso Plan Marshall de posguerra. Pero ciertamente no fue gratuito, sino más bien una forma de atar a Italia al carro occidental. Por supuesto, en esa fase histórica Estados Unidos fue mejor que la URSS y la Alianza Atlántica fue mejor que estar indefensos. Pero hasta 1989, cuando el comunismo colapsó en el siglo XX, o como muy tarde en 1991, cuando la Unión Soviética se disolvió y con ella su alianza militar, el Pacto de Varsovia. En cuanto a la innovación, la superioridad estadounidense es innegable, pero también pagada con nuestro dinero y con nuestra dificultad como vasallos para liberarnos del sistema de patentes, licencias y derechos de propiedad industrial dominado por Estados Unidos. Silicon Valley está en California, ciudadanos estadounidenses son los grandes líderes transhumanistas –desde Elon Musk hasta Peter Thiel y Bill Gates–, son estadounidenses las formidables tecnologías vendidas a un precio elevado en Europa, en alianza con las finanzas (fintech), empezando por la Inteligencia Artificial. Estados Unidos también vende caro su autoproclamado rol de sheriffs: la factura pone siempre de cabeza a las economías y a los pueblos que conquistan, perdón, que liberan. Defender la libertad es sin duda algo estupendo, siempre que se esté de acuerdo de antemano en el significado de la palabra.

 

Publicado en italiano por Marco Tosatti el 13 de enero de 2026 en https://marcotosatti.com/2026/01/13/dalla-propaganda-al-potere-plutocrazia-e-indottrinamento-usa-roberto-pecchioli-a-cinzia-notaro/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

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