Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, Cinzia Notaro, a quien expresamos nuestro agradecimiento, ofrece a vuestra atención este artículo que informa el discurso del profesor Gianfranco Amato en una reciente conferencia. Disfruten la lectura y la difusión.
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El Nihilismo activo como causa de la cultura de la muerte
Se llevó a cabo una reunión en Verano Brianza, en la provincia de Monza y de Brianza, el 12 de septiembre de 2026, con motivo de la Quinta Jornada Contra el Aborto y la Eutanasia.
El abogado Gianfranco Amato es activo a nivel internacional en temas de bioética, con especial atención a la familia, la educación, la adicción juvenil, la ideología de género y el derecho natural.
Nombrado, en calidad de experto, director del Comité Técnico-Científico del Observatorio Permanente de las Familias de la Región Siciliana, ha sido escuchado muchas veces por el Parlamento italiano sobre propuestas legislativas relacionadas con los ámbitos de los que se ocupa, en particular en temas de libertad de opinión, de la familia y de la identidad de género.
Es presidente nacional de la organización Juristas para la Vida, así como fundador y presidente del movimiento Nova Civilitas, comprometido con la recuperación y defensa de la civilización cristiana occidental. Es conocido en América Latina, especialmente en México, Costa Rica y Chile, donde su actividad le ha llevado a colaborar con Conferencias Episcopales y diversas universidades.
Es autor de unos quince libros y ha recibido el Premio Testigos 2014 de la Fundación Fide et Ceteratio y el Premio Internacional al Compromiso Social 2015, titulado La memoria de los jueces mártires Rosario Livatino, Antonino Saetta y Gaetano Costa.
Hemos informado sobre su discurso: «¿Quién ha establecido que una vida humana no debe ser suprimida? Algunos me responderán, como dijo el cardenal Sandoval: Dios.
Sí, en efecto, el trzach no matarás es uno de los mandamientos dados a Moisés. Sin embargo, para la sociedad posmoderna, Dios está muerto, es decir, no existe. ¿Y por qué ha sido reemplazado? Por la nada.
Una nada codificada, según el concepto nietzcheano de nihilismo activo. Este pensador alemán, de hecho, distinguía entre un nihilismo pasivo, de aquellos que reconocen que la vida no tiene sentido, que venimos de la nada y vamos hacia la nada, y por tanto se resignan, se desesperan, permanecen en la inacción. Y en cambio un nihilismo activo, de quienes, habiendo tomado nota de todo esto, de la muerte de Dios, mediante la acción intentan actuar, crear la ilusión, crear el paraíso terrenal en la Tierra”.
Esta ideología es dramática y trágicamente actual. Hoy se está difundiendo, lamentablemente, especialmente entre los jóvenes, a través de malos maestros como Umberto Galimberti, quien teoriza el nihilismo activo con el libro La parola giovane, il dialogo, y lo dice muy claramente.
Por cierto, recibí cinco perlas de este pensador. Comparto solamente dos. La primera dice que el sentido de la vida consiste en las cosas que has hecho o que eres capaz de hacer.
No hay otro sentido más allá de lo tu hacer. Así que si una persona no sabe hacer algo, nunca ha hecho nada, su vida simplemente no tiene sentido. En cambio, la segunda dice que la única salvación consiste en la acción. Debemos actuar. Bien, mal… lo importante es hacer. Y lo explica claramente, chicos. Este libro lo contrasto con otro de uno de mis maestros, un sacerdote católico, monseñor Luigi Giussani: Realtà, sfida e giovinezza [Realidad, Desafío y Juventud].
Nihilismo, porque el nihilismo fue una definición muy precisa de Nietzsche, según la cual Nietzsche dice: falta el propósito, falta la respuesta al por qué, todos los valores se devalúan.
¿Pero cómo se le dice a los jóvenes que falta un propósito? Es exactamente lo opuesto a la juventud, como decía Giussani. Ser joven significa tener confianza en un propósito. Sin un propósito uno ya es viejo.
De hecho, la vejez se determina por no tener un propósito, mientras que quienes tienen entre 15 y 20 años quizá inconscientemente están orientados a un propósito, tienen confianza en uno. Esto revela otra característica de los jóvenes: la racionalidad. Son mucho más racionales que los adultos.
Un joven quiere las razones y el propósito es la razón por la que uno camina, es el ideal… Si no se lo tiene, ya es viejo. Pero vean, la idea que se difunde es ésta, que prácticamente lo que estoy haciendo en este momento… yo que hablo, ustedes que escuchan… es simplemente el resultado de una reacción química. Somos máquinas biológicas y una vez que morimos desaparecemos en la nada, como si nunca hubiéramos vivido.
Y esto lo piensan también personas inteligentes. Hace unas noches hablé con un magistrado del Tribunal de Casación, una persona inteligente y culta, pero que lamentablemente piensa así, materialmente. Me dio una lección de química, es decir, simplemente me dijo que las decisiones, los impulsos, las acciones -ya que la conciencia no existe y el alma es una invención de sacerdotes- dependen de la dopamina y de la serotonina.
