El genocidio silencioso: la masacre de los niños no nacidos. José Arturo Quarracino.

Marco Tosatti

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, José Arturo Quarracino, a quien agradecemos de corazón, les ofrece estas reflexiones sobre el verdadero y gigantesco drama de nuestra sociedad y de nuestro tiempo. Que disfruten de la lectura y la difusión.

§§§

El Genocidio silencioso: la masacre de los niños por nacer

Los medios de comunicación no se cansan de difundir la violencia visible desatada a niveles diabólicos, pero nada dicen ni informan de la peor de las violencias instauradas ilegalmente y en silencio a nivel mundial: el genocidio de los niños en el vientre materno, asesinados antes de nacer

 

En el siglo IV a.C., el filósofo ateniense Platón publicó uno de sus textos más famosos, una obra monumental en la historia de la Filosofía: Πολιτεία -literalmente, organización o régimen de gobierno de la πόλις-, que al ser traducido al latín se le dio el título de Res Publica, es decir, la Cosa Pública, la vida en comunidad del Imperio Romano, expresión de la cual deriva el término español República.

Históricamente hablando, este antiquísimo libro platónico es el primer texto filosófico que presenta en forma detallada y minuciosa no sólo la forma y estructura que debe tener la vida en común de un pueblo, sino fundamentalmente la base y fundamento sobre las cuales se debe erigir tal comunidad. Para Platón, la Justicia es el principio rector y guía que debe

determinar la organización de la vida en común, entendida como la virtud que ordena y organiza armónicamente los distintos estamentos de la vida en común, configurándola como un cuerpo jerárquico, único e íntegro, que tiene como objetivo que todos sus miembros sin excepción vivan en plenitud y en un estado de felicidad perfecta. En este contexto, la fe religiosa constituye el principio espiritual sobre el cual se edifica la comunidad, como fuente de los valores y principios que deben sustentar la vida cotidiana.

En este Estado platónico, la violencia no forma parte de ella, es un mal a extirpar siempre. Pero el filósofo no deja de reconocer que existe de hecho la violencia externa, de la cual la comunidad está obligada a defenderse.

 

Han pasado ya casi 25 siglos de la propuesta de Platón, con toda una serie de circunstancias y vicisitudes históricas y políticas que han dado lugar a la conformación de diferentes expresiones, según las edades o épocas históricas. Pero es a partir de mediados del siglo pasado que estamos viviendo un cambio de época que no tiene ningún vínculo con todo el pasado histórico de las civilizaciones o que directamente “avanza” a contramano, hacia la barbarie. Es una nueva época -con un título provisorio como postmodernidad o transhumanismo- impulsada por un Poder globalista transnacional, para el cual la base y fundamento del nuevo orden mundial que pretende imponer no es la Justicia, sino el genocidio más espantoso, cruel e inhumano que haya conocido la humanidad: el asesinato anual por millones de seres humanos a quienes se les impide llegar a la existencia fuera del seno materno.

El pretexto para ejecutar desde hace 60 años este genocidio en forma continua e ininterrumpida ha sido y sigue siendo el “derecho” inventado por quienes se autoperciben como los amos del Universo, según el cual “es un derecho humano básico de los padres decidir la cantidad de hijos que quiere tener y el espaciamiento entre ellos”, para que “cada uno pueda realizar su dignidad individual y alcanzar su pleno potencial” (John Davison Rockefeller III, Declaración sobre Población por Líderes mundiales, 1966[1]).

Se trata de un “derecho” que no tiene ninguna base ni justificación en la Historia universal, que no ha sido instituido por ninguna Tradición jurídica histórica, y que incluso no ha sido definido como tal en ningún Tratado internacional vinculante, es decir, no existe como derecho, aunque se lo invoque permanentemente.

¿Cuál es el justificativo que se ha invocado para llevar a cabo este genocidio planificado por la plutocracia globalista? Que la llegada sin control de hijos al mundo “pone en peligro la paz mundial”[2]. Para este Poder criminal, lo que todas las culturas históricas -incluso las pre bíblicas- han considerado desde la Antigüedad la bendición divina por excelencia -los hijos- se han convertido en los malditos de la Tierra que deben ser eliminados indefectiblemente sí o sí.

El problema que ha suscitado a escala global este genocidio planificado es que la mayor parte de las naciones del mundo están padeciendo el proceso que se conoce como invierno demográfico, es decir, el envejecimiento de la población, en la que es cada vez mayor el número de adultos y ancianos en el mundo, mientras disminuye la cantidad de niños y adolescentes menores de 15 años. Un proceso que el papa San Juan Pablo II definió en una de sus encíclicas como un verdadero Holocausto demográfico.

No se trata de una figura poética o dramática, para impresionar. La misma Organización Mundial de la Salud y Naciones Unidas reconocen que en los últimos años han sido asesinados anualmente unos 73 millones de seres humanos antes de nacer[3]. ¿Por qué? Porque no se desea que existan, pese a que nunca el deseo es fuente de un derecho.

