Argentina, Milei: ¿Anarco-capitalismo o Narcopolítica? José Arturo Quarracino.

Marco Tosatti

 

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, José Arturo Quarracino, a quien agradecemos de corazón, nos ofrece estas reflexiones sobre la situación de su país, en manos de Milei… Que disfruten de la lectura y la compartan.

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Argentina: ¿Anarco-capitalismo o Narcopolítica?

El presidente argentino comenzó su gestión gubernamental invocando la Torá, jactándose de ser judío y de identificarse con un Moisés como libertador supremo. Pero en menos de 2 años de gestión termina constituyéndose en fracasado promotor de la narcopolítica nacional. Llamativamente, con el respaldo geopolítico del actual gobierno estadounidense y del FMI.   

 

Antes de sumergirse de lleno en la militancia política, el economista Javier Gerardo Milei se dio a conocer a la opinión pública argentina como panelista en diversos programas de televisión, presentándose como un personaje disruptivo y provocador, proclamándose abiertamente liberal al extremo, insertando su prédica no sólo en el sector mayoritario de la clase media, sino también y sobre todo en gran parte de los jóvenes pobres y de escasos recursos.

Haciendo flamear discursivamente la bandera de la libertad individual como fundamento y valor absolutos de la vida en sociedad, presentaba en particular dos temas recurrentes, entre otros. Por un lado, la idea de que para que los individuos sean libres hay que eliminar el Estado por ser intrínsecamente perverso, y por otro lado el criterio “ético” o “moral” de que entre el Estado y la mafia ésta era infinitamente superior y preferible, porque “entre sus miembros se practica la competencia” y además “tiene códigos”.

Llevó esta argumentación al extremo de expresar en reiteradas oportunidades, algunos años antes de ser legislador en 2021 -e incluso después-, que el famoso mafioso ítalo-americano Alphonse “Al” Capone había sido un héroe, porque se había enfrentado al Estado americano y no se había dejado avasallar ni someter por éste. Y en su forma más virulenta, no tuvo problema alguno en decir que en realidad el Estado -y los políticos que se sirven de él- son como “el abusador que tiene encadenados a niños indefensos rociados con vaselina para violarlos” (¡sic!).

Pero al postularse como candidato presidencial en 2023, no sólo siguió definiéndose como liberal, sino sobre todo como anarco-capitalista libertario minarquista. Es decir, reafirmó el concepto del Capitalismo como único sistema económico-político válido, pero adscribiendo a la idea del anarquismo anticapitalista de reducir al Estado a su mínima expresión, para que los individuos gocen de su libertad en forma plena y absoluta. Capitalismo a ultranza, pero sin Estado o acotado a su exclusiva función de brindar seguridad a los individuos. Son conocidas sus entrevistas ante periodistas extranjeros en los que se ufanaba de que su objetivo último era destruir al Estado desde adentro, como un topo.

Pero ya en el ejercicio de su cargo presentó también la novedad de que los capitales extranjeros tenían que tener el derecho de ingresar libremente al país sin importar en absoluto su origen, sin ningún tipo de control ni indagación estatal. Música celestial para el lavado de dinero de cualquier procedencia, lícita o ilícita, lo mismo da.

En realidad, esta libertad de tránsito para el dinero, independientemente de su procedencia, es la única libertad que aplicó Milei en la economía, porque en todo lo demás aplicó un intervencionismo al más puro estilo socialista-comunista: desde la fijación por parte del gobierno de la paridad dólar-peso (no como libre juego de la oferta y la demanda), la fijación de la tasa de interés por parte del gobierno (no del mercado), la emisión desbordante de dinero para subsidiar la especulación financiera privada nacional e internacional, hasta la imposición por parte del gobierno de los aumentos salariales en el sector privado (no por el acuerdo entre empresarios y trabajadores).

Antes de ser presidente, Milei sostenía permanentemente que no era de liberal-capitalista endeudarse, sobre todo con el FMI, según él una institución pensada por John Maynard Keynes y por un agente ruso (White), que debía ser disuelta. Pero en el ejercicio de la presidencia no tuvo problema en contraer deuda externa… con el FMI.

Pero transcurridos apenas 20 meses de su gestión presidencial, el gobierno de Javier Milei comenzó a trastabillar gravemente. En primer lugar, por las consecuencias recesivas para la economía real (productiva) que produjo la gestión exclusivamente financiera de su ministro de Economía: pérdida de casi 200.000 puestos de trabajo, cierre de miles de pequeñas y medianas empresas, el éxodo de alrededor de 20 empresas multinacionales asentadas en el país, la distorsión producida entre el descenso de la inflación a costa del control sobre el dólar, lo cual convirtió al país caro en dólares, especialmente para la exportación.

En segundo lugar, el escándalo provocado por la promoción presidencial de la criptomoneda $Libra, que damnificó a miles de inversores internacionales

En tercer lugar, la denuncia formulada por un funcionario gubernamental muy cercano al presidente, respecto a cohechos y sobornos por parte de funcionarios del gobierno y legisladores muy cercanos al presidente, sobre todo su hermana Karina (secretaria general de la Presidencia de la Nación), con proyecciones judiciales inciertas.

