Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, Antonello Cannarozzo, a quien agradecemos sinceramente, pone a vuestra disposición estas reflexiones sobre la estrategia mentirosa que llevó a la legalización del aborto. Disfruten la lectura y la difusión.
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Con una estrategia revestida de falsedad, se aprobó la ley del aborto en Estados Unidos y luego en todo el mundo
Bernard Nathanson, ginecólogo famoso, líder de la legalización del aborto en Estados Unidos en los años 60, convertido al catolicismo, llegó a ser más tarde un acérrimo defensor de la vida contra la interrupción del embarazo. Gracias a él, hemos conocido también la estrategia comunicacional que en pocos años llevó a la Corte Suprema de Estados Unidos a aprobar la liberalización de la interrupción del embarazo como un acto de defensa de los derechos de la mujer.
por Antonello Cannarozzo
El tema del aborto parece a muchos italianos un tema rancio, obsoleto, vivo solamente en el archivo de la memoria de un antiguo referéndum convocado, hace casi cincuenta años, para liberar a la mujer (sic) de las cadenas del patriarcado, pero a pesar de que han pasado muchos años sigue siendo una plaga viva que envenena a la sociedad, pero aunque aisladas, cada vez son más las personas que alzan la voz contra esta matanza.
Las noticias que llegan en estos días de la “muy civilizada” Gran Bretaña, así como del muy católico, al menos durante un tiempo, Chile, son una amarga confirmación de esto, con la liberalización total del aborto sin ningún vínculo restrictivo.
Es una ley que ciertamente deja atónito, pero a pesar de su carácter dramático no trastorna tanto las conciencias, incluso de muchos autodenominados católicos, que están cada vez más acostumbrados a los derechos, o a los que se presumen como tales, cualesquiera que sean, sin plantearse problemas éticos o incluso solamente naturales.
En 2016, el Papa Francisco publicó la Carta Apostólica Misericordia et misera, en la cual, a propósito del aborto, afirmaba: “Si por un lado quisiera reiterar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, sin embargo, con igual fuerza, puedo y debo afirmar que no hay pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir cuando encuentra un corazón arrepentido (pero olvidando, como Papa, el pecado contra el Espíritu Santo. Nota del editor).
Esta modo totalmente bergogliano de exponer la doctrina de manera contradictoria, como el famoso “Sí, pero también” de veltroniana memoria, ha generado una gran confusión y por eso no nos sorprendamos por las salidas de sus colaboradores más cercanos como, por ejemplo, monseñor Vincenzo Paglia, entonces presidente de la Pontificia Academia para la Vida, cuando en una larga entrevista publicada en La Repubblica en agosto de 2020, afirmó con negligencia, a propósito de la Ley 194, que era nada menos que “un punto de referencia compartido, con el que todos debemos medirnos“.
El envenenamiento de las conciencias
Palabras que nos dejan consternados por cómo personas que desempeñan un rol importante dentro de la Iglesia puedan pensar de esta manera, pero hoy todo parece haberse adaptado a las leyes del mundo que envenenan las conciencias, incluso de muchos católicos.
La interrupción del embarazo es sin duda un momento difícil para una madre que tiene que elegir entre eliminar a su hijo aún en su vientre o tenerlo como un regalo natural, ciertamente es un problema que abre debates interminables en la opinión pública, especialmente en el campo progresista, pero pocos de ellos piensan en el feto que, inocente, debe padecer esta sentencia de muerte sin haber cometido ningún delito. Nos preguntamos entonces: ¿no es esta última situación peor que la de la madre?
Esta es la pregunta que se planteó Bernard Nathanson, conocido ginecólogo de Nueva York, uno de los fundadores de la Asociación Nacional para la Legalización del Aborto (NARAL, por sus siglas en inglés), surgida en Estados Unidos en 1968, quien, con razón, fue considerado el padrede la liberalización del aborto en Estados Unidos a principios de los años 60 y 70, pero después de más de setenta mil abortos, como él mismo admitió, comprendió -como veremos más adelante- la gravedad de sus acciones hacia esos pobres fetos y a partir de entonces, no solo denunció el aborto como un delito de la sociedad moderna, sino que como judío ateo se convirtió al catolicismo.
