Marco Tosatti
Estimados StilumCuriales, nos hemos ocupado muy poco del viaje de León XIV a España; aunque hubiéramos recopilado material que nos pareciera interesante, las fuerzas y el espacio son los que son, y pensé que, en cualquier caso, la cobertura era más que suficiente en todos los medios de comunicación. Sin embargo, parece interesante llevar a vuestra atención el comentario del arzobispo emérito Strikland, publicado por Pillars of Faith, a quien agradecemos su cortesía. Disfruten la lectura y difundan.
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Comentarios sobre el discurso del Santo Padre con motivo del viaje apostólico de Su Santidad el papa León XIV a España y de la reunión con miembros del Parlamento español
Agradezco las importantes verdades que el Santo Padre ha reafirmado en su discurso ante el Parlamento español.
En una época en la que la dignidad humana reducida a menudo a la utilidad, la productividad o la preferencia personal, es alentador escuchar una clara defensa de la dignidad inherente de cada persona humana, creada por Dios y dotada de derechos que no derivan del Estado.
Particularmente destacable es la afirmación del Santo Padre según la cual toda vida humana debe ser protegida desde la concepción hasta la muerte natural, y su advertencia de que la grandeza moral de una nación se mide por cómo trata a los más vulnerables entre nosotros.
También estoy agradecido por su defensa de la familia como fundamento natural de la sociedad, por su afirmación de los derechos primarios de los padres en la educación de sus hijos, por su apoyo a la libertad religiosa y por su insistencia en la inviolabilidad del secreto sacramental de la Confesión.
Estas son verdades profundamente arraigadas en las Sagradas Escrituras, en la Tradición católica y en la Doctrina Social de la Iglesia.
Al mismo tiempo, los católicos deben recordar siempre que la misión de la Iglesia es, ante todo, sobrenatural.
Aunque los temas de política pública, economía, migración, tecnología y relaciones internacionales son importantes y merecedoras de una reflexión seria, nunca deben oscurecer el anuncio central del Evangelio: la salvación de las almas a través de Jesucristo.
La dignidad de la persona humana se comprende plenamente sólo a la luz de la verdad de que el hombre es creado por Dios, herido por el pecado, redimido por Cristo y llamado a la vida eterna.
El florecimiento humano por sí solo no puede ser el horizonte último de la enseñanza de la Iglesia. Nuestro destino último no es simplemente una sociedad justa, sino la unión con Dios.
De manera similar, en los ámbitos en los que la Iglesia ofrece juicios prudenciales en materia de políticas públicas, económicas, medioambientales o migratorias, los fieles católicos pueden tener legítimamente opiniones diferentes sobre los mejores medios para lograr la justicia y proteger el bien común. Estas discusiones deben llevarse a cabo siempre con caridad y con fidelidad a los principios morales católicos.
Mientras reflexionamos sobre las palabras del Santo Padre, demos la bienvenida con gratitud a las verdades claramente enseñadas, especialmente en lo que se refiere a la sacralidad de la vida, a la familia, a la libertad religiosa y a la dignidad de toda persona humana. Al mismo tiempo, mantengamos la mirada fija en Cristo, recordando que toda renovación auténtica de la sociedad comienza con la conversión del corazón y la fidelidad al Evangelio.
Que el Sagrado Corazón de Jesús reine en nuestras familias, en nuestras comunidades y en nuestra nación, y que todos nuestros esfuerzos en la vida pública conduzcan finalmente a las almas hacia la verdad, hacia la bondad y hacia la misericordia que se encuentran en Él.
Monseñor Joseph E. Strickland
Obispo emérito
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