Marco Tosatti
Estimados StilumCuriales, Matteo Castagna, a quien agradecemos de corazón, ofrece a vuestra atención estas reflexiones sobre Trump y el rol que está desempeñando el presidente de Estados Unidos. Disfruten la lectura y compartan.
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¿ TRUMP HA SUPERADO A PUTIN EN EL ROL DE REVOLUCIONARIO?
por Matteo Castagna
Alexander Baunov es investigador principal y editor jefe de la revista geopolítica rusa en línea de perspectivas geopolíticas “Carnegie–Russia Eurasia Center”. Ha escrito: “Wikileaks: Diplomacia por la puerta trasera” (Moscú, 2011), “Mif Tesen” (Moscú, 2015) y “El fin del régimen” (Moscú, 2023).
En 2016 ganó un prestigioso premio de la fundación Liberal Mission per Mif Tesen. Políglota, antes de entrar en el mundo del periodismo fue empleado del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. En 2013 fue finalista del premio de periodismo “Polit Prosvet” y al año siguiente presidió el comité de selección del premio.
En un editorial muy interesante publicado el 23 de enero, escribió que “inesperadamente, la América de Trump parece haber reemplazado a la Rusia de Putin en el rol de mayor factor de cambio del mundo”.
Aunque el presidente ruso Vladímir Putin aprecia las soluciones militares, la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos fue, en conjunto, una derrota.
Moscú lo mide todo en su contra, y la captura forzada de un líder considerado un dictador ilegítimo tanto por Estados Unidos como por Europa es preocupante.
Posteriormente, los comentaristas rusos pro-guerra calificaron la captura de Maduro como una acción que Putin debería imitar. Pero Putin no perderá mucho sueño por su opinión. El problema para el Kremlin es qué significa la operación para el comportamiento futuro de Estados Unidos. Al leer los medios extranjeros también se pueden entender las mentiras que cuentan otros: ¿se ha visto alguna vez un país en manos de un dictador, en el cual la prensa es libre para debatir sus opiniones o elecciones?
En primer lugar, argumenta Baunov, “la captura de Maduro fue un ejemplo clásico de duplicidad estadounidense. Unas horas antes de la captura de Maduro, el presidente estadounidense Donald Trump habló por teléfono con el líder venezolano y, aunque aparentemente insatisfecho con la llamada, al menos se comunicó directamente con Maduro como otro jefe de Estado. Pocas horas después, Maduro fue esposado y condenado como narcotraficante.”
Trump también suele hablar por teléfono con Putin y no siempre queda satisfecho con sus conversaciones. El mero hecho de estas interacciones la propaganda rusa lo presenta como un signo de camaradería, un reconocimiento de prestigio y un honor reconocido internacionalmente.
El autor no se anda con rodeos en su periodismo agresivo: “ahora está claro que una llamada telefónica con Trump no significa nada: incluso podría formar parte de una operación que termine con la humillante detención de su interlocutor”.
También preocupa a Putin que la captura de Maduro haya tenido lugar, probablemente, con el consentimiento de parte de su círculo cercano. Los dictadores ancianos temen crónicamente que su séquito sea el foco inevitable de una futura transferencia de poder, y es totalmente posible que un grupo élite pueda usar fuerzas externas para intentar derrotar a otro en la lucha por el trono.
Y aquí, Baunov lanza una puñalada a su presidente: “Putin es un líder anciano, debilitado a ojos de algunos miembros de la élite debido a su incapacidad para ganar la guerra en Ucrania.”
El líder ruso también debe estar profundamente desconcertado por el hecho de que, en lugar de derrocar a todo un régimen bajo el estandarte de la democratización, la administración Trump reemplazó a un líder tóxico, sin deshacerse de su séquito.
Por ahora, todos los nombrados por Maduro han permanecido en el cargo, a cambio de la cooperación con Washington. Para el líder ruso, la traición de Maduro por parte de sus cercanos debe resultar inquietante. La destitución de Maduro también pone en duda la visión del mundo del Kremlin, que se basa en el concepto de “soberanía auténtica”.
Esto significa que los países son clasificados como soberanos o vasallos. Con la excepción de Estados Unidos, todos los países que forman parte del “Occidente colectivo” son vasallos, independientemente de su tamaño o de su poder.
Los genuinamente soberanos son los que están en conflicto con el “Occidente colectivo”. Los requisitos para ser un Estado verdaderamente soberano, según Moscú, son muy simples: desafiar al “Occidente colectivo”, idealmente confiando en Rusia y China. Si los países siguen este camino, su soberanía está garantizada.
