Marco Tosatti
Estimados StilumCuriales, el padre Marco Begato, a quien agradecemos de todo corazón, ofrece a vuestra atención estas reflexiones sobre algunas tendencias presentes en el mundo católico de América Latina. Disfruten la lectura y compartan.
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John Horvat, miembro destacado del TFP estadounidense, resaltó un aspecto importante de la cultura sudamericana, útil para reconstruir la evolución cultural de este continente tanto desde una perspectiva civil como religiosa, con importantes implicaciones para el futuro de estos pueblos (https://www.atfp.it/notizie/
La tesis central se refiere a la integración de “elementos paganos y tribales” en los programas de la Izquierda y de sus ideólogos. La opción se remonta, como muchas otras, a los fatídicos años Setenta: “en ese momento, los marxistas… promovieron una corriente mucho más radical de pensamiento marxista que incorporaba las prácticas indígenas en su propia lucha”. El resultado fue un movimiento que trascendió lo político y se estableció a nivel cultural, convirtiéndose en todos los casos en un ante litteram de las corrientes Woke hoy de moda.
Otro aspecto debe interesarnos, y es la alianza de los marxistas con “figuras clave del movimiento católico de la teología de la liberación”. Mientras en Italia Gramsci guió el giro comunista, llevando la revolución de las fábricas a las universidades y comenzando el proceso de conquista de cátedras y de nuevos maestros del pensamiento, en Sudamérica los marxistas arrastraron a los teólogos de la liberación a la aventura tribal.
Se pueden extraer dos ideas sencillas de esto.
La primera es que el colapso de la Iglesia, la gran crisis por la que muchos lloran hoy, se debió a una concurrencia culpable de los propios hombres de la Iglesia: en Italia se involucraron en el fenómeno de los sacerdotes-obreros, mientras que los rojos tomaron el control de las universidades; en América Latina se sometieron al ritmo de estos últimos en su ascenso cultural y tribal.
La segunda –más sutil, y que aquí no tenemos espacio para debatir– es que la empresa comunista atea sigue siendo una expresión paradójica de teología y religiosidad, capaz precisamente de emerger sólo en la sustracción o sumisión de las teologías tradicionales fuertes.
Volviendo a Horvat, descubrimos que la elección de esta estrategia marxista se debió al hecho que “las tribus latinoamericanas están mucho más cerca del ideal comunista respecto a los obreros industriales. Las tribus no tienen propiedad privada ni moral religiosa. En la vida tribal prevalecen la igualdad y la libertad”.
Elementos que encajan muy bien tanto con la antropología materialista de los comunistas así como con los proyectos de ingeniería social anti familia de los liberales.
El mismo Plinio Corrêa de Oliveira sacó a la luz a estos personajes:
“Escúchenlos mientras predican el desmantelamiento de la familia y de la sociedad contemporánea, la extinción de la modestia y la muerte de toda la tradición cristiana. Escúchenlos mientras acusan a los colonos blancos de ser opresores tiránicos y ladrones sedientos de sangre” (Tribalismo indígena, ideal misionero comunal para el Brasil del siglo XXI).
En el fondo, estas son —y lo anticipábamos antes— las razones por las que el socialismo, en sus distintas latitudes, se llevará igual de bien con las “poblaciones indígenas” como con la “comunidad LGBTQ”.
Que se diga de paso, al menos para los católicos bienintencionados que escuchan, que esta promoción de la tribalidad tiene lugar en una clave evidentemente instrumental: es decir, los pobres indígenas son implicados y explotados como parte de un nuevo proceso revolucionario y no como destinatarios de una atención desinteresada. ¿Y cómo no iba a ser así? En los sistemas ideológicos modernos, el hombre nunca es el destinatario, sino siempre el momento, la fase, el objeto en la transición dialéctica hacia la idealidad completa.
Además, la Doctrina Social ha enseñado, desde su creación en 1891, que los católicos están obligados a esforzarse para proponer autónomamente una forma propia de cuidar a los pobres, sin plegarse jamás a las políticas ambiguas de las demás ideologías dominantes. Desgraciadamente, este esfuerzo ha sido ignorado por muchos católicos, y esto ha sido así desde los años de la Rerum Novarum, desde luego no desde hoy.
Para concluir, Horvat también denuncia la intrusión de “ceremonias paganas” que “ahora se celebran en edificios gubernamentales y en asambleas públicas”. Se documenta la exaltación de la “Santería, que a menudo implica sacrificios animales controvertidos” y “ofrendas a la diosa de la tierra Pachamama”. Todo esto mientras se suprimen tradiciones cristianas suprimidas y la Biblia es expulsada de los tribunales. Y de nuevo la moda parece extenderse en las zonas mesoamericanas, donde “las religiones indígenas mexicanas eran especialmente famosas por el uso de sacrificios humanos ofrecidos a los dioses”.
Este énfasis también es notable: mientras el progresismo cristiano desatiende los deberes litúrgicos de la latría, plegándose a compromisos con las ideologías del mundo, pronto se ve enredado en nuevas formas de sujeción cultual y, sin embargo, idólatra.
Una vez más, en todo esto son los pobres y el pueblo de Dios quienes sufren las peores y más hipócritas consecuencias.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 19 de octubre de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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