San Francisco y las falsas doctrinas –dentro de la Iglesia– que engañan a las almas. Cinzia Notaro

 

Marco Tosatti

Estimados StilumCuriales, en los próximos días comenzarán las celebraciones del Perdón de Asís. Cinzia Notaro, a quien expresamos nuestro más sincero agradecimiento, les ofrece algunas reflexiones sobre la importancia de este evento. Disfruten la lectura y difundan.

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MIENTRAS SAN FRANCISCO QUIERE LLEVAR A TODOS AL CIELO, LAS FALSAS DOCTRINAS PONEN EN PELIGRO A LAS ALMAS QUE LAS SIGUEN

 

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6).

El 2 de agosto celebramos el Perdón de Asís, el don que San Francisco obtuvo para que el mayor número posible de almas pudiera reencontrar el camino al Cielo a través de la conversión, la confesión y la gracia de Dios.

San Francisco no proclamó un Evangelio adaptado al mundo. Anunció a Cristo crucificado, invitó a hacer penitencia y deseó la salvación de las almas. Por eso también acudió al sultán: no para afirmar que todas las religiones eran iguales, sino para dar testimonio de Jesucristo y llamar a cada hombre a la verdad del Evangelio.

Desde los primeros siglos, la fe cristiana ha sido custodiada por los Padres de la Iglesia como un tesoro recibido de los Apóstoles. Enseñaron que la verdad no puede ser modificada según los tiempos, porque Cristo es el mismo ayer, hoy y para siempre.

San Ireneo de Lyon recordó que la verdadera fe es la transmitida por los Apóstoles y salvaguardada por la Iglesia, advirtiendo contra las doctrinas que se alejan de la verdad recibida.

San Atanasio afirmó con firmeza que la fidelidad a Cristo requiere permanecer firmes en la verdadera fe, incluso cuando el mundo o muchos hombres se alejan de la verdad.

San Agustín escribió: “Nadie puede tener a Dios como Padre si no tiene a la Iglesia como Madre”, recordando la importancia de permanecer unidos a la fe auténtica transmitida por la Iglesia.

Hoy, al leer las Sagradas Escrituras, me vienen a la mente las palabras de San Pablo: «Llegará un tiempo en que la sana doctrina ya no perdurará» (2Tm 4, 3).

Y también: «En los últimos días vendrán tiempos difíciles» (2Tim 3, 1).

Como católica, veo con preocupación lo que considero una confusión creciente en la fe. En mi opinión, la idea de que todas las religiones conducen por igual a Dios, algunas reuniones de oración interreligiosas que pueden percibirse como una Misa al mismo nivel que todas las religiones, el tema de la Pachamama, las aperturas a las uniones civiles, las bendiciones de parejas del mismo sexo y el acceso a la Eucaristía para algunas personas divorciadas y que han vuelto a casarse son cuestiones que suscitan en mí una profunda preocupación y que considero que pueden alejar a los fieles de la claridad del Evangelio.

Cristo nunca dijo que todos los caminos conducen al Padre. Los Apóstoles proclamaron: «No hay salvación en ningún otro» (Hch 4, 12).

Es por este motivo que creo que la misión de la Iglesia no es adaptar el Evangelio al espíritu de los tiempos, sino proclamarlo en su totalidad, incluso cuando es difícil y va en contra de la corriente.

Los Padres de la Iglesia nos recuerdan que la misericordia de Dios no elimina la necesidad de la conversión. San Juan Crisóstomo enseñó que no basta con llamarse cristiano, sino que se debe vivir según el Evangelio y transformar la propia vida.

Las iglesias se están vaciando, muchas abandonan la fe, a menudo se relativiza el pecado, la confesión se descuida y el llamado a la conversión parece debilitarse. Me pregunto si todo esto no es también fruto de una pérdida de claridad en la proclamación de la verdad.

San Pablo advierte enérgicamente: «¡Aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os prediquemos un Evangelio distinto al que os hemos predicado, sea anatema!» (Gal 1, 8).

Estas palabras me recuerdan la responsabilidad de permanecer fiel al Evangelio recibido de los Apóstoles y custodiado por la Tradición de la Iglesia.

En el día del Perdón de Asís rezo para que la Iglesia anuncie siempre a Cristo con claridad, que custodie plenamente el depósito de fe y que guíe a cada persona por el camino de la conversión, de la santidad y de la vida eterna.

«Entra por la puerta estrecha… porque estrecha es la puerta y estrecho el camino que conduce a la vida» (Mt 7, 13-14).

Que San Francisco de Asís interceda por nosotros ante el Padre por medio de Jesucristo, para que podamos permanecer fieles a Él, el único Salvador del mundo, y no perdamos jamás de vista el objetivo: el Paraíso.

 

Publicado originalmente por Marco Tosatti en italiano el 27 de julio de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/07/27/san-francesco-e-la-false-dottrine-dentro-la-chiesa-che-ingannano-le-anime-cinzia-notaro/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

 

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