Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, ofrecemos a vuestra atención este artículo de Lavinia Marchetti, a quien expresamos nuestro agradecimiento, y que ilustra plenamente una anomalía de la que hemos dado cuenta desde el inicio de la agresión estadounidense-israelí contra Irán; es decir, la ausencia de información, incluso en los periódicos israelíes en inglés, sobre lo que la respuesta iraní está provocando en Israel. Un telón de oscuridad que alimenta, como es natural -en ausencia de fuentes independientes certificadas- la proliferación de noticias falsas, inventadas y fabricadas. Quienes estén interesados en ver imágenes que han escapado a la censura pueden hacerlo en este canal de Telegram. Disfruten la lectura y la difusión.
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¿POR QUÉ NO HAY IMÁGENES NI VÍDEOS DE LAS CIUDADES ISRAELÍES BOMBARDEADAS?

por Lavinia Marchetti
Estamos literalmente invadidos por imágenes y vídeos descaradamente falsos o creados con IA que llegan de Israel o de Irán. Nunca antes la visibilidad había sido tan escasa como en esta guerra. Muchos comparten sin entender el daño que causan a la información, cayendo así en la trampa de la niebla militar donde, si todo puede ser falso, también lo que es verdad se pierde entre miles de imágenes falsas. Un poco como con los Archivos Epstein.
Esta oscuridad visual va mucho más allá de la clásica “niebla militar”, es el resultado de una estrategia sofisticada y despiadada de múltiples dominios. Esta estrategia integra la aplicación draconiana de la censura militar histórica, la represión legal y física del periodismo independiente sobre el terreno, el bloqueo preventivo y coordinado de la inteligencia satelital de código abierto (OSINT) a escala comercial, y una refinada gestión de la llamada “guerra cognitiva” (Cognitive Warfare). El objetivo de esta estrategia es doble: por un lado, negar al enemigo información táctica vital para la calibración de sus sistemas de armas; por otro, proteger la moral y la estabilidad psicológica de una nación ya profundamente traumatizada, mientras proyecta al mismo tiempo una imagen de invulnerabilidad tecnológica en el escenario global.
LA CENSURA MILITAR ISRAELÍ
El llamado Censor Militar Israelí, a diferencia de muchas democracias occidentales donde la libertad de prensa goza de protecciones casi absolutas incluso en tiempos de crisis, ha heredado y mantenido normativas que se remontan al mandato colonial británico y que otorgan a las autoridades militares una jurisdicción excepcionalmente amplia sobre los medios de comunicación. La Censura Militar Israelí es una unidad gubernamental de máxima seguridad presidida por el Censor Jefe, un alto oficial militar designado directamente por el Ministro de Defensa. Su mandato oficial es ejercer una censura preventiva sobre cualquier información, publicación o transmisión que pueda comprometer la seguridad del Estado, revelar detalles de operaciones militares a través de la frontera o exponer secretos estratégicos, como el programa de armas nucleares del país (incluido el reactor de Dimona, que ha sido amenazado repetidamente por funcionarios iraníes como objetivo principal).
La Orden General del Censor Jefe, emitida en su forma moderna en 1988, establece un principio categórico: cualquier persona que imprima o publique material sobre seguridad del Estado tiene la obligación legal de someterlo a la aprobación del censor antes de su difusión. Esta orden no se aplica únicamente a periodistas acreditados en la Oficina de Prensa del Gobierno (GPO), sino que se extiende a cada ciudadano, bloguero, activista o usuario de redes sociales presente en suelo israelí.
Mucho antes del estallido del conflicto directo con Irán en marzo de 2026, el control de la censura militar ya se había estrechado en forma alarmante. Investigaciones independientes, entre ellas los datos recopilados por la revista de investigación +972 Magazine, revelaron que durante 2024 la censura militar israelí había alcanzado su tasa más alta en más de una década. Durante ese año, marcado por la sangrienta campaña en Gaza y por los presagios de hostilidades con el eje iraní, el censor prohibió la publicación completa de 1.635 artículos de prensa y censuró y alteró parcialmente otros 6.265 informes periodísticos. Esto significó un promedio de unas 21 intervenciones de censura por día.
El aspecto más insidioso de este aparato, que lo distingue profundamente de otras formas de control estatal, es el mecanismo de la “censura invisible”. Los medios que operan en Israel tienen prohibido legalmente informar a sus lectores o espectadores cuando un artículo ha sido revisado, cuándo ciertos párrafos han sido eliminados o cuando la perspectiva completa de un informe ha sido alterada por la intervención militar. Esto garantiza que el público permanezca completamente ajeno al alcance del control ejercido sobre las noticias que consume. Los medios de comunicación o los reporteros internacionales que decidan desobedecer al censor o que intenten eludir la prohibición informando que han sido silenciados, corren el riesgo de ser arrestados inmediatamente, acusados por difamación criminal o revocada la acreditación periodística y ser expulsados del país.
