Viganò a los peregrinos de la Tradición: Ustedes han sido excomulgado sin juicio. Roma quiere reeducarles

 

Marco Tosatti

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, ofrecemos a vuestra atención este mensaje publicado por el arzobispo Carlo Maria Viganò. Disfruten la lectura y difundan.

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A los fieles, clérigos y sacerdotes

De la XV Peregrinatio ad Petri Sedem

 

Me dirijo a ustedes como «excomulgado», porque así me consideran ustedes. Considero que la condición que se me atribuye puede iluminar aquella en la que ustedes mismos se encuentran hoy.

Ustedes no han sido excomulgados, y hacen todo lo posible por no serlo, como alguien que quiere escapar de un castigo. Sin embargo, han sido tratados como excomulgados. Hay que decir, no sin ironía, que después de haberles negado la Basílica Vaticana para la Misa Pontifical, ahora incluso les niegan el ingreso para la profesión de fe y para la devoción a la Sede del Santísimo Pedro. Y mientras el acceso para ustedes a la Basílica Vaticana ha sido impedido con barreras y en Santa María Mayor sólo les han permitido una Misa menor en lugar de la Misa Pontifical solemne, hace pocos meses se acogió a los grupos LGBTQ+ con sus banderas arcoíris y sus lemas blasfemos, y a una abortista homoherética disfrazada de arzobispa.

Como comunidad ex Ecclesia Dei, como sacerdotes y obispos ratzingerianos devotos de Summorum Pontificum, se les concede la Misa de todos los tiempos como excepción para ser justificados. Cada vez más se les excluye de las parroquias; se les impone la autorización del obispo para celebrar lo que nuestros padres celebraron sin permiso. Sus Institutos son sometidos a visitas y revisiones, sus seminaristas son vistos con recelo y su rito es tolerado siempre que no moleste.

¿Qué es esto, si no una excomunión sin juicio, o peor aún, la voluntad, por parte de las autoridades romanas, de doblegar sus conciencias? Una exclusión que no se atreve a decir por su nombre. Para evitar la sentencia, la sufren en los hechos. Para no parecer “fuera de la Iglesia”, ustedes viven en sus márgenes, con contorsiones e incoherencias que ahora están bajo la mirada de todos. Ustedes se atreven a decir que no hay estado de necesidad, culpan ásperamente a la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, me consideran un paria… De ello se deduce que el silencio de ustedes no les preserva del castigo: solamente les quitan el derecho a llamarlo injusto.

Debe reconocerse, por amor a la verdad, que León y la élite modernista-sinodalista que ocupa el Vaticano actúan en forma coherente. León cree firmemente en el Concilio Vaticano II y es un entusiasta promotor de su versión sinodal: no puede sostener coherentemente el Rito de todos los tiempos, que es su negación viva. El Summorum Pontificum ha sido siempre una quimera: el desmembramiento del único Rito venerable en dos formas antitéticas, un permiso que depende de quienes lo conceden y que se retira cuando no sirve más. Por lo tanto, no se le puede reprochar la confianza, sino la pretensión de querer basar lo que se espera de él por derecho divino en la coexistencia de dos ritos irreconciliables y en un indulto con el que se les declara apenas tolerados.

Tampoco ayuda apelar a la libertad religiosa o de culto, o a la inclusión sinodal, para asegurarse un pequeño asiento extra en el Panteón: quienes piden, como todos, el derecho a practicar su culto, ya han admitido que la Misa Apostólica es una experiencia religiosa entre otras, y la Verdad una opinión entre varias opiniones. Estas falsas libertades no protegen la Tradición: son el instrumento por el cual la Verdad —la única Religión— es expulsada no solo de la vida pública, sino incluso del Recinto Sagrado.

No basta con rechazar el Concilio en lo que contradice al Magisterio, como ustedes suelen repetir. El Concilio Vaticano II fue un acontecimiento revolucionario y es una revolución permanente: debe ser repudiado como tal, no enmendado con una lista de correcciones, porque nadie remedia con una exégesis benevolente lo que nació como una ruptura deliberada.

Me permito decirle al cardenal Burke y al obispo Schneider que su autoridad es ahora sólo una fachada: son la caricatura de sí mismos, con sus preciadas mitras y magnas capas, la defensa del Concilio y las concelebraciones.

Roma no sólo guarda silencio; no se limita a “tolerarles” confinándoles en reservas indias cada vez más angostas: quiere reeducarles y así se los dicen, exigiendo que ustedes –que gozan de un seguimiento significativo en el ámbito conservador– se conviertan en “oposición de Su Majestad”, actuando como guardianes –como se acostumbra decir hoy– y conteniendo así la hemorragia de católicos cada vez más desorientados por la aceptación de ustedes ante los más escandalosos despropósitos del Vaticano. Y ahora es evidente que una oposición controlada, lejos de lograr algún éxito para la causa del Catolicismo romano, se convierte, por el contrario, en cómplice de la destrucción de la Iglesia.

Aquí está entonces la declaración pacificadora del cardenal Burke: «Ciertamente la situación actual no constituye un estado de necesidad».  Pero si el estado de necesidad no existe hoy, ¿después de qué enésimo escándalo y después de qué herejía sin precedentes encontrará el valor de levantarse? ¿Cuántos sapos están ustedes dispuestos a hacer que traguen quienes les ven a ustedes como referencia moral y doctrinal? Después de Amoris Laetitia, la Pachamama, la Declaración de Abu Dabi, Traditionis Custodes, Fiducia Supplicans, Mater populi fidelis… ¿y después de que les hayan impedido profesar su Fe en la tumba del Príncipe de los Apóstoles?

Como escribí en El cisma capital: «Mientras una parte de los católicos (los llamados conservadores) se obstine en no querer reconocer la bipolaridad del “papado conciliar y sinodal”, se encontrará en la terrible situación de dar un asentimiento deliberado al error; en la tremenda posición de quienes, con esa complacencia cortesana en una obediencia servil, crean las premisas del “desertio”, del abandono de Dios, del retiro de la Gracia. Es precisamente ese reconocimiento del error lo que lo institucionaliza y lo que lo hace irreversible, lo que desarma toda resistencia y que, en última instancia, criminaliza a quienes resisten heroicamente».

 Con el cortés consentimiento de ustedes y guardando silencio para no perder lo que se les ha concedido de hecho, ustedes se prestan a la operación del engaño (2T 2, 11).

Les bendigo y rezo por todos ustedes.

In Christo Rege,

  

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

 

Publicado por Marco Tosatti en italiano el 26 de octubre de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/10/26/vigano-ai-pellegrini-della-tradizione-siete-stati-scomunicati-senza-processo-roma-vuole-rieducarvi/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

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