Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, les ofrecemos a vuestra atención algunos elementos de evaluación sobre las controversias relacionadas con el caso de la supuesta financiación de Hamás de origen italiano. Disfruten la lectura y difundan.
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El primero es este comentario publicado en Facebook por Francesco Agnoli, a quien agradecemos.
¿La Izquierda debería avergonzarse por las contribuciones a Hamás? ¿Y la Derecha por las armas y el apoyo internacional para el exterminador Netanyahu (muchísimos millones de euros más) no?
Leer decenas de publicaciones en las que cada bando ve solamente lo que quiere muestra cómo la política embota las mentes y manipula a los hombres.
Me atrevo a decir más: con los partidos invertidos, con la Izquierda en el gobierno, habríamos tenido la Derecha defendiendo a los palestinos (como hizo Meloni en su día) y a la Izquierda armando a Netanyahu.
Sólo hay un poco de comedia para agradar a los espectadores: así que en la Izquierda alguien está convencido de que realmente estamos con los más débiles, y en la Derecha hay alguno que realmente hace algo para detener la invasión en nuestra casa.
Pero es teatro, como el de Ucrania: todos unidos en suministrar armas que sólo traerán más muertes, pero dinero en las arcas de alguien, como en realidad están unidos en ignorar a los pobres palestinos (no parece que ni la Izquierda italiana ni la europea hayan hecho nada concreto, ni siquiera una pequeña sanción).
Nunca antes Izquierda y Derecha se habían vuelto intercambiables… ¿Nunca como hoy? Quizá es demasiado, no puedo olvidar a D’Annunzio yendo de derecha a izquierda y Mussolini avanzando, seguido por una gran tropa, de izquierda a derecha.
La tesis y la antítesis siempre encuentran la síntesis y yo, como católico, me niego a ser etiquetado de una forma u otra, porque la antítesis de ayer será la tesis de mañana, los progresistas de hoy serán los conservadores de mañana.
Es necesario razonar libremente a partir de estos esquemas, incluso si el teatro los requiere, los impone y utiliza (la falsa oposición, de hecho, acaba legitimando a ambos bandos y sugiriendo la imposibilidad de una alternativa). Seguimos pensando de que si no eres fascista, eres comunista, y viceversa…
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El segundo es este comentario de Sergio Caruso, a quien agradecemos:
El debate público sobre Palestina
por Sergio Caruso
Fonte: Sergio Caruso
En el debate público contemporáneo sobre Palestina se ha afirmado progresivamente una dinámica preocupante: la restricción del espacio legítimo de expresión para quienes expresan solidaridad con el pueblo palestino o intentan analizar el conflicto más allá de los marcos narrativos rígidamente prescriptivos. En numerosos contextos políticos, mediáticos y académicos el apoyo a los derechos palestinos suele asimilarse, de manera impropia y simplificadora, al apoyo a la violencia o al terrorismo, produciendo un efecto de deslegitimación de la disidencia que plantea serios interrogantes sobre el estado de la libertad de expresión en las democracias liberales.
Esta tendencia parece aún más problemática si se la ubica en el marco del Derecho internacional, que durante décadas ha calificado la presencia israelí en los Territorios Palestinos como una ocupación militar ilegal, acompañada de prácticas de colonización, anexión de facto y discriminación sistémica. Las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, las opiniones de la Corte Internacional de Justicia y los informes de numerosas organizaciones internacionales de derechos humanos han reclamado reiteradamente a Israel por la violación de obligaciones fundamentales derivadas del Derecho internacional humanitario y del Derecho de los pueblos a la autodeterminación.
En este contexto, es jurídico e históricamente infundado sostener que cualquier forma de resistencia palestina debe considerarse, como tal, ilegítima. El Derecho internacional, aunque no codifica explícitamente un “derecho general a la resistencia armada”, reconoce la legitimidad de la lucha de los pueblos sometidos a la dominación colonial o a la ocupación extranjera en el ejercicio del derecho a la autodeterminación, siempre que dicha lucha respete las normas obligatorias del derecho humanitario. Esto implica un principio clave, a menudo eliminado del debate público: la distinción entre objetivos militares y población civil.
Desde este punto de vista, la resistencia armada no se legitima indiscriminadamente, pues encuentra un límite insuperable en la prohibición absoluta de atacar a civiles no implicados directamente en la ocupación o en las hostilidades, así como en la prohibición de actos de violencia indiscriminada, castigos colectivos y toma de rehenes. Tales conductas constituyen crímenes de guerra y siguen siéndolo, independientemente de la causa invocada. Pero el reconocimiento de estos límites no puede ser instrumentalizado para negar en bloque la dimensión política y jurídica de la resistencia en un contexto de ocupación prolongada y sin perspectivas reales de una solución diplomática.
Es precisamente esta eliminación de la complejidad lo que caracteriza a muchas de las iniciativas destinadas a reprimir o desalentar la solidaridad con los palestinos. Las manifestaciones pacíficas, las campañas de boicot y las posturas académicas o periodísticas a veces son tratadas como formas de apología del terrorismo, mientras que en realidad representan, en la mayoría de los casos, ejercicios legítimos de crítica política a un régimen de ocupación que lleva décadas produciendo violaciones estructurales de los derechos humanos.
El tema de los movimientos armados palestinos, incluidos los apoyados por actores regionales como Catar e Irán, se utiliza a menudo para reducir todo el conflicto a una lógica de seguridad o a una guerra por poderes. Sin embargo, esta interpretación oculta un dato fundamental: la resistencia palestina no surge de alianzas geopolíticas, sino de una condición material de subordinación, despojo y ausencia de soberanía. Los apoyos externos pueden influir en las formas, pero no explican su origen ni agotan su significado político.
Limitar o criminalizar la posibilidad de expresar solidaridad con los palestinos —incluida la posibilidad de reconocer, en términos analíticos y legales, la existencia de una resistencia, incluida la resistencia armada, dentro de los límites del derecho humanitario— no contribuye a la protección de los civiles, ni israelíes ni palestinos. Al contrario, corre el riesgo de reforzar una narrativa que absuelve a la ocupación de toda responsabilidad estructural y desvía la atención exclusivamente hacia los efectos, ignorando sus causas.
En última instancia, defender la libertad de expresión respecto a la cuestión palestina significa defender un principio más amplio: el derecho a cuestionar el poder, a denunciar la injusticia y a reconocer que la paz no puede construirse sobre la negación de los derechos fundamentales de un pueblo. Reconocer que la resistencia armada en una situación como la de Gaza es jurídicamente concebible, siempre que se dirija exclusivamente contra soldados o civiles directamente implicados en la ocupación o colonos, y se lleve a cabo en cumplimiento del derecho internacional, no es lo mismo que celebrarla; equivale más bien a eliminar el debate de la propaganda y devolverlo al terreno, más exigente pero más honesto, del Derecho y de la responsabilidad política.
Publicado en italiano por Marco Tosatti el 31 de diciembre de 2025, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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