DIRECTRICES SOBRE LA CENSURA DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ISRAELÍES MARZO DE 2026
Con el inicio de los bombardeos masivos iraníes sobre Tel Aviv, Jerusalén y las bases neurálgicas del desierto del Néguev (entre ellas la importante base aérea de Nevatim) en marzo de 2026, las reglas de la interacción informativa se han reestructurado drásticamente para hacer frente a una amenaza existencial. El actual Censor Jefe de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), el general de brigada Kobi Mandelblit (sucedido o asistido en las directrices operativas por el general Netanel Kula), ha emitido un nuevo conjunto categórico de directrices dirigidas tanto a las redes mediáticas nacionales como a loso corresponsales extranjeros.
Las nuevas disposiciones, comunicadas oficialmente a través de la Oficina de Prensa del Gobierno, no se limitan a prohibir la discusión de planes estratégicos, sino que buscan quirúrgicamente erradicar la producción y el intercambio de cualquier firma visual del conflicto. En un entorno mediático donde las imágenes son la principal fuente de credibilidad periodística, estas directrices explican la aparente anomalía de la falta de vídeos. Concretamente, las prohibiciones impuestas en marzo de 2026 incluyen:
1. La prohibición de la retransmisión en directo del Skyline: Durante los conflictos anteriores (como los enfrentamientos en Gaza o la breve pero intensa guerra de junio de 2025), las cadenas internacionales de televisión mantuvieron cámaras fijas apuntando al horizonte de las ciudades israelíes. Ahora, el ejército ha impuesto una prohibición absoluta de emitir en directo el paisaje urbano o el cielo cuando se activan las sirenas de ataque aéreo para señalar la llegada de misiles balísticos o drones enemigos.
2. La prohibición de documentación de las escuchas: Las espectaculares imágenes nocturnas de misiles interceptores israelíes que trazan estelas luminosas para atacar amenazas entrantes han sido durante años una característica definitoria de la cobertura mediática. Sin embargo, las nuevas directrices consideran la grabación de estas intercepciones como una violación de la seguridad nacional, prohibiendo estrictamente su grabación y emisión.
3. La ocultación de la geolocalización exacta de los impactos: Está absolutamente prohibido filmar o fotografiar los lugares de impacto si se encuentran en o cerca de instalaciones militares, bases de inteligencia o sitios de seguridad. También en los casos en los que las FDI concedan permiso para documentar daños en infraestructuras civiles (como edificios de apartamentos o centros comerciales), se les prohíbe estrictamente a los periodistas mencionar la dirección exacta, enmarcar cruces reconocibles o proporcionar puntos de referencia geográficos.
4. Control sobre el contenido generado por usuarios (UGC): Conscientes de que la falla principal del sistema de censura proviene de ciudadanos comunes, el comando militar emitió severas advertencias a los medios de comunicación profesionales, intimándolos a no republicar, relanzar ni emitir imágenes amateur captadas por plataformas sociales (como Telegram, X o Facebook) sin haber obtenido previamente una autorización formal del censor.
El general Kula explicitó la justificación de estas prohibiciones declarando que su “propósito principal es impedir la asistencia al enemigo en tiempos de guerra, lo que constituye una amenaza tangible para la seguridad del Estado”.
SEGURIDAD OPERATIVA (OPSEC) Y LA NEGACIÓN DE LA EVALUACIÓN DE LOS DAÑOS (BDA)
En la guerra moderna, una fotografía puede proporcionar un mapa telemétrico para los misiles enemigos. El apagón visual impuesto en Israel se basa en dos necesidades tácticas esenciales de supervivencia. Negar a Irán la “Evaluación de los Daños” (BDA) y la calibración de los misiles, habiendo sufrido la destrucción de muchos de sus radares y centros de vigilancia durante los ataques preventivos aliados, Irán está de hecho “ciego” y depende de los vídeos publicados en redes sociales para entender dónde cayeron sus misiles. Los portadores balísticos iraníes tienen un defecto estructural: un elevado “Error Circular Probable” (CEP), es decir, baja precisión. Para compensar esta limitación, aproximadamente la mitad del arsenal lanzado estaba equipado con municiones de racimo. Si un ciudadano o un reportero filmara los cráteres o las submuniciones sin explotar esparcidas por las calles, proporcionaría a la inteligencia iraní el patrón exacto de dispersión. Con esos datos, Teherán podría calcular el error balístico y recalibrar las coordenadas para las oleadas posteriores. El bloqueo visual elimina para Irán su única “mira” de corrección posterior al lanzamiento.
