Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, Cinzi Notaro, a quien agradecemos sinceramente, ofrece a vuestra atención esta entrevista con el Dr. Roberto Pecchioli. Disfruten la lectura y compartan.
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Internet: desde los orígenes militares hasta el control digital
Internet: desde los orígenes militares hasta la sociedad digital Miles de millones de personas utilizan Internet como instrumento de comunicación e información. Sin embargo, sus orígenes siguen siendo objeto de debate entre estudiosos y observadores. Algunos enfatizan el rol predominante de la investigación militar estadounidense, mientras que otros destacan la contribución fundamental del mundo académico y de la colaboración científica. Con el Dr. Roberto Pecchioli, ensayista, intentaremos recorrer las raíces históricas de Internet, su evolución a lo largo del tiempo y profundizar respecto a la relación entre tecnología, poder, seguridad y libertad.
En un artículo se afirma que Internet tuvo un origen predominantemente militar. ¿Qué tan correcta considera usted esta reconstrucción?
Se sabe que Internet se desarrolló a partir de un programa de la agencia militar estadounidense ARPA en colaboración con varias universidades. De Arpa nació Arpanet y la fatídica fecha es 1969, con un prototipo de conexión entre calculadoras, estudiada y construida en las universidades californianas de Santa Bárbara, Los Ángeles, Salt Lake City y en el Centro de Investigación de la Universidad de Stanford. El origen de Internet es a largo plazo; desde Arpa hasta Arpanet (red Arpa), son las etapas de una estructura compleja que se desarrollará a un ritmo exponencial y se perfeccionará en las tecnologías, en los protocolos de comunicación y en los métodos de conexión, todos elementos que generarán el Internet moderno. El objetivo inicial era conectar todos los generadores electrónicos del ejército estadounidense y del Estado profundo en un sistema externamente impermeable, en condiciones de interactuar muy rápidamente. Nada nuevo ni extraño: un gran número de inventos y tecnologías han nacido, han sido pensadas o desarrolladas en el ámbito militar. El hombre es un animal de presa y tiende a usar su ingenio contra los otros hombres. Sólo más tarde el uso de muchas innovaciones e inventos técnicos se convirtieron en patrimonio del sistema civil. Esto también ocurrió con la energía atómica, que puede servir para arrasar naciones, pero también para multiplicar las posibilidades industriales y energéticas de quienes saben cómo explotarla.
¿Cuánto han influido las necesidades militares en el desarrollo de Internet en comparación con la investigación académica?
Como dije antes, las exigencias detrás del proyecto Arpanet, el padre de Internet, eran principalmente militares: un sistema impermeable en condiciones de construir una cadena de mando y comunicación entre militares o sujetos reservados por Estados Unidos y algunos aliados. Pronto se comprendió que el alcance de los descubrimientos, unido a la creciente velocidad de los ordenadores y a la difusión planetaria de las computadoras, cambiarían el mundo con repercusiones económicas incalculables que el sistema ciertamente no podía limitar al ámbito militar. Junto con el descubrimiento de la rueda, de la máquina de vapor o la dominación de la electricidad que venció a la oscuridad, Internet es uno de los inventos más extraordinarios de la historia humana. Todo depende después del uso que se hace de ello, de quién lo controla y lo posee.
¿Cuál es la narrativa más difundida sobre el nacimiento de Internet y qué aspectos, en su opinión, se pasan a menudo por alto?
La narrativa de la que hemos hablado es sustancialmente verídica. Lo que se mantiene en silencio, como mencioné al principio, es el hecho de que los descubrimientos, las tecnologías y los inventos nunca son neutros: responden al ansia de descubrimientos por parte del ser humano, pero tienen amos. En el caso de Internet y de los conocimientos que la hizo posible, ha llegado a ser cada vez más generalizada la capacidad de control permitida por la conexión simultánea de millones de computadoras y, por supuesto, la riqueza de quienes han podido patentar sus descubrimientos, sustrayéndolos de la posibilidad de ser administrados pública o socialmente y del simple control. Un ejemplo es la capacidad de los gigantes tecnológicos —que son los grandes usuarios de Internet pero también parte de la cadena de mando— para producir la primera censura privatizada de la historia, que tiende a excluir a quienes cuestionan el globalismo progresista liberal, la ideología no oficial del Occidente posmoderno. Una especie de realización práctica masiva de los “espíritus animales” del capitalismo de los que habló Joseph Schiumpeter.
¿Considera usted que los orígenes de Internet siguen teniendo consecuencias sobre la forma en que funciona actualmente la red?
Evidentemente. Hoy la Red, formada por un entramado formidable de hubs (nodos, centros de clasificación) conectados a la red telefónica global y local, es una especie de Aleph disponible para quienes controlan y poseen el nivel máximo de Internet, Estados Unidos, Israel, los gigantes Fintech y ahora también China. En la famosa historia de Jorge Luis Borges, el Aleph es “el lugar donde se encuentran todos los lugares de la tierra, sin confundirse, visto desde todos los ángulos”. Hoy en día, existe realmente y es la web. Es obvio que quienes la promovieron, inventaron y la pusieron a disposición pretenden preservar sus ventajas y convertirla en un instrumento de su propia voluntad de poder, en perjuicio de todos los demás.
