Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, ofrecemos a vuestra atención algunos elementos de evaluación respecto a lo que se está perpetrando en Medio Oriente. Disfruten la lectura y compartan.
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El primero es esta publicación en Facebook por Lavinia Marchetti. Hacer clic en el enlace para ver el vídeo.
BAILANDO SOBRE LOS ESCOMBROS
Un soldado israelí se graba destruyendo y bailando en una casa en Gaza, y firma el vídeo “Bailando en Gaza”.
EL HORROR QUIERE SER VISTO
El vídeo fue difundido por su propio “actor”. Un vídeo del año pasado. En medio del genocidio. Poco a poco surgirán miles de vídeos similares. También mucho más cruentos. Se ve claramente que este vídeo fue grabado precisamente para mostrarse a sí mismo, para mostrar la superioridad y para humillar. Ese soldado no teme ser reconocido. Desea serlo. La destrucción de una casa, de vidas enteras, no le basta como acto. También quiere ser un espectáculo, y el público que mira completa el placer. Debe haber un público que mire. Tanto un público complaciente como un público disgustado. Por eso toma un palo y se burla, imitando, a un viejo palestino, añadiendo deshumanización a la espectacularización de la destrucción.
Walter Benjamin había vislumbrado todo esto en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. Estudiando cómo el fascismo transforma la política en escenario, escribió una frase que anticipó todo lo que ocurriría poco después y que nos ha acompañado hasta hoy. La humanidad, dijo, ha alcanzado tal grado de distanciamiento consigo misma que es capaz de vivir su propia destrucción como un placer estético de primer orden. El soldado que baila sobre las ruinas que él mismo creó es la figura exacta de esa frase, un hombre que ha convertido el exterminio en una coreografía para compartir.
Al reflexionar sobre las fotografías del horror, Susan Sontag añadió un detalle a la estetización de Benjamin y explicó que la imagen del verdugo junto a la víctima o a las ruinas creadas vale como un trofeo, una forma de poseer lo que ha sido destruido, una especie de rito tribal en el que se incorpora lo que se destruyó. El vídeo de Gaza pertenece a esa oscura familia, igual que los recuerdos que los soldados llevan a su casa de todas las guerras sucias. Sólo cambia la velocidad, porque hoy el trofeo da la vuelta al mundo antes de que la sangre se seque.
Apenas vi y volví a ver este vídeo corto 2-3 veces me vinieron a la mente ciertas imágenes ya vistas, cada vez de una manera diferente, me atrapó una sensación de déjà-vu.
Me volvió a la mente Namibia, a principios del siglo XX, lo que podríamos definir como el primer genocidio del siglo. Entre 1904 y 1908 el ejército alemán exterminó a los pueblos Herero y Nama, el ochenta por ciento de los primeros y la mitad de los segundos, expulsados al desierto para morir de sed o encerrados en el campamento de la Isla Tiburón. Me volvió a la mente un detalle que nunca borraré de mis recuerdos. Los soldados alemanes estaban tan orgullosos de su hazaña que se hicieron retratar entre los prisioneros reducidos a esqueletos, y esas imágenes se transformaron en postales que enviaron a sus casas. El sufrimiento de todo un pueblo se convirtió en un recuerdo de viaje, un saludo para los familiares. Quienes recibieron la postal admiraron la conquista. Cambian la técnica y el siglo, pero el gesto estético horrible sigue siendo el mismo: exhibir con orgullo lo que debería avergonzar.
El segundo evento-memoria, más reciente y quizá aún más cercano a nuestro vídeo. Entre 1965 y 1966, en Indonesia, medio millón de personas, quizás un millón, fueron masacradas acusadas de comunismo. Muchos años después, el director Joshua Oppenheimer convenció a algunos de esos asesinos para que contaran sus historias delante de la cámara, y de allí nació una película que llega a las entrañas del abismo de lo humano: “The Acto of Killing”.
Uno de ellos, Anwar Congo, sube a la terraza donde había estrangulado a sus víctimas con un alambre de hierro, y allí, para la cámara, baila el cha-cha-cha. Los demás recrean sus crímenes al estilo de musicales y películas de gánsteres que aman, alegres, sin la sombra del remordimiento. La razón de tanta ligereza es una sola, y Oppenheimer la capta de inmediato. Esos hombres nunca perdieron el poder, y nadie les obligó jamás a reconocer el mal que habían cometido. El verdugo baila porque nadie le ha detenido. Simple.
Una vez que alineé mis asociaciones históricas (serían cientos, pero mi mente sacó estos dos hechos), colocadas una al lado de la otra, la postal de los colonos alemanes y la terraza de Anwar Congo, me quedó claro lo que tenían en común. En los tres actúa la misma doble deshumanización. La víctima es bajada a una cosa, a muebles para romper por diversión. Y el verdugo, en ese mismo movimiento, pierde la facultad que le hace hombre, la capacidad de reconocer en el otro una imagen similar.
