Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, ofrecemos a vuestra atención este artículo del padre Curzio Nitoglia, a quien agradecemos su cortesía. Disfruten la lectura y difundan.
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Por Curzio Nitoglia
PUTIN Y SOLZHENITSYN UNA SEMEJANZA DISÍMIL
CAPÍTULO III
Colonización judía de las tierras rusas en la década de 1920
Dado que los bolcheviques consideraban que los judíos habían sido privados por el zarismo de la posibilidad de trabajar la tierra y, por lo tanto, estaban condenados a ejercer la usura, fue necesario ayudar a los judíos a “colonizar las tierras de Rusia” (A. Solzhenitsyn, Due secoli assieme. Ebrei e Russi durante il periodo sovietico, vol. II, Nápoles, Controcorrente, p. 289), es decir, tomar posesión de ella, como habría ocurrido con Palestina desde 1948 hasta hoy (con Gaza transformada en una… “playa de lujo” –construida íntegramente por el propietario del edificio Trump, pero a costa de Europa– y en Cisjordania, donde los colonos judíos “ayudan” a los agricultores palestinos a “ceder” libremente sus tierras) y aún no ha terminado… es necesario llegar al “Gran Israel” (que incluye no solo el Cercano Oriente sino todo el mundo, ocupado ilegalmente –por ahora– por los goyim). El motivo de esto residía también en el deseo de los bolcheviques de obtener de los occidentales pro-judíos una vasta corriente de simpatía y, sobre todo, de financiación (ibid.). Crimea (que es una isla en Ucrania) en los años veinte del siglo XX fue designada como la “nueva Tierra Santa judía” o “nueva Palestina”, como había ocurrido en América del Norte desde los años veinte del siglo XVII. Esto también se hizo para intentar “ligar a los judíos al poder comunista” (op. cit., p. 290).
Alemania, Francia y Estados Unidos respondieron en forma positiva y concreta (op. cit., p. 291). Los judíos adhirieron a este plan porque veían en él una oportunidad para su autonomía, “ocupando” Ucrania y su isla -Crimea-, para “crear regiones judías autónomas, pero esto no agradó a los sionistas estadounidenses, que veían en este plan una alternativa al sionismo norteamericano que potencialmente podría haber llegado hasta Palestina” (op. cit., p. 292). En síntesis: América del Norte no quería que el sionismo se detuviera en Rusia y no en Norteamérica para llegar a Palestina. “Sin embargo, este plan para convertir a los judíos a la agricultura fue un fracaso. Nada obligó a los colonos a quedarse. […]. Les fueron ofrecidas nuevas posibilidades tanto por la industria como por la administración, algo que no ocurrió en el siglo XIX. […]. Además, los judíos no trabajaban la tierra que se les asignaba, sino que la alquilaban o las hacían cultivar por otros” (op. cit., p. 295 y 294). Si el sionismo estadounidense y potencialmente palestino no veía con buenos ojos esta asimilación de los judíos a la Rusia bolchevique, por su parte, el bolchevismo no apreciaba el sionismo estadounidense/palestino debido a su deseo de no asimilarse a otros países que no fueran Estados Unidos, Palestina o el futuro Gran Israel (1948). Así fue como en la URSS, “en septiembre-octubre de 1924 una oleada de arrestos golpeó los ambientes sionistas/palestinos” (op. cit., p. 309).
Cincuenta años después, muchos autores israelitas han reconocido que “las desgracias que sufrieron los judíos como resultado de la revolución se explican en gran medida por el hecho de que la juventud judía se había alejado de su religión y de su cultura bajo la influencia de la ideología comunista” (op. cit., p. 311), mientras que los ancianos permanecieron apegados a sus tradiciones”. La masiva penetración de los judíos en todas las esferas de la vida pública rusa y en las esferas gobernantes soviéticas en los años 20 resultó no constructiva e incluso nefasta para ellos” (op. cit., p. 312). Sin embargo, “luego de varias décadas el futuro mostró que algo de su conciencia nacional había permanecido en ellos, resistiendo el desarraigo total” (op. cit., p. 313).