¿Ha cambiado la relación entre tecnología, Inteligencia y poder político o continúa la misma lógica?
Pienso que las lógicas de fondo son las mismas desde hace mucho tiempo. La diferencia es la alianza entre un conglomerado de fuerzas estatales, estructuras confidenciales y un formidable bulto militar, industrial, económico y financiero mayormente privado. Un presidente estadounidense, Dwight Eisenhower, fue el primero en hablar de ello en su discurso de enero de 1961, en el que se despidió de la Casa Blanca, advirtiendo del peligro para el sistema político, las libertades y los propios procedimientos de la democracia representativa, de ese nuevo poder que se estaba formando. Y en ese momento estaba muy lejos la era del silicio, Internet, la revolución transhumana y posthumana de la Inteligencia Artificial. Como repito, el punto más perturbador es la capacidad de control individualizado sobre nosotros, nuestros actos, nuestro pensamiento y pronto nuestra conciencia. Internet es una oportunidad magnífica con múltiples peligros, vinculados a la naturaleza del poder en cada momento y lugar.
¿Las grandes plataformas digitales representan hoy un nuevo centro de poder? ¿En qué sentido? ¿Quién controla realmente Internet hoy en día: los Estados, las empresas o ninguno de ellos?
Las plataformas digitales han revolucionado todo, desde el comercio (véase Amazon) hasta cualquier otro modelo y modelos de comportamiento. Han creado un sistema de comunicación inmediata formalmente abierto a todos en el que, sin embargo, desaparecen la privacidad, la confidencialidad y la comunidad real. La victoria de lo virtual, unida a la extraordinaria capitalización de unas pocas decenas de sujetos mucho más poderosos que los Estados nacionales, hace efectivamente que la dimensión pública y el control político y popular sean imposibles. La red desterritorializa, conecta a todos al instante, pero en realidad hoy, en su interacción con las nuevas tecnologías que ha permitido, es un inmenso poder centralizado hacia lo alto. El impacto económico es el mismo: nunca ha habido una distancia tan grande —injusta e intolerable— entre quienes lo poseen todo, incluso a través de las nuevas tecnologías, y miles de millones de seres humanos reducidos a átomos solitarios y fungibles. El principio es follow the money, seguir el dinero. La plutocracia, reforzada por la tecnología, es más fuerte que los Estados, también en aquellos en los que tiene su sede y su propia cadena de mando, que tienden a convertirse en sus instrumentos.
¿La red sigue siendo un instrumento de libertad o se está convirtiendo cada vez más en un instrumento de control?
Las oportunidades que ha ofrecido y sigue ofreciendo son extraordinarias. Nosotros mismos no podríamos difundir este diálogo sin Internet. Sin embargo, todo está vinculado al control desde lo alto, a la vigilancia remota y a la autocensura que nos imponemos por miedo a ser “prohibidos”, es decir, prohibidos. La capacidad de llegar a cualquiera atribuyéndole el disenso respecto a las ideas dominantes, es decir, a las de la clase dominante globalista, ahora dueña de todo, constituye el instrumento más poderoso de control y, en consecuencia, de estabilización del poder en la historia.
¿Cuáles son, en su opinión, los principales mitos que hay que desmentir sobre el nacimiento y la evolución de Internet?
El mito del carácter democrático de Internet, de su naturaleza abierta. Nacida como un instrumento militar, abre o cierra grietas y cavidades sobre la base de los intereses de quienes poseen la red. Desgraciadamente, estamos viviendo una fase de cierre progresivo, también a nivel legislativo. Pero aunque las leyes de los Estados fueran en otra dirección, ¿quién tendría el poder de dar instrucciones a un sistema en gran medida desterritorializado y financieramente omnipotente, cuyos niveles superiores se sitúan en la opaca zona en la que las oligarquías industriales, financieras y tecnológicas se entrecruzan con los sectores más reservados de los aparatos de algunos Estados? Ahora ellos mismos se comunican y actúan en la dark web, la red oscura, donde tienen lugar transacciones indescriptibles y desde donde se ejerce el poder real sobre el mundo.
¿Hay algún aspecto histórico sobre los orígenes de Internet que usted considere fundamental conocer para comprender el presente?
Su génesis militar, es decir, la alianza entre la ciencia, la tecnología y la voluntad de poder de algunos. La dimensión militar, sea como sea que se la evalúe, siempre está ligada a la guerra, es decir, a una concepción del ser humano en la que algunos –por dinero, habilidades técnicas, voluntad de dominio– aplastan, destruyen a todos los demás. Todo esto hoy también a través de instrumentos como Internet que aparentemente representan apertura, conocimiento y conexión. Los hilos de la red son tirados por alguien, por eso la red no es neutra, como toda tecnología. Con mucho retraso y desde una perspectiva muy poco abierta a lo trascendente, el Vaticano también vino a nosotros, con la reciente encíclica Magnifica Humanitas.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 21 de julio de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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