La última batalla del diablo (contra la Santa Iglesia Romana). Catholicus

 

Marco Tosatti

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, un fiel lector de nuestra página web, Catholicus, ofrece a vuestra atención estas reflexiones sobre un libro escrito por el padre Paul Kramer. Disfruten la lectura y compartan.

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La última batalla del diablo

(contra la Santa Iglesia Romana)

 

The Devil’s final battle [La batalla final del diablo]: este es el título del libro del reverendo Paul Kramer, un clérigo fatimí estadounidense, publicado en Estados Unidos en 2002 y en Italia en 2004 [La Battaglia finale del diavolo].

 

Como es bien sabido, el diablo es el perdedor eterno e, incluso cuando parece haber ganado en todos los ámbitos, como luego de la Crucifixión, sus victorias se vuelven contra él: así sucedió con la Resurrección, con la Contrarreforma, con las victorias de los Estados católicos en Lepanto (1571), en Czestochowa (1655) y en Viena (1683).

Ahora que Nuestro Señor le ha concedido los famosos 100 años para su pretensión de borrar la Iglesia Católica de la faz de la tierra (la referencia es a la visión del papa León XIII y su oración a San Miguel Arcángel, introducida en el canon de la Misa, de la que fue posteriormente eliminada por el papa Pablo VI),  ahora, como decíamos, Satanás, o Lucifer si se prefiere, se ha desatado con toda su rabia, su soberbia, su maldad, con la finalidad de extirpar la fe católica de los fieles de la Santa Iglesia Romana, ridiculizar y redimensionar el papado, hacer que todo el cuerpo eclesial -sacerdotes, frailes, monjas- sea hereje, traidor y apóstata. La hostilidad visceral de toda la actual jerarquía eclesiástica contra la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X y su Misa del Vetus Ordo es la prueba irrefutable de ello, la pistola humeante, la prueba de fuego que revela sus intenciones ocultas.

Pero en estos días de densa oscuridad y fuerte hedor a azufre no debemos desanimarnos ni perder la esperanza, porque seguramente Satanás perderá también esta última batalla, aunque los centros del poder eclesiástico parezcan cada vez más fuertes y fundados bajo la bandera de la mentira, el engaño y el desvío de la Verdad en su totalidad.

“El Señor te acepta así como eres, sigue así”, solía repetir el papa Francisco a los pecadores endurecidos e impenitentes: Dios perdona todo, es misericordioso (véase Amoris LaetitiaFiducia Supplicans). Sin embargo, esto no se aplicaba, y aún no se aplica, a quienes desean permanecer fieles a la Iglesia preconciliar, bimilenaria, y a su doctrina, liturgia, pastoral misionera; no, estos son rebeldes, réprobos a los que hay que reprender severamente y, si persisten en su actitud, castigar severamente, incluso con la excomunión.

Hablábamos, en consecuencia, de las características distintivas de la actual “Iglesia sinodal-conciliar”, totalmente destinada a demoler la doctrina, la liturgia, la pastoral misionera, es decir, los cimientos, los instrumentos y los objetivos que han caracterizado a casi dos milenios de historia de la Iglesia militante, Una, Católica y Apostólica. Una anti-iglesia, por lo tanto, la que la ha reemplazado, que la ha eclipsado, aunque sigue llamándose católica, para engañar mejor al clero inferior y a los fieles. ¿Sus características reveladoras? La mentira en lugar de la Verdad, la liturgia desacralizada y protestante en lugar de la repetición sin derramamiento de sangre del Santo Sacrificio de la Cruz (por acción del Alter Christus, el sacerdote celebrante, y no por un simple presidente de la asamblea, como si fuera una reunión de condominio), el diálogo estéril e infructuoso en lugar de la evangelización de todos los pueblos hasta los confines de la tierra,  un ecumenismo suicida calabrés en lugar de la Extra Ecclesia Nulla Salus (incluso teniendo en cuenta el bautismo del deseo, ya sea explícito o implícito), una infinita serie de horrendos edificios anónimos, desacralizados y ofensivos para la Divina Majestad (véase la iglesia cúbica de Foligno), en lugar de las bellas catedrales, basílicas y santuarios edificados en casi dos milenios de historia cristiana.

Quienes pueden todavía soportar la Misa del Novus Ordo de Montini-Bugnini se habrán dado cuenta que con el estruendo de guitarras y bongós, las canciones a pleno pulmón de estilo protestante, las homilías rebosantes de protagonismo clerical, ideológico y unilateral, es casi imposible meditar, contemplar, adorar y dar gracias, como era costumbre en la Misa del Vetus Ordo.

El súper dogma del Concilio Vaticano II ha sido impuesto por una jerarquía herética y traidora a la base del clero y a todos los fieles; los teólogos de la Nouvelle Théologie, ya castigados por los Papas preconciliares por sus teorías absurdas, fueron llamados por los Papas del Concilio a participar en la asamblea conciliar como peritos, es decir, expertos, expertos sí, pero en el arte de la demolición de la bimilenaria Iglesia de Cristo, para ser reemplazada por una entidad disfrazada de Iglesia Católica, pero con contenidos opuestos, incompatibles e inconciliables.

En tiempos de Pablo VI, el cardenal Benelli acudió al obispo Léfèbvre para convencerle “de que se sometiera a la Iglesia Conciliar“; la respuesta del Fundador fue breve y lapidaria: “No conozco esta Iglesia conciliar, sólo conozco la Iglesia Católica“, palabras que han permanecido grabadas en nuestros corazones y en nuestras mentes como un hito que indica el camino a seguir frente a cualquier otra presión de la jerarquía vaticana destinada a la normalización de quienes aún se atreven a permanecer fieles a la Iglesia preconciliar.

También es importante recordar el testamento espiritual de Mons. Léfèbvre a sus hermanos -“ningún acuerdo con Roma hasta que vuelva a ser católica“-, y lamentablemente hasta ahora se puede decir de todo sobre la jerarquía vaticana, salvo que está volviendo a ser católica. Ningún Papa postconciliar ha dado señales alguna de querer revertir el rumbo, ya que la deriva inaugurada por el papa Juan y por el papa Pablo y su nefasto Concilio Vaticano II, Summorum Pontificum, no ha sido más que un intento de conciliar lo inconciliable, a la luz de la cerebral “hermenéutica de la continuidad”.

En conclusión, mientras esta falsa Iglesia católica acepta supinamente a los obispos impuestos por el gobierno comunista chino, al mismo tiempo se opone tenaz y visceralmente a la única realidad católica que queda en pie, justificándose diciendo que ellos, los réprobos, al no aceptar algunos puntos del CV II, les obligan “a seguir adelante”.

De igual manera y en consecuencia, también nosotros, desde el fondo de nuestro corazón, nos sentimos obligados a animar a los sacerdotes de la Fraternidad a avanzar, siguiendo a NSJC y siendo fieles a Su Santa Iglesia, la Iglesia preconciliar, cueste lo que cueste. Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres, como bien sabe todo verdadero católico, y esto especialmente cuando estos últimos Le traicionan y desafían abiertamente. Cristo, juez justo, podrá recompensarlos abundantemente por su fidelidad y servicio al pequeño resto de evangélica memoria.

 

Catholicus

Publicado por Marco Tosatti en italiano el 27 de junio de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/06/27/lultima-battaglia-del-diavolo-contro-santa-romana-chiesa-catholicus/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

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