Una experiencia de vida para conocer, no sólo por el descubrimiento de la religión, sino por habernos hecho comprender el funcionamiento de la máquina propagandística de los abortistas. Un sistema que hay que estudiar para comprender también la clave de lectura de muchas otras “batallas democráticas” espontáneas.
Una historia estimulante que es útil leer en su autobiografía La mano de Dios, un libro que se puede leer de una sola vez.
Nathanson cuenta su conversión no solo religiosa, sino también moral, para un hombre como él insertado de lleno en el poderoso establishment progresista, cuyo Credo no era más que la Ciencia con sus teorías transformadas en verdades absolutas, pero será precisamente esta última, por esas ironía del destino, la que cambiará para siempre su vida.
La metamorfosis total de su vida fue la introducción, en los años 70, de la ecografía para mujeres embarazadas, con la que se podía ver todo el ciclo vital de ese ser vivo que estaba destinado a convertirse en un ser humano. Nuestro médico había aplicado, en forma experimental, la nueva tecnología para filmar las fases de un aborto y demostrar su irrelevancia moral, pero lo que vio fue impactante, pues era la vida de un feto ya formado como ser humano que era arrancado del vientre de su madre.
Lo que tenía que ser una bandera para el aborto pronto se convirtió en un Je accuse contra esta práctica y la película, todavía muy actual, dio la vuelta al mundo, obviamente perseguida y condenada al ostracismo junto con su autor, precisamente por aquéllos que luchaban, de palabra, por la libertad de conciencia.
Cuando comenzó la propaganda a favor del aborto en Estados Unidos, la gran mayoría de los encuestados en las diversas encuestas estaban en contra de la interrupción del embarazo, y, sin embargo, en poco menos de 5 años, todo cambió como por arte de magia.
Los artículos y libros que el dr. Nathanson publicó son importantes, no sólo para comprender el drama del aborto, sino, como se ha mencionado, la forma en que fue posible, con una campaña mediática ad hoc, alcanzar objetivos impensables en poco tiempo gracias también a un eslogan que se ha convertido en un verdadero manifiesto para las generaciones futuras: “libertad de elección“. Pero una frase mágica que escondía el objetivo primario del aborto y que detrás de esta falsa bandera ideológica para la emancipación de la mujer podía abrir el camino a la interrupción del embarazo.
Estrategias en la mesa
En el libro aprendemos que en estas tácticas no se dejó nada al azar o a la improvisación, sino que se actuó en base a planes bien establecidos en la mesa y luego se prepararon a nivel internacional, transformando un tema dolorosamente personal en una necesidad para la salud física y mental de las mujeres en todo el mundo.
El aborto se convirtió en un tema de discusión, no solo por el acto en sí, sino como símbolo de la libertad de decisión de las mujeres y muy pronto se convirtió en un tema de conflicto en muchos países occidentales, además de Estados Unidos, demostrando a la opinión pública que la cuestión era una realidad dramática por la que era necesario intervenir para salvar a las mujeres de morir a causa de la ‘mammane’.
Ciertamente fue un éxito mundial, pero la pregunta es: ¿cómo lograron cambiar la opinión pública en tan poco tiempo?
Siguiendo el testimonio del dr. Nathanson, lo primero que se debe hacer cuando se quiere vencer en una batalla ideal, no hay que presentarse al público directamente con las propias ideas, cuando todavía se es demasiado débil. El primer aliado para empezar son los medios de comunicación, obviamente progresistas en este caso, convenciéndolos de que su batalla a favor del aborto es en realidad una batalla por la libertad y por el progreso.
Pero en esos momentos no era fácil llevar adelante este proyecto, la opinión pública seguía siendo, para la gran mayoría, absolutamente opuesta.
Pero si bien es cierto que al final las masas siempre siguen al ganador, porque nadie quiere ser minoría, lo más sencillo fue presentar encuestas fantasmas, con la autoridad de la fiabilidad científica, obviamente falsa, declarando que hasta el 60% de los estadounidenses estaban a favor del aborto y pisando el acelerador de lo infundado se empezaron a presentar cifras sobre abortos clandestinos, multiplicando descaradamente las cifras reales.
