Marco Tosatti
Estimados StilumCuriales, Cinzia Notaro, a quien agradecemos de todo corazón, ofrece a vuestra atención esta entrevista con el Dr. Roberto Pecchioli. Disfruten la lectura y difundan.
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USRAEL: EL IMPERIO DE DOS CABEZAS
Entrevistamos a Roberto Pecchioli, ensayista que se dedica al análisis y profundización de temas geopolíticos, económicos y sociales para comprender el significado de algunas propuestas contenidas en el proyecto de ley sobre el presupuesto anual de defensa de Estados Unidos (Ley de Autorización de Defensa Nacional, sección 224), y verificar cuál es el verdadero nivel de cooperación entre Estados Unidos e Israel y si el uso del término “USrael” está bien fundamentado.
Dra. Pecchioli, en su opinión, ¿es diferente la relación entre Estados Unidos e Israel de la que Estados Unidos entreteje con otros aliados? Si es así, ¿en qué aspectos?
Sin duda, la relación entre Estados Unidos e Israel es diferente de todas las que Estados Unidos mantiene con sus aliados, que en realidad son súbditos más o menos importantes. Lo mismo vale para Israel, que no tiene amigos, aliados ni financiadores tan importantes como los estadounidenses. La presencia en Estados Unidos de la mayor comunidad judía del mundo es importante, pero lo que más importa sobre todo es el poder del aparato industrial, militar y financiero estadounidense, en el que cuentan mucho los israelitas en América, extendido a la industria y la tecnología hasta los grandes centros de entretenimiento (Hollywood y grandes musicales) en los que el componente judío es determinante. Sin embargo, esta realidad no es suficiente para explicar la relación especial entre ambos Estados, basada en la comunión de intereses geopolíticos y en la categoría espuria de Occidente. No olvidemos que para una parte importante de la política —estadounidense y europea— Israel es considerado el centinela, el guardián de los principios (y de los intereses) occidentales en Medio Oriente.
¿Hay elementos que hacen pensar en una integración particularmente estrecha entre las instituciones de ambos países, o usted considera que se trata de una alianza estratégica normal?
Ya de la respuesta a la pregunta anterior está claro que existe una integración profunda y ramificada entre Estados Unidos e Israel. Esto es particularmente evidente en las estructuras de Inteligencia, pero se da resulta en el rol decisivo de Tel Aviv en la cadena de mando de Internet (con todas las implicaciones en términos de información y vigilancia) y, por el contrario, en el hecho de que Estados Unidos considera a Israel como el Estado número cincuenta y uno de la Unión. A veces -y en la crisis de Gaza y en el conflicto iraní- se tuvo la impresión contraria, a saber, que fue Israel quien lideró a su gigantesco aliado en las decisiones estratégicas, geopolíticas y militares, así como en la decisión de decapitar físicamente a los líderes políticos y militares de los países enemigos, utilizando capacidades de Inteligencia consolidadas e infiltrados al más alto nivel.
¿En qué sectores es más evidente la colaboración entre Estados Unidos e Israel: Defensa, Inteligencia, tecnología, economía o política exterior? ¿Usted considera que esta relación se ha fortalecido en las últimas décadas? Si es así, ¿cuáles fueron los pasos más significativos?
Todas los sectores que usted citó son objeto de la colaboración más intensa entre Estados Unidos e Israel, aunque no pasaría por alto el rol de Inglaterra como segundo gran aliado del Estado judío. Y hablo de un Estado judío porque es así como se define Israel, a pesar de la presencia de al menos una cuarta parte de la población de origen árabe o no judío. Esto tiende a hacer que la narrativa de Israel como “única democracia” en su área regional sea al menos propagandística, ya que en la tradición liberal clásica no es la religión ni el origen étnico la base del Estado. Originalmente, Israel podía contar con el apoyo de las dos potencias coloniales europeas, Francia e Inglaterra. Fue luego de la crisis de Suez en los años 50’ que Estados Unidos tomó el lugar de Inglaterra como poder tutor del recién nacido Estado de Israel (1948). No olvidemos que fue la elección imperial británica —unida a las presiones de la poderosísima familia Rothschild, reina de las finanzas y monopolista del mercado del oro—la que permitió al sionismo, a la ideología secular y nacionalista desarrollada en Europa desde la segunda mitad del siglo XIX en las comunidades judías, que hiciera realidad el nacimiento de un Estado judío en el territorio de origen histórico abandonado durante casi dos milenios. Estados Unidos ha sustituido a Inglaterra en términos imperiales y sus intereses –energéticos y políticos– preceden a la cuña israelí en esa zona del mundo. Luego armaron a Israel —no faltaban fondos a las finanzas—, promovieron la emigración judía a su tierra natal y apoyaron al nuevo Estado en las guerras y en las operaciones con las que expulsaron a gran parte de las poblaciones asentadas en el territorio asignado por la voluntad occidental. La colaboración militar e industrial evolucionó después hacia el campo tecnológico, que ahora es decisivo en términos económicos, militares y políticos.
¿Hay documentos, acuerdos o decisiones políticas que, en su opinión, ayuden a comprender mejor la naturaleza de esta relación?
