Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, ofrecemos a vuestra atención este artículo del padre Curzio Nitoglia, a quien agradecemos su cortesía. Disfruten la lectura y difundan.
§§§
PUTIN Y SOLZHENITIN UNA SEMEJANZA DISÍMIL
SEGUNDA PARTE, EN CINCO CAPÍTULOS
CAPÍTULO IV
—Desde los años Treinta hasta la muerte de Stalin (1953).
En este cuarto artículo estudiaremos tres temas específicos: 1º) el esplendor del judaísmo en la URSS en los años Treinta, favorecido por las relaciones entre las altas finanzas occidentales y el bolchevismo; 2º) el apogeo del judaísmo en la Unión Soviética, que luchó contra Hitler de 1939 a 1945; 3º) la caída en desgracia de los judíos rusos, debido a su pro-sionismo, desde el primer periodo de posguerra (1946/48) hasta la muerte de Stalin (1953).
1º) Bolchevismo, judaísmo y la alta finanza en los años Treinta.
Los años Treinta en la URSS estuvieron marcados por el esfuerzo por industrializar el país que había permanecido sustancialmente vinculado a la agricultura. Este esfuerzo tuvo éxito sobre todo gracias a la diezmada de los campesinos (“kulaks”) sometidos a todo tipo de vejaciones y a enormes sacrificios humanos, pero sobre todo gracias a la contribución económica aportada a la URSS por las apátridas altas finanzas occidentales. “El éxito de los dos primeros planes quinquenales(1) se debió especialmente a las abundantes entregas de materiales, equipos de última generación y la colaboración de expertos técnicos industriales, que Rusia no tenía. Ahora bien, todo esto fluyó de los países súper capitalistas de Occidente y, en primer lugar, de Estados Unidos” (A. Solzhenitsyn, Due secoli insieme. Ebrei e Russi durante il periodo sovietico, Nápoles, Controcorrente, 2007, vol. II, p. 331).
Ciertamente, la alta finanza occidental no dio dinero gratis a Stalin, pero “los soviéticos pagaron generosamente en especie: en minerales y en materias primas. Estas transacciones se llevaron a cabo bajo el amparo de los magnates de las finanzas internacionales, especialmente de Wall Street” (ibid.). Parecería una paradoja, pero Solzhenitsyn aclara la aparente contradicción de una alianza entre supercapitalismo y comunismo: “¿No hemos leído en Marx que los capitalistas son los enemigos declarados del socialismo? ¡Pues para nada! Oficialmente y en el plano diplomático, en la URSS no se reconocía tal acuerdo, pero en la práctica los empresarios estadounidenses estaban interesados en extender los lazos económicos con la URSS” (cit., p. 332).
Solzhenitsyn cita al historiador estadounidense Anthony C. Sutton, autor de un libro publicado en 1982 sobre Wall Street y la Revolución Bolchevique, que ve la conciliabilidad de ambos sistemas (comunista y liberal) sobre la base de la globalización del mundo. De hecho, “la Revolución comunista produce un poder financiero centralizado que hace que los mercados sean fácilmente controlables por la alta finanza. Además, los banqueros apátridas y los comunistas tienen una plataforma común: el internacionalismo o globalismo” (op. cit., p. 332).
Solzhenitsyn señala también cómo el factor judío jugó a favor del financiamiento a la Rusia bolchevique. En efecto: “Los financieros estadounidenses siempre se negaron a prestar dinero a la Rusia zarista, bajo el pretexto de las vejaciones sufridas por los judíos. Es por eso que a principios de los años Treinta, la más mínima sospecha de persecución contra los judíos de la URSS habría hecho desviar la mirada al imperio Rockefeller de cualquier objetivo en el mercado soviético y lo habría disuadido de ayudar a los bolcheviques” (op. cit., p. 333), pero dado que la Rusia bolchevique ayudaba a los judíos la alta finanza liberal fue muy generosa con la URSS. En 1936, con motivo del Octavo Congreso de los Soviets de la URSS, Molotov, por orden de Stalin, pronunció la siguiente diatriba: “Nuestros sentimientos fraternales hacia el pueblo judío derivan del hecho de que este pueblo dio a luz al genio que concibió la idea de la liberación comunista de la humanidad, Karl Marx” (op. cit., p. 334).
Esta idílica alianza duró hasta 1939, cuando alcanzó su apogeo, para luego decaer hasta que se rompió por completo en 1946, cuando las excesivas simpatías de los judíos rusos por el sionismo exacerbaron el alma de Stalin, quien empezó a verlos como potenciales aliados de Estados Unidos más que como hijos de la URSS(2).