Este invierno (u holocausto) demográfico es consecuencia directa y resultado del genocidio prenatal planificado. Ya había sido señalado a comienzos de la primera década del nuevo milenio por informes oficiales de Naciones Unidas, pero lejos de abordar el problema y buscar solucionarlo este organismo internacional -y las instituciones vinculadas a él- siguió promoviendo, promocionando y subsidiando a escala planetaria el proyecto antinatalista que hemos mencionado, asumido como política de Estado también por la gran mayoría de los países del mundo. Un claro ejemplo de esta actitud contradictoria (¿o esquizofrénica) lo constituye el documento presentado en el año 2010 por la División de Población del Departamento para los Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, titulado World Population Ageing 2009, según el cual:

“1) El actual envejecimiento poblacional no tiene precedentes, es un proceso sin parangón en la historia de la humanidad.

2) El envejecimiento poblacional es invasivo y abarca a casi todas las naciones del mundo.

3) El envejecimiento poblacional es profundo y llevará a profundas consecuencias e implicancias para todos los aspectos de la vida humana.

4) El envejecimiento poblacional es duradero. En tanto que la mortalidad senil seguirá decreciendo y la fertilidad permanecerá baja, la proporción de las personas ancianas seguirá creciendo”.

En otras palabras, concluye el informe, “la población de edad avanzada está creciendo a un ritmo considerablemente más rápido que la de la población total del mundo. En términos absolutos, el número de personas de edad se ha más que triplicado desde 1950 y casi se triplicará de nuevo para 2050. En términos relativos, se prevé que el porcentaje de personas de edad se duplique en todo el mundo para mediados de este siglo”. En datos concretos, “el siglo XXI será testigo de un envejecimiento de la población aún más rápido que el siglo XX. En todo el mundo, el porcentaje de la población de 60 años o más aumentó en 3 puntos, del 8 al 11 por ciento, entre 1950 y 2009. Hasta mediados del siglo XXI, se prevé que ese porcentaje aumente en 11 puntos porcentuales, hasta el 22%. Para entonces, la población de las regiones menos desarrolladas tendrá aproximadamente el mismo porcentaje de personas de 60 años o más que el porcentaje actual en las regiones más desarrolladas. Los países en desarrollo alcanzarán esa etapa en un período más corto que el requerido por las regiones más desarrolladas”[4].

Pero pese a esta evaluación negativa, Naciones Unidas y los países vinculados a ella no afrontaron el problema, sino que lo profundizaron más todavía, obedeciendo a los dueños y promotores del genocidio prenatal planificado: la plutocracia globalista angloamericana, con uno de los miembros de la familia Rockefeller -John Davison Rockefeller III- como factótum e impulsor de la masacre prenatal a nivel mundial, en el contexto de la imposición de un “Nuevo Orden Mundial” en el cual ya no es la Justicia o lo Justo el principio supremo como fundamento de la vida en común, sino el asesinato liso y llano de los hijos por nacer, que son los seres humanos más inocentes -no han cometido ningún delito- e indefensos de todos -no tienen forma de escapar de la pena de muerte ejecutada en el vientre materno.

Paradójicamente, mientras este océano de sangre baña al mundo, para los grandes medios de comunicación el tema no existe. Pero a nivel mediático sí impacta el asesinato de un dirigente importante; sí repugna con justa razón a la conciencia pública el asesinato masivo de mujeres y niños en distintas partes del mundo; sí se repudian los atentados públicos a la luz del día.

Pero las autoridades políticas mundiales no sólo se muestran impotentes para detener tanta locura, sino que además les resulta indiferente e intrascendente el genocidio prenatal planetario en marcha, aunque se proclamen “provida”. Dicen que pretenden pacificar el mundo y poner orden en sus respectivos países, pero ante el genocidio infame de los niños por nacer hoy no mueven un dedo, incluidas las Jerarquías religiosas, ocupadas en otras agendas mundanas, totalmente silentes antes la masacre.

Así, no hay futuro para nadie, excepto para los dueños de la agenda genocida: la Plutocracia globalista corporativa. Porque como dice la Madre Teresa de Calcuta, “el mayor destructor de la paz hoy en día es el aborto, porque es la guerra en contra los niños, el asesinato directo de los inocentes, el asesinato de la Madre en contra de sí misma”, es decir, el aborto “es el mayor destructor de la paz hoy en día”, porque además “ha cegado a la gente”[5].

 

 

 



[1] En https://growthmadness.org/wp-content/uploads/2010/02/population-statement-from-world-leaders.pdf. Este texto fue originalmente redactado por John Davison Rockefeller III y firmado posteriormente por los principales líderes mundiales de la década de 1960, para acompañar el plan de control de la natalidad a nivel mundial. Se trataba de un proyecto corporativo privado, con apoyo político y financiero de los Estados firmantes.

[2] Ibidem.

[5] Madre Teresa de Calcuta, Con ocasión del Desayuno de Oración Nacional, el 4 de febrero de 1994, en Washington, D.C: https://webcatolicodejavier.org/discursomadreteresaaborto.html.

§§§

Aiutate Stilum Curiae

IBAN: IT79N0200805319000400690898

BIC/SWIFT: UNCRITM1E35

ATTENZIONE:

L’IBAN INDICATO NELLA FOTO A DESTRA E’ OBSOLETO.

QUELLO GIUSTO E’:

IBAN: IT79N0200805319000400690898

***

Se hai letto « El genocidio silencioso: la masacre de los niños no nacidos. José Arturo Quarracino. » ti può interessare:

Torna in alto