Las causas del antisemitismo
En 1903, un erudito israelí, Bernard Lazare, escribió: “Dondequiera que los judíos se han establecido, se desarrolló el antisemitismo, o mejor aún, el antijudaísmo, porque antisemitismo es una palabra inexacta… El pueblo judío ha sido odiado por todos los pueblos entre los que se ha establecido… Los judíos, al menos en parte, causaron sus males, ya que el judío es inasimilable” (B. Lazare, L’antisemitisme son histore et ses causes, Documents et témoignages, Vienne, 1969, pp. 13-14; traducción italiana, Verrua Savoia, CLS, 2000). Según Lazare, las causas generales del antisemitismo residen en el judaísmo y no en los pueblos que los han combatido; pues si los pueblos vencidos acababan sometiéndose a los vencedores, manteniendo –posiblemente– su propia fe, al contrario los judíos nunca quisieron someterse a las costumbres de los pueblos entre los que fueron llamados a vivir, querían seguir siendo judíos en todas partes, como pueblo y Estado, fundando así un Estado dentro del Estado, al que no entraban como ciudadanos, sino como privilegiados o no asimilados al convertirse en dueños de sus amos(1).
Además, el Protestantismo, la Revolución Francesa y el Liberalismo han liberado a los judíos, los han emancipado y les han permitido convertirse en los dueños de las naciones cristianas, provocando violentamente el estallido del problema judío. Lo mismo ocurrió en la Revolución rusa. Visto lo que ocurrió en Rusia entre 1917 y 1919, La Civiltà Cattolica escribió acertadamente unos 30 años antes, poco tiempo después de la “ruptura de Porta Pia”: “Si los judíos no son devueltos a su lugar, con leyes humanas y cristianas, sí, pero excepcionales, que les quiten la igualdad civil a la que no tienen derecho, no se hará nada o muy poco, dada su naturaleza de extranjeros en cada país y dado el dogma fundamental de su religión, que les impulsa a tomar posesión del bien de todos los pueblos por cualquier medio. Dado que la experiencia demuestra que la igualdad de derechos con los cristianos tiene el efecto o bien de la supresión de los cristianos o la matanza de judíos por los cristianos, se deduce que la única manera de equiparar la residencia de los judíos con el derecho de los cristianos es regularla mediante leyes especiales, que al mismo tiempo impidan a los judíos ofender el bien de los cristianos, y a los cristianos el de los judíos” (La Civiltà Cattolica, 1890, serie XIV, vol. 8).
Bolchevismo anticristiano y pro-judío
“El poder bolchevique, hostil a cualquier forma de religión, mientras atacaba sin piedad a la Iglesia cristiana, manifestó al principio una actitud bastante tolerante hacia la práctica religiosa de los judíos” (op. cit., p. 313). Sin embargo, pronto comenzaron a acumularse las primeras nubes (1927) como advertencia de las futuras persecuciones (1934). De hecho, “en 1926 Zinóviev y Kámenev se aliaron con Trotski contra Stalin, es decir, tres dirigentes judíos de primer nivel se encontraron en el mismo frente. […]. Trotski temía que Stalin usara en su contra el arma del antisemitismo. Lo cual ocurrió en parte sólo algunos años después. De hecho, Stalin (que llegó al poder en 1927) entendía que en ese momento los judíos eran muy numerosos en el Partido y que, si se unían a él, podrían constituir una fuerza real” (op. cit., p. 322).
Conclusión
Solzhenitsyn concluye de esta manera el capítulo sobre los años 20: “Durante los años 20, muchos judíos se lanzaron al servicio del Moloch soviético, sin pensar en el desafortunado país que se convertiría en el campo de sus experiencias y sin siquiera pensar en las consecuencias que podrían resultar para ellos mismos. Hubo muchos judíos que, al alcanzar los cargos más altos de poder, comenzaron a perder el sentido de la proporción hasta alcanzar un nivel que no debe ser superado” (op. cit., p. 330); tal como ocurrió con la antigua Roma en el año 66/70 d. C. y ahora en Palestina, Líbano e Irán.
por Curzio Nitoglia
Fin del “3° capítulo” de la “segunda parte”
Continuará…
(1) Monseñor Antonino Romeo escribe: “Hablar de los peligros del judaísmo no es antisemitismo. De hecho, la justicia y la caridad no excluyen una prudente y moderada defensa. Sólo sobre estas bases, excluyendo todo odio personal, es lícito un antijudaísmo teológico en el campo de las ideas, dirigido a la vigilante protección del patrimonio social, religioso y moral del cristianismo” (en la Enciclopedia Católica, Ciudad del Vaticano, 1949, vol. I, col. 1502, entrada “Antisemitismo”).
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 6 de junio de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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