2°) 1939-1945: el apogeo del judaísmo en la URSS en guerra con Hitler. «La Enciclopedia Judía traza el balance: “Fue a finales de los años treinta cuando el rol de los judíos en las diferentes esferas de la sociedad soviética alcanzó su apogeo”» (op. cit., p. 388).
Stalin entendió muy bien, después de 1935, que era muy peligroso seguir el ejemplo de la Alemania de Hitler como enemiga de los judíos. Sin embargo, “una cierta animosidad contra ellos debió habitar siempre en su corazón (las Memorias de su hija lo confirman), aunque no la dejara traslucir. Al librar su lucha frontal contra los trotskistas, no descuidó reducir la influencia preponderante de los judíos en el Partido Comunista” (ibid.).
Con la llegada de la guerra ruso-alemana (1941-1945) y desde la invasión alemana a Polonia (1 de septiembre de 1939), “el movimiento de simpatía de los judíos europeos hacia la URSS experimentó un aumento considerable. Trotski lo explicó como un respaldo contra el agresivo antisemitismo alemán y no como un interés por el marxismo bolchevique. En septiembre de 1939, cientos de miles de judíos polacos huyeron de la ofensiva del ejército alemán, intentando llegar al este del territorio polaco ocupado por el Ejército Rojo. […]. Se estima que unos 300.000 judíos polacos pasaron del oeste al este de Polonia” (op. cit., pp. 390-391). En enero de 1939 había 3 millones de judíos en Rusia; al comienzo de la Segunda Guerra Mundial esta cifra aumentó otros 2 millones.
3º) 1945-1953: La caída en desgracia de los judíos debido a su pro-sionismo. El 15 de mayo de 1948 nació el Estado de Israel con la aprobación de Stalin, quien, cuando los sionistas entraron en conflicto con Inglaterra (1946-1947), se puso de su lado y fue uno de los primeros líderes en reconocer el Estado de Israel. “Pero Stalin no previó que esta política estimularía considerablemente la conciencia nacional de los judíos rusos” (op. cit., p. 474).
Los judíos rusos después de 1948 querían abandonar Rusia para ir a Palestina y convertirla totalmente en “el Estado de Israel”, que desde su nacimiento demostró una creciente simpatía por Estados Unidos. En consecuencia, “Stalin, a partir de finales de 1948 y durante el tiempo que le quedaba de vida, cambió abruptamente su política respecto a ellos” (op. cit., p. 475). El 21 de septiembre de 1948, el dictador soviético hizo publicar un artículo en Pravda en el que decía que “los judíos no son una nación, sino que están destinados a la asimilación. Al comienzo de la Guerra Fría, la discriminación de la que los judíos rusos fueron víctimas se convirtió en uno de los principales argumentos usados en Occidente contra la URSS” (op. cit., p. 476). Stalin señaló que el “Comité Antifascista Judío” (CAJ) “en lugar de dirigir la ofensiva contra la propaganda imperialista estadounidense y la sionista, permaneció en la línea de los sionistas burgueses, defendiendo la idea reaccionaria de una sola y única nación judía en Palestina” (op. cit., p. 477). El destino de los ruso-judíos empezaba a crujir(3).
“El desmantelamiento del CAJ se llevó a cabo por etapas. A finales de 1948, sus locales fueron sellados y en 1949 sus administradores fueron arrestados” (op. cit., p. 478). “Entre 1948 y 1953 los judíos fueron expulsados masivamente de las esferas superiores del Partido bolchevique” (op. cit., p. 482). En 1950, Stalin, que normalmente prefería avanzar lentamente y con pasos suaves, aflojó la cuerda, pero “la investigación judicial del caso CAE se reanudó en enero de 1952. Los imputados fueron acusados de colisión con las organizaciones nacionalistas judías en Estados Unidos. […]. Desde el otoño de 1952 Stalin avanzó a cara descubierta: en octubre de 1952 ya se hablaba de represiones masivas entre los judíos soviéticos” (op. cit., pp. 485-486).