Así, se pasó de datos médicos oficiales de alrededor de cien mil casos de abortos al año a un millón. Una mentira colosal, pero, como recuerdo el mismo doctor Nathanson, toda mentira que se dice varias veces con el ritmo de los medios de comunicación se convierte en una verdad. (Como enseña Joseph Goebbels, jefe de propaganda nazi. Nota del editor).
Continuando con esta sarta de mentiras, si por abortos ilegales -según cifras oficiales- morían cada año entre 200 y 250 mujeres, para los abortistas morían anualmente cientos de miles de mujeres por falta de tratamiento.
Cifras disparatadas, pero que encontraron espacio en la credulidad popular.
Frente a estas impresionantes cifras, aunque falsas, era necesario actuar. El gobierno, según los abortistas, tenía que acudir en ayuda de las mujeres, en primer lugar anulando la vergonzosa ley que prohibía el aborto, liberando finalmente a las mujeres no sólo de ser madres, sino devolviéndoles la dignidad.
Estratagemas de desinformación
Otra mentira bien argumentada fue, como relata el autor: “Hicimos creer al público a través de los medios de comunicación que lo apoyaban que había llegado el momento de que la legalización significaría que los abortos, entonces realizados ilegalmente, solo finalmente se convertirían en legales”. En realidad, el aborto, según las estadísticas oficiales a mano, se ha convertido en el principal método de control de la natalidad en Estados Unidos y su número anual ha aumentado en un 1.500% desde la legalización”.
Muchas estratagemas válidas para una verdadera campaña de desinformación, pero todavía faltaba la clásica guinda del pastel que habría abierto el camino a cualquier objeción ulterior con la creación de un “enemigo” que tenía que ser oscurantista, estar en contra de las mujeres, a favor de la familia tradicional y una moral muy estrecha para los tiempos que vivimos, así que ¿quién mejor que la Iglesia Católica podría representar al enemigo a combatir?
El juego ya estaba experimentado, solo quedaba difundir otras mentiras como ciertas y convertirlas en consignas repetidas sin cesar. “Todos sabemos que la oposición al aborto viene de la jerarquía y no de la mayoría de los católicos”, se decía con habitual confianza, y de hecho “las encuestas muestran repetidamente que la mayoría de los católicos quiere la reforma de la ley del aborto”.
En la práctica, fue la jerarquía católica, representada como un gran dictador, la que no quería la libertad de sus “súbditos“, ni de los fieles, y por otro lado estaban los verdaderos católicos que, en cambio, miraban el aborto como una conquista social.
Figuras como Torquemada, el juicio a Galileo o Giordano Bruno, por citar algunos, fueron resucitados, obviamente fuera de cualquier contexto histórico, para demostrar toda la crueldad de tal jerarquía y los resultados, por desgracia, no se hicieron esperar como todavía hoy presenciamos.
En consecuencia, el viejo lema latino divide y vencerás funcionó muy bien, por un lado con un Vaticano miope y por el otro los católicos, los verdaderos, hoy diríamos adultos, abiertos al progreso y, por lo tanto, al aborto.
Finalmente, el toque magistral de estos estrategas de las noticias falsas fue la impugnación de todas las investigaciones científicas que afirmaban que la vida, cuestión muy natural, comenzaba con su concepción, pero para los abortistas se trataba de una instrumentalización teológica y moralista, pero no ciertamente científica, aunque estudios numerosos y serios sobre el feto habían demostrado inequívocamente que el comienzo de la vida se puede determinar y el acto de abortar mata el nacimiento de una vida, sacrificándolo al bien común y a los problemas económicos y sociales.
Bernard Nathanson escribe: “Como científico, sé que la vida comienza con la concepción y, aunque no soy un practicante (dicho antes de su conversión) creo con todo mi corazón en la sacralidad de la existencia que nos exige detener de manera definitiva e irrevocable este triste y vergonzoso crimen contra la humanidad.
Palabras que creemos que no necesitan más comentarios.
Publicado originalmente en Italiano por Marco Tosatti el 27 de junio de 2025, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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