Marco Tosatti
Muy estimados StilumCuriales, monseñor Marian Eleganti, a quien agradecemos de todo corazón, les presenta estas reflexiones sobre las herejías en la Iglesia Católica, las cuales no son castigadas. Disfruten la lectura y compartan.
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Observación preliminar: Para hacer esta contribución me inspiré en un artículo de Eric Sammons publicado en la revista Crisis con contenido similar: “¿Es posible en general una unidad leónica?”. Coincido con esta visión.
Los cismas omnipresentes en el Cristianismo
Vladimir Soloviev escribe: “Los ‘latinos’, como llamáis a la Iglesia única, santa, católica y apostólica, nunca han abandonado la fe. Ningún razonamiento detallado puede refutar el hecho de que, aparte de Roma, solo existen Iglesias nacionales como las Iglesias armenia o griega, Iglesias estatales como la rusa o la anglicana, o sectas fundadas por individuos como los luteranos, los calvinistas, los irvingianos, etc. La Iglesia Católica Romana es la única Iglesia que no es ni una Iglesia nacional, ni estatal, ni una secta fundada por un hombre; es la única Iglesia en el mundo que defiende y sostiene el principio de la unidad social universal frente al egoísmo individual y al particularismo nacional; es la única Iglesia que mantiene y defiende la libertad del poder espiritual frente al absolutismo del Estado; en una palabra, es la única Iglesia contra la que no han prevalecido las puertas del infierno”[1].
Esto está de acuerdo. De hecho, la mayoría de las Iglesias ortodoxas son de facto Iglesias nacionales y muchas de ellas son históricamente o actualmente también Iglesias estatales, al menos muy fuertemente conectadas con el Estado. Por ello se llaman a sí mismas Iglesias rusa, serbia y griega ortodoxa, por ejemplo. Hay excepciones en patriarcados más pequeños donde esto no es así. Se trata de un fenómeno histórico que no resulta de la autocomprensión teológica de la Ortodoxia (esta última es universal).
La Iglesia Católica Romana, en cambio, es una Iglesia universal sin afiliación nacional o estatal. Está presente prácticamente en todo el mundo. El atributo romano se refiere a la actual sede del Papa en Roma y al martirio de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo en Roma. Ambos apóstoles son de importancia fundamental para la Iglesia. El hecho de que ambos sufrieran su martirio en Roma no es un detalle histórico insignificante marginal, sino que en cierto modo documenta la primacía del obispo de Roma y de sus sucesores, los Papas, que se ven a sí mismos como sucesores de San Pedro, que murió en Roma. En Pedro, Cristo fundó la Iglesia y le prometió que no sería vencida por las puertas del infierno. Soloviev lo señala sin envidia. Esto da lugar a la unidad de la Iglesia Católica: a partir del acuerdo y la unidad canónica (no ideal) con Pedro o el Papa. Soloviev tiene razón también en eso.
En pocas palabras, se podría decir que las Iglesias ortodoxas coinciden en la fe y en la liturgia, pero de hecho tienen considerables problemas para vivir la unidad entre sí (canónicamente). Los Patriarcados compiten entre sí. No existe un cargo unificado (papado), como mucho una primacía honorífica, lo cual es disputado, como se puede ver, ya que no es reconocido por todos. Por esta razón, no se ha creado un Concilio panortodoxo en el pasado reciente. Se han formado nuevas dolorosas escisiones, como la de Moscú y Constantinopla (Cirilo y Bartolomé), que también tienen impacto en otros países, como Ucrania, pero no solo allí. No hay una unidad jurisprudencial ni canónica como en la Iglesia Católica Romana. Esto significa que la unidad no se constituye visiblemente, sino que es de naturaleza ideal y, lamentablemente, prácticamente no se realiza.
Esto sólo se aplica a este aspecto (canónico), no a la Iglesia Católica Romana bajo el Papa. Porque también en ella las realidades cismáticas ya no se toman realmente en serio, al igual que en la Ortodoxa. Esto significa que uno vive con ellos, llega a las paces con ellos o los juzga mal, como ocurrió recientemente con un sermón papal que abordó la relación con la Iglesia anglicana. En general, sin embargo, se tolera un cisma sucio que atraviesa toda la Iglesia Católica entre los llamados “modernistas”, “adaptados al espíritu del tiempo”, “relativistas” y “pluralistas”, “católicos reformistas” de “izquierdas” y los católicos “conservadores”, descritos como católicos “de derechas”, “tradicionales” y “ortodoxos”. Ambas alas se consideran fieles y católicas. Esa es la paradoja por excelencia. Con los atributos comunes mencionados arriba sólo estoy adoptando una tipificación vulgar y extendida en la mente y los escritos de los católicos, sin aprobarla. Porque sólo se debe hablar de los católicos. Sin embargo, debe definirse claramente quién puede considerarse como tal y quién no (o ya no). En resumen: o eres católico o no lo eres. Pero uno no es – de forma llamativa y coloquialmente utilizado ampliamente – un católico de derechas o de izquierdas. Uno es ortodoxo o herético y, en consecuencia, católico o no.
Esto debe ser claramente identificado y decidido por el Papa para la Iglesia universal. En todo caso, “católico” también es un criterio de exclusión, que hoy en día no se entiende ni se practica. Se quiere ser inclusivo. Desafortunadamente, esto también da a los herejes un hogar en la Iglesia. Se les permite enseñar y trabajar pastoralmente en su nombre, incluso si critican la fe de la Iglesia y no viven según ella. Proclaman un Evangelio diferente al que asumieron los Apóstoles y preservaron los Papas (Tradición). Debido a que el Papa en la Iglesia universal y los obispos en sus diócesis toleran herejías y herejes, tenemos un cisma interno sucio y omnipresente en la Iglesia Católica.
Hoy en día ya no se identifican ni se castigan las herejías en la Iglesia Católica. Los herejes ya no son reconocidos como tales, sancionados y excomulgados. Pueden corromper sin obstáculos el cuerpo de Cristo, la Iglesia. Los Papas se dejan representar junto a ellos y los hacen respetables, porque hablan con ellos sin al mismo tiempo distanciarse públicamente de sus opiniones y actividades, sin amonestarlos públicamente y sin condenar sus posiciones y, si es necesario, excomulgarlos. Así, las enfermedades en el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia, se propagaron descontroladamente.
La sanación de la Iglesia sólo podría producirse si el Papa identificara claramente las herejías como tales y sus representantes y promotores (activistas) fuesen excomulgados de nuevo si no quisieran ceder. Entonces también se podría hablar de verdadera unidad (una sola fe, un solo bautismo, un solo cuerpo) en la Iglesia Católica Romana. Como escribió Juan, quienes desgarran la Iglesia y falsifican la fe vienen de dentro de la Iglesia. Tal como escribe Juan, el Papa y los obispos deberían dejar bien en claro que no pertenecen a la Iglesia, y deberían declararlo públicamente.
[1] Vladimir Soloviev, “La Iglesia rusa y el papado” (París 1889) citado en: https://x.com/burgess7281975/
De la traducción [al alemán] de Herbert Rees, 1948. En francés: “La Russie et l’Église universelle” (1989); en inglés comúnmente conocida como “Russia and the Universal Church”; en alemán: „Die russische Kirche und das Papsttum“ oder „Russland und die universale Kirche”.
Publicado en alemán por Marco Tosatti el 30 de enero de 2026 en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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