Al mismo tiempo, hizo el montaje del “affaire de médicos judíos” acusados de prácticas delictivas contra los líderes comunistas rusos (ibid.). “La causa de este asunto fue la psicosis de Stalin, su miedo a las conspiraciones, su desconfianza hacia los médicos, especialmente cuando su estado de salud empeoró. Muchos médicos eminentes de pequeños grupos fueron arrestados a partir de septiembre de 1952” (op. cit., p. 478). 1952 fue el año de la campaña contra los cosmopolitas (léase judíos) y contra los médicos judíos. Comenzó a circular la voz de que “Stalin planeaba deportar masivamente a judíos a regiones remotas de Siberia. En un estudio reciente, G. Kostytchenko [Stalin’s Secret Policy: Power and Antisemitism, Moscú, 2001], gran especialista de la política judía de Stalin, refuta este mito de la deportación con argumentos muy sólidos, mostrando que ningún hecho de la época ni de fecha posterior lo confirma” (op. cit., p.489). Sin embargo, a pesar de todo esto, Solzhenitsyn cita una obra publicada por N. Shapiro en Londres en 1969 [Palabras de un judío soviético normal], que dice: “A pesar del carácter abiertamente antisemita del último periodo estalinista, muchos judíos rezaban para que Stalin permaneciera vivo porque la experiencia había demostrado que cualquier debilitamiento del poder significaba una masacre de judíos” (op. cit., p. 489). Finalmente, el 9 de febrero de 1953, explotó una bomba en la embajada soviética en Tel Aviv y el 11 de febrero la URSS rompió sus relaciones diplomáticas con Israel (op. cit., p. 489).
Conclusión: “Aquí Stalin dio un paso en falso, quizás el primero de su carrera. No comprendió que los acontecimientos de este asunto podían constituir un peligro para él, se creía seguro en su inaccesible Olimpo. La explosión de indignación en el mundo coincidió con acciones enérgicas en el interior de Rusia llevadas a cabo por fuerzas que se puede suponer que decidieron acabar con Stalin.
Es muy posible que esto ocurriera con la colaboración de Beria(4). Luego del comunicado oficial sobre el asunto de los médicos, Stalin vivió otros 51 días. La muerte de Stalin fue percibida por los judíos soviéticos como una renovación del milagro de Purim. De hecho, Stalin murió el día de la fiesta de Purim, la fecha en que Ester salvó a los judíos de Persia de la masacre ordenada por Hamán. El 3 de abril, todos los que habían sobrevivido a su arresto en el marco del asunto de los médicos fueron liberados de prisión. No era la primera vez que los judíos volvían a poner la historia en movimiento” (p. 490).
El próximo artículo se centrará en el periodo comprendido entre 1953 y la “Guerra de los Seis Días”.
Padre Curzio Nitoglia Fin del “4º capítulo” de la “segunda parte”
(1) Los planes establecidos por Stalin se llamaban “quinquenales” porque duraban 5 años cada uno. Se utilizaron para favorecer el desarrollo industrial de algunos sectores de la economía nacional rusa. Una vez establecido un plan quinquenal, debía terminarse en 5 años exactos, incluso a costa de la muerte de millones de hombres deportados y obligados a trabajar como esclavos en los Gulags, que fueron instituidos ya en 1919 bajo Lenin, pero que tuvieron un enorme desarrollo con Stalin (1924-1953) y continuaron funcionando a gran escala también con sus sucesores. Fueron abolidos sólo en 1985 por Gorbachov.
(2) Cfr. O. Nardi, Il Vitello d’oro, Milán, 1989; Id., Gnosi e Rivoluzione, Milán, 1991; J. Lombard, La cara oculta de la historia moderna, Madrid, 1979, 4 volúmenes; Verminjon, Le forze occulte che manovrano il mondo, Roma, 1970; J. Bordiot, Le pouvoir occulte fourrier du communisme, Chiré-en-Montreuil, 1976; Id., Une main cachée dirige…, París, 1974; L. de Poncins, Histoire du communisme, Chiré-en-Monteruil, 1973; P. Virion, Bientot un gouvernement mondial?, París, 1967; Id., Il potere mondiale e la contro-chiesa, Nápoles, 2004; P. F. de Villemarest, Les sources financieres du communisme, Cierrey, 1979; Ch. Levinson, Vodka Cola, Florencia, 1978.
(3) Cfr. J. Lémann, Napoleon Ier et les Israelites, París, Avallon, 1988.
(4) Fue el organizador del Gulag y fue juzgado y fusilado después de la muerte de Stalin en 1953.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 9 de junio de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
§§§
Para ayudar a Stilum Curiae
IBAN: IT79N0200805319000400690898
BIC/SWIFT: UNCRITM1E35
***
A Stilum Curiae lo encuentran también aquí:
https://www.instagram.com/
https://www.facebook.com/