“Sin embargo”, observa el editor jefe de Carnegie, “este es exactamente el comportamiento de Venezuela, y hasta el momento de la destitución de Maduro, los propagandistas rusos proclamaban que nadie se atrevería a tocarle. Luego su soberanía se desintegró de un día para otro, y el partido gobernante, la burocracia del país y su aparato de seguridad se volvieron de repente flexibles, cediendo el acceso a las reservas de petróleo a Estados Unidos, permitiendo que empresas estadounidenses extraigan petróleo, liberando a algunos presos políticos y coordinando la formulación de políticas con el Departamento de Estado estadounidense”.
Es probable, por supuesto, que los miembros de la dirigencia máxima que permanecieron en el poder intenten corromper a la administración Trump con concesiones mínimas, mientras mantienen su poder y su privilegios. Al mismo tiempo, el régimen venezolano abandonará su retórica provocadora hacia Estados Unidos y su ostentosa amistad con China y Rusia.
En consecuencia, según el pensamiento del Kremlin, dejará de ser verdaderamente soberano. En otras palabras, Caracas se ha comportado con Washington mucho más vasallo que cualquier miembro del “Occidente colectivo”.
La diferencia es especialmente evidente porque, al mismo tiempo, Europa estaba probando simbólicamente el poder de la disuasión militar contra las ambiciones territoriales estadounidenses en Groenlandia.
El deterioro de las relaciones transatlánticas actualmente en curso sobre el futuro de Groenlandia supera todo lo que Putin podría haber esperado en sus sueños más salvajes, aunque es cierto que es poco probable que al líder ruso le entusiasme que Trump señale a Rusia y China como los países de los que debe defenderse Estados Unidos continental (la justificación para hacer de la adquisición de Groenlandia una prioridad de seguridad nacional).
En este sentido, Trump y sus seguidores están canalizando el legado de la Guerra Fría, perdida por Rusia.
Al mismo tiempo, el Kremlin considera que gran parte de esta retórica (al menos en lo que respecta a Rusia) es puramente teatral. Al fin y al cabo, Putin recibió recientemente una invitación de Trump para unirse a su ONU personal: el Consejo para la Paz. Si Washington renunciara realmente a la causa de promover la democracia, Rusia dejaría de ser un enemigo ideológico. Y Trump y Putin tienen muchos enemigos en común.
El periodista sigue diciendo que “a pesar de esto, a Putin, como autoproclamado protector del Sur Global frente al imperialismo occidental, le resultará difícil ignorar el hecho de que las víctimas más probables del poder duro estadounidense provienen precisamente de ese Sur Global. Y Trump no es más favorable a los bloques antioccidentales como el grupo BRICS de países en desarrollo tanto como lo es a la Unión Europea.
Por un lado, Trump está atacando a los aliados de Rusia, y también a los de Estados Unidos, bajo el pretexto de defender a Estados Unidos de Rusia. Por otro lado, humilló a sus aliados como ningún otro líder estadounidense antes que él. Está destruyendo el orden mundial centrado en el Occidente que Moscú tanto desprecia, pero está legitimando en el escenario internacional comportamientos que el propio Kremlin ya ha utilizado antes, pero que se consideraban arriesgados”.
Por supuesto, Moscú tiene la obligación de denunciar la agresión contra aliados como Maduro y el líder iraní Ali Jamenei, pero ser demasiado directo sólo subrayaría su debilidad. Como de costumbre, la reacción de Rusia ante la captura de Maduro ha sido doble.
El ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, como policía malo, condenó la operación, mientras que los policías buenos Kirill Dmitriev, jefe del Fondo ruso para Inversiones Directas e interlocutor clave de la Casa Blanca, y, en menor medida, el asesor de política exterior del Kremlin Yuri Ushakov, continuaron elogiando a Trump y expresando comprensión por sus motivos.
Putin permaneció en silencio: durante una recepción para embajadores extranjeros, incluso se abstuvo de criticar la captura de Maduro.
Pero el “revolucionario” Trump es una fuente de grave preocupación para Moscú, debido a la naturaleza indiscriminada de su revolución. Al fin y al cabo, no hay garantía de que la energía destructiva de Trump sólo se utilice en beneficio de Moscú.
Al atacar el orden mundial, Rusia quiere debilitar a Occidente. Pero con Trump, cualquiera podría verse debilitado. En los últimos años, el Kremlin se ha acostumbrado a la idea de que el principal activo de Rusia no es tanto su poder militar en sí, sino la imprevisibilidad con la que lo utiliza: en otras palabras, su propensión a comportarse en forma provocativa, a asumir riesgos, a romper las reglas y a sufrir más bajas que el enemigo.
Inesperadamente, la América de Trump parece haber reemplazado a la Rusia de Putin como principal elemento disruptivo del mundo. Trump ha reutilizado muchas de las tácticas que hicieron a Moscú tan efectiva y, con más recursos y ambición, ahora puede emplearlas a una escala mucho mayor.
Publicado en italiano por Marco Tosatti el 24 de enero de 2026, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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