Las decisiones “políticas” han sido el apoyo económico, militar y de Inteligencia a todas las guerras de Israel, el bloqueo estadounidense en la ONU de cualquier resolución a favor del pueblo palestino o del fin de la ocupación militar de territorios como Cisjordania, el Sinaí y los Altos del Golán. La otra iniciativa común fue la política de dividir el vasto mundo árabe circundante, progresivamente atraído a la órbita occidental como resultado de acuerdos, pero también de revoluciones “de color” hetero-dirigidas y de guerras reales, como en Irak. Esto erosionó el consenso árabe y musulmán respecto a la causa palestina, fortaleciendo enormemente a Israel, que no dejó de consolidar su poderoso aparato militar, sólo superado por la indudable eficiencia de sus servicios confidenciales (Mossad y Shin Bet). Sin embargo, en última instancia, las guerras en Líbano, la vitalidad de Hezbolá y el protagonismo iraní han socavado el aura de invencibilidad militar de Israel.
En su opinión, ¿existe una relación privilegiada entre Estados Unidos e Israel en comparación con otras alianzas internacionales? Si es así, ¿en qué consiste? Según usted, ¿existen límites o divergencias importantes entre ambos países que a menudo se pasan por alto en el debate público? ¿Cuáles son los intereses que más unen a estos dos países? ¿Qué rol desempeñan las industrias de defensa en la relación entre Estados Unidos e Israel?
La relación privilegiada entre Estados Unidos e Israel reside en los hechos. Sin embargo, los acontecimientos de la aventura israelí-estadounidense en Irán, aún en curso con previsiones inciertas, han mostrado una creciente impaciencia de la administración Trump respecto a las decisiones del gobierno israelí, en el que crece el rol de grupos extremistas muy peligrosos y de líderes (Smotrich, Ben Gvir) que los estándares occidentales considerarían indignos de ocupar roles institucionales. No debe olvidarse que Israel es una potencia nuclear, aunque nunca ha admitido oficialmente la posesión de armas atómicas. Nunca habría llegado a serlo, además, fuera de los tratados internacionales de no proliferación nuclear, sin la protección, asistencia y colaboración estadounidense.
Los intereses que unen a Estados Unidos e Israel conciernen al control en una zona del mundo -el Mediterráneo oriental, el Próximo Oriente, el Mar Rojo- decisivo en términos energéticos y por su proximidad a Europa, a Turquía -ex gigante imperial que ya no dormita— y a las fronteras meridionales del mundo ruso, así como a las rutas del inmenso continente asiático. Además, existe el interés absoluto en preservar un Estado judío próximo a Estados Unidos mediante un vasto sistema de poder financiero, económico y ahora también tecnológico, en el que influye también el rol directivo de numerosos individuos judíos. Esto incluye también la voluntad occidental de evitar un posible colapso de Israel a cualquier precio —quizá incluso a costa de una confrontación nuclear— como última fortaleza de Occidente. Ningún imperio en declive —el estadounidense lo está— acepta su derrota histórica sin luchar y el poder del sistema Estados Unidos-Israel, junto con el resto de Occidente, sigue siendo grande, militar y tecnológicamente hablando. Además, sigue ejerciendo un atractivo cultural significativo en el mundo. Dado que ningún imperio se sostiene sin la fuerza de las armas, la colaboración militar —o más bien militar-industrial-
Si tuviera que explicar a un lector por qué esta relación es tan importante desde el punto de vista geopolítico, ¿por dónde empezaría? ¿Qué desarrollos futuros considera más probables en las relaciones entre Estados Unidos e Israel?
Las relaciones futuras entre Estados Unidos e Israel son uno de los enigmas de estos años convulsos, pero a pesar de algunos signos de distanciamiento, creo que los intereses comunes prevalecerán durante mucho tiempo. La geopolítica es la aplicación de la geografía y de los intereses económicos a la historia. En este sentido, las reglas del Imperio Británico —una potencia naval interesada en dividir los poderes terrestres— han sido heredadas por Estados Unidos, e incluso extendidas. Al control del “corazón del mundo” asiático (el “corazón del país” de Halford Mackinder y de la geopolítica británica) se ha añadido la teoría de la “región media del país”, que prevé también el control de las áreas y de las rutas circundantes al sur del Corazón del país (Nicholas Spykman).
Por lo tanto, el Mediterráneo Oriental —Israel in primis— es y seguirá siendo un área estratégica que Estados Unidos querrá preservar y posiblemente expandir, también más allá de los lazos históricos entre los distintos centros de poder en Occidente (Estados Unidos, Europa, Israel, finanzas, tecnología, Internet, Inteligencia). Por eso Israel es tan importante, por eso el destino de los palestinos y de las minorías cristianas en Oriente Medio no importa para nada a los protagonistas de la escena geopolítica. Además, Israel (potencia nuclear), tiene como última ratio de su supervivencia la llamada Opción Sansón, la posibilidad de lanzar armas atómicas a corta distancia contra sus vecinos y, a media distancia, incluso hacia el sur de Europa. Una supremacía que no puede tolerar objeciones europeas y mucho menos el rol activo de los iraníes. Para ser sincero: la paz en torno a Israel aún está muy lejos por múltiples razones, sin treguas, armisticios o acuerdos a corto plazo.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 1 de julio de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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