La tentación era decir: “Lo siento, pero si te doy una bofetada ahora, ¿qué dices? ¿Es una reacción química? ¿Cómo puedes juzgar una reacción química? Si es así, ¿tiene razón Dostoievski? Si Dios no existe, todo es posible.
Entonces, ¿por qué no puedo matar? ¿Por qué no puedo robar? ¿Por qué no puedo ser un pedófilo, un mafioso? ¿Quién lo establece, la mayoría de las reacciones químicas? ¿Existen reacciones químicas de la serie A y reacciones químicas de la serie B? ¿Y quién juzga mis reacciones? ¿Todo depende de la dopamina, de la serotonina, como dice justamente otro patólogo famoso, uno de los mejores de Italia, muy bueno, profesor universitario, que afirma haber hecho miles de autopsias en su vida, pero jamás encontró el alma?
En realidad, según ellos, la idea que tenemos de nosotros mismos depende precisamente de estas combinaciones químicas. Si Dios no existe, si no hay una verdad objetiva, si no existe la conciencia, no existe el alma, sólo somos máquinas biológicas que vienen de la nada y van hacia la nada, así que desapareceremos en la nada como si nunca hubiéramos vivido, bueno, ¿entonces ahora quién determina qué es bueno y qué es malo?
Y si fuese así, en realidad la vida recordaría el verso de un gran escritor inglés, Shakespeare, en una de sus tragedias más importantes como Macbeth: “Si Dios no existe, la vida es una fábula contado por un idiota, lleno de sonido y furia, que no significa nada”.
Analicemos bien esta frase.
La vida es una fábula, por tanto un sueño extraño, un discurso abstracto, pura imaginación, contado por un idiota, que por lo tanto no tiene conexión lógica, intermitente, sin la capacidad de prever, en un exceso de furia donde por tanto la única posibilidad de relación es la violencia o la ilusión de poseer, que no significa nada, es decir, donde el hombre es esclavo de la aleatoriedad de los acontecimientos y, por tanto, en última instancia esclavo del poder.
¿Pero es lógico, es racional, es humano pensar así? Está claro que dentro de esta perspectiva del nihilismo la vida no tiene ningún sentido. Si se elimina este problema ya no se entiende nada, incluso la vida humana carece de sentido.
Hay un libro muy interesante de Matthew Petrusek, Evangelizzazione e ideologia, en el que se lee: “Si Dios no existe, entonces no hay una unidad global de la realidad y, en consecuencia, se perderían los valores compartidos que pueden servir de base para la unidad social.
Si la afirmación de que Dios existe es, en última instancia, falsa, las implicaciones de tales falsedades se reflejan en todas las dimensiones de la realidad, incluida la política. Si no hay Dios, entonces todos los acuerdos, todos los consensos, por ejemplo de no matar y no robar entre diferentes grupos de personas, son arbitrarios, son solamente accidentes de la historia que pueden deshacerse tan rápido como se concluyen. Hoy el aborto es un crimen nefandum, mañana un derecho constitucional.
En síntesis, sin un fundamento objetivo sobre el cual situar la fuente de un posible acuerdo entre las personas, lo que es bueno y lo que es malo, esto sigue siendo incierto, es fácilmente extirpable y, si fracasara, no habría otra posibilidad de solución más que la del mero ejercicio del poder coercitivo.
En consecuencia, la cuestión de Dios no es académica, es la cuestión política más importante que toda sociedad debe plantearse y tratar de resolver, porque en realidad el nihilismo lleva consigo la idea de la nada, de la muerte, de la autodestrucción, y Occidente se está autodestruyendo en esta dimensión de nihilismo activo.
Lo ha explicado muy bien un gran filósofo ruso, no por casualidad hoy censurado por Occidente porque es ruso: Kenzo Stojewski.
Occidente ha perdido a Cristo, es por esto, sólo por esta razón que está muriendo.
¿Puede el hombre posmoderno, dentro de esta perspectiva nihilista, encontrar un sentido a la vida, al cosmos y a la historia en la ciencia? ¿Puede encontrar realmente la paz? ¿Puede superar la desesperación?
Aquí, una vez más, nuestro Stojewski nos lo explica: “La ciencia por sí sola nunca podrá satisfacer ningún ideal humano“.
Y la paz para el hombre, la fuente de la vida, la salvación de la desesperación para todos los seres humanos, la única condición y garantía para el universo, están encerradas en las palabras de que el Verbo se hizo carne y en la fuente de estas palabras.
En su lecho de muerte, por última vez Stojewski se hizo llevar la copia del Evangelio que le había acompañado durante años en Siberia. Se la entregó a sus hijos y dijo: “Hijos queridos, este es el único y verdadero legado que les dejo, exhortándolos a tener siempre absoluta confianza en Dios, único significado de la existencia humana, del cosmos y de la historia”.
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Publicado por Marco Tosatti en italiano el 24 de setiembre de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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