Además, toda la guerra se basa en una ecuación económica bastante simple, en la que Irán lanza enjambres de drones kamikaze Shahed, que cuestan muy poco (entre 20.000 y 50.000 dólares), para agotar las defensas aéreas. Para derribarlos, Israel y Estados Unidos se ven obligados a utilizar interceptores avanzados (como Arrow o Patriot) que cuestan millones de dólares cada uno. Dado que el objetivo de Irán no es solo atacar las ciudades, sino localizar, saturar y destruir valiosos radares enemigos y lanzadores defensivos, la censura interviene para protegerlos. Prohibir los vídeos de intercepciones en el cielo es vital: filmar la brillante estela de un misil defensivo despegando equivale a revelar las coordenadas GPS exactas de esa batería secreta, permitiendo que los enjambres posteriores de drones las mapeen o las eviten, volando en “puntos ciegos”.
EL EMBARGO VISUAL ORBITAL
La formidable red de censura a nivel del terreno, que silencia los smartphones y las cámaras de los reporteros, resultaría ineficaz si el espacio orbital permaneciera transparente. En condiciones normales, los vacíos de información impuestos por los gobiernos totalitarios o por las naciones en guerra son cubiertas por el ecosistema global OSINT, que compra imágenes de altísima resolución de operadores comerciales de satélites. Durante la invasión de Ucrania o en teatros como Sudán, las empresas espaciales privadas han garantizado una transparencia casi en tiempo real.
Sin embargo, en marzo de 2026, toda la región de Medio Oriente fue sometida a un “embargo visual orbital” sin precedentes. Las principales entidades estadounidenses y occidentales de imagen terrestre, lideradas por la californiana Planet Labs y por Vantor (la nueva entidad nacida de la división o adquisición de Maxar), han impuesto voluntaria y proactivamente severas restricciones al acceso a sus bases de datos satelitales para todas las coordenadas geográficas relacionadas con Israel, el Golfo Pérsico, Irán y las bases militares aliadas adyacentes.
El embargo, que originalmente preveía un retraso de 4 días (96 horas) en la publicación de las imágenes, se ha ampliado drásticamente a un periodo de 14 días (dos semanas completas) para todas las nuevas adquisiciones visuales. Esta decisión congeló de hecho la actividad de ONGs, de los académicos y del periodismo de investigación espacial.
La motivación detrás de esta colosal oscurecimiento espacial radica en la evolución de la guerra multidominio. En los primeros días de la Operación Furia Épica/León en Ascenso (que precedió a la fase actual de la guerra), el Comando Espacial de Estados Unidos y la Fuerza Aérea israelí destruyeron y paralizaron quirúrgicamente los centros del comando espacial militar de Irán, negando a la República Islámica la capacidad de realizar en forma autónoma acciones de guerra electrónica, el seguimiento por radar y las acciones de guiado por satélite para sus propios vectores. Al haber perdido sus “ojos” tecnológicos, el IRGC y la inteligencia iraní han recurrido al mercado gris y abierto, intentando comprar conjuntos de datos comerciales occidentales para monitorear en tiempo real el resultado de sus bombardeos sobre Tel Aviv, sobre las bases sauditas o del emirato, o para obtener coordenadas sobre los complejos misilísticos de defensa occidentales.
Temerosos de convertirse en proveedores involuntarios de datos para atacar (“cadena de destrucción”) los misiles de racimo iraníes o de las operaciones de los hutíes contra la navegación y las bases aliadas, Planet Labs y Vantor han bloqueado la captura de píxeles. Mientras tanto, los gobiernos occidentales monitorean atentamente la intervención de terceras potencias espaciales: las agencias de inteligencia han seguido de cerca los movimientos del buque espía chino de última generación “Liaowang-1” (equipado para rastrear misiles balísticos occidentales y la vigilancia avanzada), que aunque se cree que opera en estrecha colaboración con las fuerzas iraníes, análisis recientes del OSINT confirmaron que aún se mantiene en el puerto de Shanghái. La guerra de 2026 ha demostrado que cuando la órbita terrestre baja (LEO) es reconocida como dominio activo de confrontación, los proveedores de imágenes comerciales dejan de ser actores neutrales y se convierten en participantes del sistema de censura operativa.
