Marco Tosatti
Carissimi StilumCuriali, offriamo alla vostra attenzione questo articolo pubblicato da don Curzio Nitoglia, che ringraziamo per la cortesia. Buona lettura e diffusione.
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El “Credo” del Judaísmo talmúdico
por Don Curzio Nitoglia
En la “práctica religiosa” del Judaísmo post-bíblico, “la praxis ocupa un lugar central […]. Por lo tanto, quien obedece [la Ley, nde.] y no quien conoce y acepta un Credo […]. Sin embargo, la aceptación y el cumplimiento de la voluntad de Dios [Ley, nde.] se apoyan en una serie de convicciones teológicas, que funcionan como premisas objetivas y fundantes de una praxis, y constituyen la teología judía”.
Por lo tanto, no se puede hablar de dogma judío en sentido estricto, ya que no existe una autoridad magisterial única e infalible en el Judaísmo talmúdico, sino que sólo se puede hablar de “Credo” en sentido amplio, como verdades religiosas reveladas, pero no definidas ni propuestas para creer por el magisterio.
En consecuencia, continúa Carmona, “nunca ha existido una doctrina oficialmente ortodoxa, definida e impuesta, ni otra heterodoxa que excluyera de la comunión judía. En el Judaísmo, hay una mayoría que cree en un conjunto de hechos y principios religiosos; del mismo modo, hay una minoría que no cree y por esta razón no deja de ser considerada judía“.
Lo esencial es la pertenencia al pueblo judío, es decir: es judío el que nace de madre judía, no alguien que cree y observa la Ley. Además, el concepto de fe judía no es intelectual sino voluntarista/sentimental, es decir, la fe no es un acto del intelecto que, impulsado por la voluntad y movido por la gracia, se adhiere a las verdades reveladas, sino que es un confiarse o un tener confianza en la ayuda de Dios hacia Israel, su pueblo elegido.
Tres son las verdades fundamentales del Judaísmo rabínico: 1) La unidad de Dios; 2º) la תוֹרָה [Torá] como voluntad divina dada a Israel; 3º) Israel como pueblo elegido por Dios y depositario de su Ley.
Sin embargo, estas tres verdades fundamentales deben entenderse “a nivel práctico, más que a nivel teológico-especulativo, […]. Se trata de proposiciones pastorales para la vida espiritual del pueblo“. Es decir, la práctica religiosa judía puede subsistir sin la “fe” (incluso en sentido amplio), la que, si existe, sólo tiene un valor práctico y no dogmático (como quiere también el modernismo) y es relativa, a la pertenencia al pueblo de Israel.
De hecho, el Judaísmo consiste esencialmente en la pertenencia al pueblo de Israel del que puede conseguir accidentalmente una práctica legal, que ayuda a mantener la identidad del pueblo elegido.
Escribí “accidentalmente”, porque uno es judío, aunque no se practique, siempre que sea hijo de madre judía. Esta práctica, normalmente, pero no necesariamente, está basada en algunas verdades religiosas, pero estas verdades tienen un propósito más pastoral (o práctico) que dogmático (o especulativo), porque sirven para afianzar el sentido de pertenencia al pueblo elegido, separándolos de los demás, especialmente de los cristianos.
De hecho: 1) la unidad de Dios sirve para distinguir el Judaísmo rabínico del Cristianismo, que cree en la Unidad de la Naturaleza divina en la Trinidad de las Personas. Por ello, el Judaísmo rabínico se caracteriza por el rechazo de la Santísima Trinidad y de la Unión hipostática (= Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre).
2º) la Torá es la Ley (o voluntad) divina entregada por Dios a Israel. Sirve para distinguir a Israel de todos los demás pueblos. Si se la practica, es especialmente desde esta perspectiva racial, exclusivista y segregacionista.
El Judaísmo rabínico, junto con la literatura talmúdica, ha añadido a la Ley mosaica (Decálogo mosaico) otros 613 preceptos (de los cuales 248 –como las partes del cuerpo humano– son positivos y 365 –como los días del año– son negativos), para distinguir al talmudista del cristiano, quien mira los Diez Mandamientos revelados por Dios a Moisés en el Monte Sinaí y perfeccionados por Jesús en el “Sermón de la Montaña”.
Sin embargo, según el talmudismo, siete preceptos noáquicos fueron entregados por Dios a todos los demás hombres en Noé, como una especie de Ley natural para los גוֹי “gojim” (los no judíos) que correspondían, aproximadamente, al Decálogo mosaico.
3º) Israel es el pueblo santo y el israelita pertenece a este pueblo elegido por Dios: “La elección de Israel es uno de los principios teológicos fundamentales del Judaísmo rabínico“23.
