Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, Cinzia Notaro, a quien agradecemos de todo corazón, ofrece a vuestra atención esta entrevista con el Dr. Stefano Montanari. Disfruten la lectura y la difusión.
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El caso Fauci, la pandemia y la relación entre ciencia y poder: una confrontación sobre las responsabilidades
Años después de la emergencia Covid-19, el debate sobre las decisiones tomadas durante la pandemia sigue siendo atravesado por interrogantes, polémicas y divisiones profundas. En el centro de la discusión están el rol de las instituciones sanitarias, la relación entre la política y la comunidad científica, las responsabilidades individuales y colectivas y el peso de la industria farmacéutica.
En este contexto se inserta el llamado “caso Fauci”, que se ha convertido en Estados Unidos y también en Italia en uno de los símbolos de la a menudo áspera confrontación entre los partidarios de las políticas adoptadas durante el estado de emergencia y sus críticos.
Hemos abordado estos temas con el Dr. Stefano Montanari, quien se licenció en Farmacia en 1972 por la Universidad de Módena con una tesis en Microquímica, ex profesor de Nanotecnologías y Nanopatologías en la escuela IFOA (Instituto para la Formación de Operadores de Negocio), autor de numerosos artículos científicos sobre nanopatologías y sobre contaminación ambiental, y autor y coautor de varios libros científicos y de divulgación sobre Nanopatologías. Desde 2004 ocupa el cargo de Director Científico del Laboratorio de Nanodiagnóstico en Módena. Junto con la Dra. Antonietta Morena Gatti, bioingeniera, fundó “Free Health Academy”, la “plataforma diseñada para abordar temas de actualidad, nutrición, ciencia, investigación, medicina, salud, medio ambiente y análisis de laboratorio con los respectivos resultados”, según su página web.
Dra. Montanari, usted define el caso Fauci como una experiencia emblemática de la relación entre Ciencia y Poder. ¿Cuál es, en su opinión, la responsabilidad más grave que surge de esta historia?
Me parece que hay muy poco espacio para una discusión. Al menos para la población mundial que se ha cuadruplicado en un siglo y nunca ha sido tan numerosa como ahora, y esto combinado con la posibilidad sin precedentes de llegar virtualmente a cualquiera en el planeta en lo que se define como “tiempo real”, se ha perpetrado el crimen más grave en la historia de la humanidad. Al apostar por el poder abrumador de la parte irracional del cerebro y ganar la apuesta, se ha sembrado el terror inventando las extravagancias más disparatadas. Una gripe banal transformada con una especie de burla de incapaces en una pandemia potencialmente mortal ha abierto las puertas no sólo al uso, sino a la imposición del uso de un líquido bizarramente etiquetado como vacuna que sólo se la puede prohibir. Las vacunas deben contener el patógeno, de lo contrario son otra cosa, y cambiar cómicamente la definición es solamente otro testimonio más del descaro del régimen.
Los hechos dicen que ese líquido no ha tenido ni un atisbo de experimentación según las normas que cualquier farmacólogo está obligado a conocer, y que, si la ley no es una broma —véase, por ejemplo, el Principio de Precaución, ignorado o malinterpretado por la mayoría, pero ley en vigor— no puede circular. No tengo la certeza respecto a la identidad de quien mueve los hilos de esta innoble exhibición de personajes, pero los personajes que aparecen en el campo son conocidos por todos, y Fauci no es más que el más visible. Definirle como científico, como han hecho algunos actores secundarios domésticos, fotografía sin piedad la estatura cultural y moral de quienes pronunciaron esa enormidad. Un científico es alguien que es autor de al menos un descubrimiento y, usando ese descubrimiento, actúa rectamente por el bien común. Con Fauci estamos frente a algo muy diferente, y todo lo que se contrabandea como ciencia a través de la “política”, la “medicina” y la “información” no tiene nada que ver con la ciencia. Sólo hay que pensar en el hecho de que siempre se han ignorado o rechazado los enfrentamientos abiertos, con datos reales en mano, entre quienes inventan los datos —véase, por ejemplo, el infame diario de Fauci— y quienes, por otro lado, poseen los datos, lo que contradice uno de los pilares de la ciencia. En consecuencia, no hablemos de ciencia, porque no hay rastro de ciencia alguna. Usted pregunta cuál es la mayor responsabilidad en esta trágica farsa. En mi opinión, fue la distorsión de cerebros con la mutilación de las capacidades de razonamiento y de crítica, un delito por el que la humanidad ya está pagando el precio, y la generación futura empezará ya contaminada.