ARRESTAR A LOS PERIODISTAS QUE NO SIGAN LAS DIRECTRICES
La implementación de las estrictas directrices de apagón visual no se basó únicamente en el cumplimiento voluntario ni en la amenaza de sanciones económicas. El gobierno de coalición israelí, impulsado por los sectores más duros, ha desplegado sus propias agencias de seguridad para suprimir físicamente la documentación de impactos de cohetes en tiempo real, adoptando tácticas que las organizaciones para la defensa de los derechos de los medios de comunicación, como el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) y Reporteros Sin Fronteras han denunciado con alarma.
Pocos días después del inicio de los bombardeos de represalia contra Irán, el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben Gvir, junto con el ministro de Comunicaciones Shlomo Karhi, anunciaron una política despiadada de “tolerancia cero” contra los medios internacionales, prometiendo la detención y el enjuiciamiento penal de cualquiera que difundiera información potencialmente útil para el objetivo enemigo o capaz de sembrar la desconfianza pública. Esta directiva política se tradujo inmediatamente en graves episodios de coacción.
El 3 de marzo de 2026 (cuarto día de la ofensiva iraní “Promesa Verdadera 4”), mientras una violenta oleada de misiles balísticos se abatía sobre el área macro de Tel Aviv, un equipo de televisión del periódico turco CNN Türk realizaba una retransmisión en directo para informar a los espectadores internacionales. Las fuerzas de seguridad israelíes rodearon a los reporteros, interrumpiendo brutalmente la emisión en directo. El corresponsal Emrah Çakmak y su videógrafo Halil Kahraman fueron detenidos por la fuerza, puestos en custodia preventiva, y todo sus instrumentos técnicos, cámaras, micrófonos y dispositivos satélite fueron confiscados inmediatamente.
El aspecto más preocupante del incidente, denunciado posteriormente por el propio Çakmak al CPJ, fue el acceso no autorizado a los datos; supuestamente, las autoridades policiales forzaron los códigos y revisaron el teléfono móvil personal del periodista sin orden judicial y sin consentimiento, presumiblemente buscando contactos o fotos geolocalizadas de los impactos que el reportero podría haber archivado.
La presión sobre los medios de comunicación turcos, considerados hostiles por el gobierno de Jerusalén, continuó el 4 de marzo de 2026, cuando el editor jefe de En Son Haber, İlyas Efe Ünal, junto con el periodista Adem Metan, fueron bloqueados por las autoridades israelíes mientras intentaban cruzar la frontera terrestre desde Egipto. Ambos fueron detenidos, aislados y sometidos a un interrogatorio intenso y pesado durante unas seis horas antes de ser liberados.
La acción represiva no se centró exclusivamente en la red de naciones consideradas políticamente distantes. El 5 de marzo de 2026, en la ciudad costera norteña de Haifa, objetivo frecuente de las incursiones del Líbano y de los vectores iraníes, equipos de la policía municipal llevaron a cabo una operación a gran escala para desmantelar los medios de comunicación. Ordenaron la dispersión inmediata de varios equipos periodísticos pertenecientes a las principales agencias internacionales, incluyendo las cadenas estadounidenses y británicas CNN, Fox News y BBC, así como las emisoras árabes Al-Arabiya y la Agencia Anadolu.
Reporteros altamente experimentados, como Marwan Athamneh (Al-Arabiya) y Samir Abdul-Hadi (Anadolu), protestaron, demostrando que poseían las credenciales necesarias y que habían cumplido escrupulosamente todas las directrices restrictivas de la censura militar. Elocuentemente, aunque un portavoz oficial de la policía incluso admitió públicamente que no existía una base legal real para la expulsión forzosa de los periodistas, las patrullas desplegadas reiteraron las órdenes de desalojo, impidiendo cualquier posibilidad de testimonio independiente sobre los acontecimientos bélicos en la parte norte del país.
A nivel nacional, el control se reveló todavía más opresivo. El conflicto abierto proporcionó el impulso para un control férreo sobre la disidencia digital de la población árabe-israelí y de los palestinos en los territorios. Cientos de civiles y activistas fueron detenidos únicamente por publicaciones, comentarios o compartidos en las redes sociales respecto a los misiles o simpatías hacia las facciones en lucha. Las organizaciones por los derechos civiles han recopilado testimonios de innumerables abusos; un caso emblemático es el del joven de diecisiete años de Jerusalén Este, Omran Okkeh, cuya casa fue atacada por las fuerzas policiales.
Luego la irrupción, los policías le golpearon brutalmente en su dormitorio y posteriormente en el compartimento de pasajeros del coche patrulla; cuando su madre Rola intervino para suplicar clemencia por su hijo sangrante, ella fue brutalmente agredida y arrestada.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 13 de marzo de 2026, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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