Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, Americo Mascarucci, a quien agradecemos sinceramente, ofrece a vuestra atención estas reflexiones sobre la figura y el rol del cardenal Camillo Ruini. Disfruten la lectura y compartan.
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Con la muerte de Camillo Ruini no solo se marcha un eminente hombre de fe y de Iglesia, sino sobre todo un símbolo: el símbolo de un nuevo protagonismo católico en la sociedad y en el mundo.
No el católico resignado que durante cincuenta años había delegado a un partido político, los demócratas cristianos, la tarea de representar sus propias instancias, firmando casi una especie de cheque en blanco. Con el fin de la unidad política de los católicos, determinada por un lado por la caída del comunismo, y por tanto del único pegamento posible que mantenía unida la galaxia variada del catolicismo italiano, y por otro lado con la introducción del sistema electoral mayoritario que llevó al nacimiento del bipolarismo, fue necesario replantearse el rol del católico en la política.
En consecuencia, se hizo claro en ese momento la imposibilidad objetiva de mantener unidos a católicos conservadores y progresistas, católicos liberales y cristianos sociales, Acción Católica y Comunión y Liberación, Rosy Bindi y Roberto Formigoni, y se hizo necesario redefinir toda la estrategia de acción para no ser marginales sino incisivos. Ruini tuvo la habilidad y sabiduría de indicar un nuevo protagonismo de católicos, ya no unidos en un único partido o contendiente político, sino unidos por valores compartidos que el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana -a quien Juan Pablo II quiso fervientemente que guiara a los obispos italianos- identificó en la defensa de las cuestiones éticas, es decir, la defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, contra el aborto y la eutanasia, la defensa de la familia natural basada en el matrimonio frente a los intentos de homologación respecto a las uniones civiles, la defensa de la igualdad escolástica, la defensa de la identidad cristiana y católica de Italia en el marco de una integración compatible con nuestros valores invocados por el cardenal Giacomo Biffi a principios del milenio, el contraste con el relativismo ético, la afirmación de un modelo económico capaz de calmar el liberalismo y los excesos del capitalismo, pero dejando de lado una visión puramente estatista. Mientras que por parte de los católicos de centro-derecha la agenda de Ruini fue mayormente aceptada, por otro lado -la de los católicos aliados con los antiguos comunistas- prevaleció la concepción de Prodi del “católico adulto”, es decir, del católico conciliarista, inspirado por la libertad de conciencia y no por las indicaciones de los obispos.
El CEI de Ruini fue a menudo una voz crítica hacia la política italiana, guió la acción de los católicos en momentos muy delicados al obstaculizar los intentos de imponer la eutanasia, la procreación artificial, las uniones homosexuales, el desmantelamiento del sistema educativo católico y reafirmó el deber de los católicos, en su máxima autonomía, de seguir la doctrina de la Iglesia en las decisiones éticas y sociales. Siempre intentó obtener de la política la escucha y la atención a las demandas queridas por la Iglesia y especialmente por Juan Pablo II, y lo hizo actuando con gran diplomacia, dialogando en forma constructiva y sin prejuicios tanto con Berlusconi como con D’Alema, y enfrentándose abiertamente a Romano Prodi, alumno de la escuela dossettiana, que nunca perdonó a Ruini haber favorecido la disolución del catolicismo político italiano al declarar concluida la experiencia del partido único de los católicos en el mismo momento en que Rocco Buttiglione rompió la unidad del Partido Popular Italiano en controversia con su candidatura a la dirección de la centro-izquierda italiana en alianza con los ex comunistas.
Después de él, la CEI perdió por completo el protagonismo que “Don Camillo” le había asegurado, porque quienes vinieron después no tenían ni carisma ni capacidad para guiar a los obispos italianos y, sobre todo, para influir concretamente en la política italiana. Una prolusión de Ruini era suficiente para cambiar el voto católico y determinar los resultados electorales. Por esta razón fue “odiado” por el mundo secularista y anticlerical, por el club de Repubblica, pero también por los católicos de izquierdas modelo Familia Cristiana y Jesús, que a menudo adoptaron posturas abiertamente contrarias a la orientación de la CEI, con la bendición de cardenales y obispos como Martini, Silvestrini y Bettazzi, que eran claramente hostiles a él.
Un hombre de fe coherente hasta el final, al extremo de oponerse con la espalda recta y voz fuerte a un Papa como Bergoglio, a quien veía muy alejado de la claridad doctrinal y pastoral de Wojtyla, ambiguo en sus pronunciamientos y, sobre todo, demasiado condicionado por los aplausos y por el consenso del mundo, empezando por esos mismos clubes radicales chic y secularistas de matriz scalfariana (de Eugeno Scalfari) que habían sido sus acérrimos enemigos. Y, por supuesto, sufrió, como muchos católicos como quien escribe, al ver a un Papa, un sucesor de Pedro, considerar a figuras como Emma Bonino o el propio Scalfari más dignas de escucha y atención que a un cardenal como él, que ha dado tanto a la Iglesia y a quien la Iglesia debe tanto.
Gracias, cardenal Ruini, gracias por todo, gracias por haber sido un punto de referencia para mí y para muchos católicos que se sintieron confirmados por Usted en la fe.
Americo Mascarucci
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 17 de junio de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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