Usted habla abiertamente de “mentiras” y “fraudes”. ¿Cuáles son los elementos concretos que, según usted, justifican acusaciones tan graves?
Las mentiras son más que evidentes. Basta con leer el diario personal de Fauci que mencioné, burlón como es, para darse cuenta de cómo, desde la cima de su falsa sabiduría y aprovechándose de una credulidad popular construida con habilidad por quienes la maniobran, miles de millones de personas crédulas y desatentas han caído en la trampa. Y bastaría con leer las fichas técnicas de muchos medicamentos, hojas técnicas publicadas obligatoriamente por los fabricantes, para constatar cómo la verdad hecha pública por obligación de fachada es manipulada y distorsionada con éxito por el régimen. En resumen, te dicen las cosas porque están seguros de que no las crees y a menudo ni siquiera eres consciente de ello.
¿Anthony Fauci fue realmente el protagonista de la experiencia o, como él afirma, simplemente el rostro de un sistema mucho mayor?
Me parece que Fauci fue elegido y disfrazado por sus características morales como el que realmente maniobra la estafa más gigantesca de la historia. Al fin y al cabo, mucho más pequeño, ocurre lo mismo en nuestra casa, disfrazando a marionetas ignorantes como hombres de ciencia.
Durante la pandemia, quienes cuestionaron las decisiones oficiales fueron acusados a menudo de alimentar la desinformación. Años después, ¿quién tenía razón en qué?
Siempre aprovechando la infinita estupidez del Homo sapiens, la realidad se ha invertido, haciendo pasar por “desinformador” a quienes, en cambio, decían las cosas tal como son. Cada día más y más la verdad sale a la superficie porque, como la tos, no puede ser reprimida por mucho tiempo. Sea como sea, tarde o temprano es inevitable que este engaño sea desenmascarado, aunque sólo sea porque choca con las leyes de la Naturaleza, leyes que nadie tiene la posibilidad de subvertir y que, les guste o no, no dependen del dinero, del poder ni de ninguna otra cosa: son así y así permanecen.
¿Cuánto influyeron los intereses económicos de la industria farmacéutica en las decisiones tomadas durante la emergencia sanitaria?
La industria farmacéutica es la empresa más rentable de nuestra sociedad, y ese poder económico ha sido utilizado, a cambio de la promesa de mayores ingresos por quienes realmente están al mando.
Usted critica duramente también el reconocimiento atribuido a Fauci en Italia. ¿Por qué considera que nuestro país cometió un error al celebrarlo?
Atribuir el máximo honor de la República a una persona de esa talla es una afrenta a quienes realmente merecían el reconocimiento, trabajando por el bien común tal y como prescribe la Constitución en el Artículo 4. Para agravar la vergüenza, dos universidades han concedido doctorados honoris causa a este personaje, desanimando a quienes han obtenido su título con esfuerzo y, quizás, trabajan honestamente. En lo que a mí respecta, cuando oigo a alguien afirmar que deberíamos estar orgullosos de ser italianos, me siento aún más mortificado.
Si realmente se determinara la responsabilidad, ¿quién debería responder por los eventuales errores cometidos: científicos individuales, la política, las instituciones o todo el sistema?
En primer lugar, me pregunto qué institución está comprometida en averiguar la responsabilidad. Si existiera una, entonces, claramente, según los diferentes niveles de responsabilidad, todos, desde los verdaderos autores de la estafa hasta los extras más microscópicos, tendrían que enfrentarse a un juicio justo. Para beneficio de quienes no quieren entender, no invoco ninguna condena preventiva, sino un juicio celebrado según la ley y la justicia me parece inevitable, aunque sólo sea por respeto al mundo.
Después del caso Fauci y luego de los años de la pandemia, ¿por qué un ciudadano debería seguir confiando en las instituciones científicas y sanitarias?
Confiar no es una cuestión de obligación, sino de voluntad y elección personal. Permítame torcer la nariz ante el uso del adjetivo científico, dado que ahora es habitual atribuirlo a una charlatanería fraudulenta. En cuanto a la salud, la discusión sería muy larga y compleja, incluyendo también el nivel cultural de quienes ejercen la Medicina hoy en día. Seamos claros: todavía hay profesionales de alto nivel, pero a menudo se ven obligados a una condición de casi clandestinidad.
https://www.freehealthacademy.
https://www.nanodiagnostics.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 19 de setiembre de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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