Queda una cosa que el soldado bailarín ignora. Está poniendo la prueba en su contra. La postal alemana acabó en los archivos que hoy documentan ese genocidio, y el cha-cha-cha de Anwar Congo se convirtió en una película que lo desenmascaró delante de todo el mundo. También este baile de ballet en las copas de una familia en Gaza será algún día una acusación, si no criminal, moral, y el rostro de este soldado será tomado como símbolo de lo monstruoso, como las caras sonrientes de los soldados alemanes.
Queda pendiente una pequeña pregunta. Anwar Congo bailó porque no fue castigado. ¿Cuánto tiempo dejaremos también sin castigar estos bailes?
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Luego está este post publicado por Don Quijote en Facebook:

928 ITALIANOS EN EL EJÉRCITO ISRAELÍ. UNA PREGUNTA QUE ITALIA YA NO PUEDE EVITAR
Durante más de un año el debate público italiano ha discutido de todo: sanciones, órdenes internacionales de detención, derecho internacional, crímenes de guerra, responsabilidades individuales. Pero se ha dicho muy poco sobre un hecho.
Según una investigación de Declassified UK, llevada a cabo por los periodistas John McEvoy y Alex Morris sobre la base de documentos oficiales obtenidos mediante una solicitud de acceso a las actas (FOIA) presentada por el abogado israelí Elad Man en nombre de la ONG Hatzlacha, 928 ciudadanos italianos sirvieron en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) entre el 7 de octubre de 2023 y marzo de 2025.
De estos:
• 828 poseen doble nacionalidad italiana e israelí;
• 100 personas tienen también una segunda ciudadanía diferente.
No se trata de indiscreciones, sino de datos oficiales proporcionados en forma agregada por el Ministerio de Defensa israelí y reportados por la investigación, que posteriormente fue recogida en Italia también por Stefania Maurizi en Il Fatto Quotidiano.
El problema, por supuesto, no es la doble ciudadanía, ni el hecho que Israel permite que sus ciudadanos realicen el servicio militar.
La pregunta es otra.
Si algunos de estos soldados operaron durante una campaña militar que ahora es objeto de acusaciones de violaciones muy graves del derecho internacional y de un procedimiento ante la Corte Internacional de Justicia, ¿qué posición pretende adoptar el Estado italiano?
¿Habrá verificaciones? ¿El Parlamento abordará este tema? ¿El Gobierno considera que el asunto no concierne a Italia?
Durante meses han reiterado que el derecho internacional constituye el fundamento del orden mundial. Si realmente es un principio universal, debería valer independientemente del aliado involucrado.
No se trata de atribuir responsabilidades penales colectivas ni de imputar automáticamente a cientos de personas.
Se trata de exigir transparencia, coherencia y respeto por las mismas reglas que Occidente invoca cuando juzga los conflictos de otros.
Porque el derecho internacional o bien vale para todos, o deja de ser derecho y se convierte sólo en un instrumento político.
Fuentes: Declassified UK; documentación FOIA obtenida a través del abogado Elad Man (Hatzlacha); Investigación de Stefania Maurizi en Il Fatto Quotidiano.
— Don Chisciotte
#DonChisciotte #Gaza #Israele
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Y luego está este artículo de Inside Over. Hacer clic en el enlace para ver el vídeo:

Otro día sangriento en Gaza en medio del “alto el fuego”.
Israel llevó a cabo un ataque a un vehículo en la ciudad de Gaza. Una persona murió. Fue identificada como Mohammad al-Fayoumi, un rehén palestino liberado en el marco del último intercambio de prisioneros.
El número de palestinos muertos por disparos israelíes en Gaza desde el amanecer del jueves 9 de julio ha aumentado a tres.
Fuentes médicas informaron que dos de las muertes ocurrieron en la parte sur de la Franja de Gaza, mientras que la tercera se registró en la parte norte de la Franja.
El día anterior, miércoles 8 de julio, al menos nueve palestinos murieron en los ataques israelíes sobre Gaza, incluidos al menos tres niños.
Un niño de 10 años murió en un ataque en Khan Yunis, en la parte sur de la Franja de Gaza.
En el barrio Zaytun, en la ciudad de Gaza, un niño de 6 años fue abatido a tiros. Otro niño de 8 años murió a causa de las heridas sufridas en un ataque a un vehículo.
A finales de junio, una comisión internacional de investigación del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas publicó un nuevo e impactante informe, en el que acusa abiertamente a Israel de atacar deliberadamente a niños palestinos en la Franja y una vez más denuncia el genocidio en curso.
El martes 7 de julio un ataque israelí en la ciudad de Gaza, en el que murieron tres personas, entre ellas Mohammed Fawaz al-Wahidi, alto funcionario del Comité de Socorro Egipcio en Gaza.
Desde el llamado “alto el fuego”, el ejército israelí ha matado al menos a 1084 personas en Gaza.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 10 de julio de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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