La tarea de Israel es salvar al mundo, siendo un “reino de sacerdotes, una nación santa” y la “luz de las naciones”. Israel, “a causa de su elección, actuará como mediador entre Dios y toda la humanidad […] que finalmente abandonará a los falsos dioses y reconocerá la soberanía de Yavé [y de su pueblo Israel, nde.]”24.
El profesor Carmona explica: “La Torá ha sido dada en función de la elección, pero que sin embargo, […] permanece aun cuando el judío decidiera ignorar las obligaciones de la Alianza o rechazarlas. La elección es el dato principal; la recepción de la Torá es el evento secundario“25.
“Elegido por Dios, Israel recibió una tierra en la cual se puede realizar como pueblo: la antigua tierra de Canaán […] es desde entonces la tierra de Israel (אֶרֶץ יִשְׂרָאֵל/Eretz Jisrael). Una tierra considerada santa no por sí misma […], sino por su relación con el pueblo elegido, a quien Dios […] ha dado el don de la Torá: esto sólo puede realizarse plenamente en la tierra de Israel”26.
En resumen, la Tierra de Palestina es redimida y santificada por el pueblo de Israel. De ahí la importancia que el sionismo tiene para el Judaísmo rabínico. Sin la tierra “de Israel” (es decir, Palestina, que perteneció a los palestinos desde 135 hasta 1948), la Torá no puede vivirse totalmente, sino sólo en forma imperfecta.
Por lo tanto, el talmudismo es –radical y virtualmente– sionista. Además, está claro que toda la fe y ley rabínica se reducen a la elección de Israel y a su primacía sobre los otros pueblos; por ello, la práctica y la teología rabínica se ordenan a la pertenencia étnica al pueblo santo.
En esencia, el Judaísmo consiste en ser genéticamente judío y –secundariamente– en practicar la fe o tenerla: uno sigue siendo israelita, aunque no crea ni practique; es una cuestión de “sangre y tierra”, no de “fe y buenas obras”. De hecho, el amor al prójimo “se limita a los compatriotas (los “cercanos”), y no se refiere a todas las posibles relaciones interpersonales”27.
En cuanto al misticismo judío o Cábala, Carmona explica que es mejor hablar de “misticismo”, el cual (en la tradición judía) va de la mano con el esoterismo28.
El “misticismo” es una desviación elitista, oculta y ocultista (obtenida mediante técnicas humanas secretas) de la verdadera mística, la cual consiste en la unión con Dios, ofrecida abierta o públicamente por la gracia divina a todos aquellos que quieren responder a su llamado mediante una vida ascética seria, que luego será seguida en el camino místico por el predominio de los siete Dones del Espíritu Santo como desarrollo normal de la vida de la gracia santificante, que culminará en el cielo en la Visión Beatífica gracias a la Lumen gloriae.
El misticismo judío se llama Cábala o tradición porque el Judaísmo post-bíblico lo presenta como “una Revelación primordial concedida a Adán o a las generaciones humanas”29. Si al principio la Cábala fue un movimiento reservado a unos pocos elegidos, con el Jasidismo de los siglos XII y XIII (en Francia y en Alemania), pero especialmente en el siglo XVIII (en Polonia y Ucrania), se convirtió en un movimiento de masas, abierto al hombre común, mezclado con fenómenos de magia, amulética y herboristería de bajo nivel. Sin embargo, también contó con representantes muy cultos, como Martin Bubèr (†1965) y W. Abraham J. Heschel (†1973), cuyo pensamiento ejerció una enorme influencia en el Concilio Vaticano II y en la formación intelectual de K. Wojtyla y de J. Ratzinger.
Esta es –en síntesis– la historia y la teología del Judaísmo rabínico-talmúdico.
23 Ibidem, p. 476
24 Ibidem, p. 477.
25 Ibidem, p. 478
26 Ibidem, p. 481.
27 Ibidem, p. 490. Ver también: D. Novak, L’elezione di Israele. L’idea di popolo eletto, Brescia, Paideia, 2001; K.-J. Kuschel, La controversia su Abramo. Ciò che divide e unisce ebrei, cristiani e musulmani, Brescia, Queriniana, 1996; A. J. Heschel, L’uomo non è solo, Milano, Rusconi, 1987; D. Stemberger, La religione ebraica, Bologna, EDB, 1996; H. Henemann, La preghiera ebraica, Magnano, Qiqajon, 1992; R. Fabris, La spiritualità del Nuovo Testamento, Roma, Borla, 1985; L. Jacobs, La preghiera chassidica, Milano, Gribaudi, 2001.
28 Ibidem, p. 211.
29 Ibidem, p. 220
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 17 de junio de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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