Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, ofrecemos a vuestra atención algunos elementos de evaluación de lo que se está perpetrando en Medio Oriente, con la complicidad activa de nuestro gobierno, de nuestros medios de comunicación y de los lobbies financieros proisraelíes que gobiernan y condicionan a unos y otros. Disfruten la lectura y difundan.
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La primera es este post publicado en Instagram. Habla del Dr. Abu Safiya, director de un hospital en Gaza, pediatra, arrestado hace 556 días, sin ninguna acusación específica, torturado, golpeado y que está muriendo en las democráticas prisiones israelíes, donde no se permite el ingreso de la Cruz Roja. Hacer clic en el enlace para ver el vídeo.

“Estamos muriendo, pero a nadie le importa”.
Este fue el llamamiento del Dr. Abu Safiya a su pueblo en Gaza, en diciembre de 2024.
Luego de 556 días, Abu Safiya lanzó otro llamamiento, esta vez por su vida.
Con voz débil le dijo a su abogado: “Esta es la última vez que me verás… Me trajeron aquí para matarme. No creo que vaya a sobrevivir. Esto es el final.”
El pediatra símbolo del genocidio de Gaza está muriendo en las cárceles israelíes.
En la entrevista con su abogado apareció con la cara hinchada, incapaz de mantenerse sentado sin caerse.
Los soldados israelíes siguen golpeándolo y torturándole, tanto que su rostro y cuerpo son casi irreconocibles, dijo el abogado.
Israel lo tiene detenido sin cargos ni pruebas desde el 27 de diciembre de 2024.
Su última foto de servicio ha sacudido al mundo, pero ciertamente no a la política ni a ciertos medios de comunicación, que siguen sin dedicar espacio a la vida de este pediatra.
Su bata blanca entre los escombros es la fotografía que deja sin palabras a Israel y su genocidio.
Y, sin embargo, sus súplicas ignoradas clavan de la misma manera el silencio cómplice de Occidente, de quienes podrían haber actuado pero no lo hicieron.
Antes de su arresto se había dirigido a la comunidad internacional pidiendo una intervención antes de que fuera demasiado tarde.
Ese retraso ha llegado: el genocidio se ha llevado a cabo a un ritmo acelerado, sin siquiera una sanción que le llegara a Israel.
Ni una sola.
Abu Safiya se negó a abandonar su hospital, el de Kamal Adwan, y a sus pacientes. Israel lo capturó y lo está matando lentamente en prisión.
Occidente, cómplice, lo abandonó.
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Después está este post publicado en Facebook por Luciano Tovaglieri:
LAS FDI MATARON A UNA MAESTRA DE JARDÍN DE INFANTES BAJO EL PRETEXTO DE QUE ERA UNA “AMENAZA”
Por Luciano Tovaglieri, Secretario Nacional de IGNIS Fuoco Italico

Hay algo profundamente perturbador en la forma en que se relatan ahora ciertas muertes.
La última víctima se llamaba Esperanza Ghandour. Era la directora de un jardín de infantes en el sur del Líbano. Según las autoridades libanesas, estaba regresando con su madre y otras dos personas luego de haber comprobado el estado de su hogar, dañado por la guerra. Un dron israelí impactó en su coche, matándolos a todos. Israel afirmó que el vehículo transportaba a cuatro personas que consideraba una amenaza para sus soldados, sin presentar pruebas públicas que lo demostraran (Reuters).
La pregunta es inevitable: ¿representaban realmente un peligro tal que justificara un misil una directora de guardería, su madre, una trabajadora doméstica y una trabajador civil?
Una vez más, se invoca una “amenaza” genérica. Una fórmula que ahora parece haberse convertido en una justificación recurrente cada vez que un atentado provoca la muerte de civiles. Cuando falta evidencia pública y verificable, es natural que crezcan las dudas e interrogantes sobre la proporcionalidad y legitimidad de tales operaciones.
Pero el resultado está ahí para que todos lo vean: más vidas rotas, más familias destruidas, más comunidades aterrorizadas. Las personas que simplemente intentan volver a sus hogares o revisar los daños sufridos viven con el miedo constante de que cualquier movimiento pueda transformarse en una sentencia de muerte.
También hay otra consideración política que merece ser discutida. La impresión que muchos deducen de lo que está ocurriendo es que la persistencia de una situación de inseguridad tiene como objetivo dificultar cada vez más que los habitantes del sur del Líbano regresen a sus hogares. Es un hecho que Israel sigue manteniendo presencia militar en algunas zonas del sur del Líbano, lo que Beirut considera una violación de su soberanía.
Si los habitantes no pueden regresar, si cada coche puede ser considerado sospechoso y si quienes vuelven a revisar sus casas corren el riesgo de ser alcanzados por un dron, la consecuencia concreta es el vaciamiento progresivo del territorio. Y es inevitable que alguien se pregunte cuál es el verdadero objetivo estratégico de esta política.
Cada Estado tiene el derecho de garantizar la seguridad de sus ciudadanos. Pero este derecho no puede transformarse en una licencia ilimitada para atacar a cualquiera que sea considerado, sin pruebas públicas, una amenaza potencial. Cuando las víctimas son civiles y entre ellas incluso hay una directora de guardería, el deber de la comunidad internacional no es el de aceptar automáticamente cualquier explicación, sino exigir transparencia, investigaciones independientes y rendición de cuentas. Porque cada vez que se elimina una vida inocente con la simple fórmula “constituía una amenaza”, no sólo muere una persona, también muere una parte de la credibilidad del Derecho internacional e Israel ha perdido esta credibilidad hace ya mucho tiempo.
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Y finalmente está este post en Instagram, que demuestra cómo los cómplices en Occidente de Israel y sus crímenes trabajan activamente para minimizarlos u ocultarlos.

El Comité para la Protección de los Periodistas ha comenzado a retirar a los periodistas palestinos mártires del registro que antes mantenía para honrarlos.
El 25 de junio, el grupo anunció una revisión completa de su lista de periodistas muertos durante la guerra de Gaza, afirmando que actuaba sobre informes que indicaban que algunos de los fallecidos eran combatientes.
La medida sigue a meses de eliminaciones más silenciosas y a una lista que en su día contenía 276 nombres, ahora con 259, siendo la mayoría de los borrados periodistas palestinos.
Casi todas las cancelaciones se produjeron acompañadas de la misma presión de la prensa proisraelí de derechas, con revistas como The Washington Free Beacon, HonestReporting y CAMERA, las cuales etiquetaron a un periodista palestino como militante, repitiendo una afirmación no verificada de la entidad y esperando que el grupo la hiciera pasar.
Entre los que han sido borrados se encuentra Amal Khalil, que fue abandonada para morir bajo los escombros en el sur del Líbano después de un ataque al edificio donde se encontraba mientras cubría ataques en las cercanías.
Modificación: hemos corregido nuestro pie de foto anterior que incluía a Shireen Abu Akleh como una de las que fueron omitidas después de confirmar que su nombre no se omitirá.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 7 de julio de 2026, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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