Por último, en estas últimas semanas el gobierno se ve envuelto en un grave hecho que involucra directamente al narcotráfico: después de varias semanas de negar todo vínculo con un “empresario” y aviador argentino acusado en Estados Unidos de narcotraficante y de estar detenido en Argentina a la espera de ser extraditado a ese país por pedido de la Justicia estadounidense, el hasta ahora diputado nacional José Luis Espert -candidato a renovar su mandato legislativo por expresa decisión y voluntad del presidente Javier Milei– se vio obligado a renunciar a su candidatura y a pedir licencia como legislador, a causa de todas las mentiras que manifestó públicamente de no haber tenido vínculos comerciales ni crematísticos con el “empresario” acusado.

Lo llamativo es que el presidente argentino siguió apoyando y sosteniendo a su candidato, incluso cuando las pruebas presentadas contra el señor Espert eran lapidarias, lo cual hace pensar en las razones profundas que motivaban tal defensa. A ello se añade el dato no menor que el abogado personal de Milei es también y al mismo tiempo el defensor del empresario por el momento presunto narcotraficante.

Y también llama la atención que haya otras figuras del círculo político que rodea al presidente que también se vean involucradas en vínculos sospechosos con ese mundo turbio del narcotráfico.

Pero lo más grave de todo lo constituye el hecho innegable e irrefutable que Javier Gerardo Milei ha afirmado explícitamente como presidente en ejercicio que el dinero del narcotráfico no tiene que ser combatido, más aún, a él no le interesa ni le preocupa que el dinero del narcotráfico sea ingresado a la economía formal y pueda ser invertido sin ningún tipo de limitación ni condicionamiento, como si fuera dinero legítimo, no producto de un crimen: “El narcotráfico se combate con el Ministerio de Seguridad, con el Ministerio de Defensa. Usted no utiliza la economía para combatir el otro delito [el dinero del narcotráficol” [del minuto 23:40 hasta minuto 24:15].

En otra palabras: el señor Milei propone como política de Estado que el dinero del narcotráfico y de cualquier otro ilícito sea usado sin problemas en el circuito formal y legal de la economía: “A mí no me importa de dónde sacó los dólares. No me importa en lo más mínimo. Es decir, las cuestiones de economía se arreglan en la economía; las cuestiones de otro tipo se arreglan en el plano jurídico y legal, eso es lo que hay que entender: no hay que estar mezclando”, porque según su lógica la economía no tiene moral(¿¿??): “el problema del robo… no se puede mezclar la cuestión del delito con la cuestión de la economía. La economía tiene la lógica de la economía”.

Y para reforzar su defensa del lavado de dinero proveniente del narcotráfico, el presidente Milei termina afirmando respecto a los controles bancarios para evitar el ingreso al sistema de dinero producto de actividades ilícitas que le parecen un horror: “Usted puede usar los dólares tranquilamente y nadie le tendría que pedir explicaciones de nada. [Con su propuesta], se va a poder usar los dólares sin dejar los dedos marcados y nadie tiene por qué saber de dónde los sacó” [del minuto 32:50 al 33:40].

 

Como es público y notorio, el gobierno estadounidense y la máxima jerarquía del FMI apoyan abierta y decididamente al gobierno del presidente Milei por su política de ajuste económico, de apertura y desregulación económica y por la libertad absoluta para la especulación financiera improductiva y depredadora de los grandes fondos de inversión. Pero es evidente que dejan de lado no sólo el hecho de que el plan financiero del gobierno de Milei necesita el endeudamiento externo crónico, constante y permanente, sino que además promueve la libre circulación para el lavado de dinero ilícito e ilegal.

En este contexto, ¿no resulta totalmente contradictorio y políticamente esquizofrénico que mientras el gobierno estadounidense proclama ostentosamente su guerra al narcoterrorismo, al mismo tiempo -con el aval político del presidente Trump y la intervención abierta y total del secretario del Tesoro Bessent- esté trabajando en lograr un nuevo salvataje financiero para el gobierno argentino, no sólo salpicado por la influencia del narcotráfico en el círculo íntimo gubernamental, sino también por la voluntad decidida de legalizar el lavado de dinero producto de acciones criminales? Evidentemente, para los poderosos del mundo es más importante la Geopolítica y sus alineamientos que la vigencia real y efectiva de la Ética y de la Moral en la vida política cotidiana de las naciones.

 

Frente a este panorama, es evidente que estamos viviendo tiempos apocalípticos, en los que las fuerzas del mal -siempre disfrazadas soberbiamente como potencias del bien- se han lanzado a la tierra, para hacer la guerra contra el linaje humano, porque se creen superiores a Dios, aunque muchas veces profanan su Nombre y se sientan en su Trono, para confundir a los hijos de la perdición. Pero al final, tarde o temprano, o más temprano que tarde, el Todopoderoso actuará y le pagará a cada uno según sus obras. Por este motivo, no hay que confundirse ni desesperarse, sino mantenerse firmes en la Fe, ejerciendo y ejercitando la fe y la paciencia de los santos (Ap. 13, 10), porque los que tienen hambre y sed de justicia serán saciados (Mt. 5, 6).

 

José Arturo Quarracino

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