Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, Cinzia Notaro, a quien agradecemos sinceramente, ofrece a vuestra atención esta entrevista con el profesor Matteo D’Amico. Disfruten la lectura y la difusión.
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CUANDO LA SOCIEDAD NIEGA LA VIDA
Profesor de Filosofía e Historia en el Liceo Clásico de Ancona, conferenciante y ensayista, durante años ha estudiado temas relacionados con la bioética, con las cuestiones antropológicas, con la crisis de la cultura actual y la relación entre modernidad y cristianismo; autor de varios ensayos, entre ellos Giordano Bruno, Apostasia Verde e Occidente e Occidentalismo (como coautor), además de otras contribuciones filosóficas y culturales en las Actas de numerosas conferencias. Estamos hablando del profesor Matteo D’Amico, quien en su reciente libro La vita negata. Il nichilismo bioetico nell’età della secolarizzazione aborda temas como el relativismo moral, la ideología de género, la fertilización artificial y todos los demás problemas más importantes de la bioética contemporánea.
Profesor D’Amico, ¿por qué eligió el título La vita negata? ¿Qué “vida” siente más amenazada hoy?
El título resume la nota de fondo que caracteriza esta obra: la modernidad. El triunfo de la era tecnológica ha creado condiciones económicas capaces de garantizar la supervivencia de todos los hombres en los países más avanzados, llevando a pueblos enteros a un nivel de bienestar sin precedentes. Sin embargo, precisamente donde la vida se ha hecho más segura y “fácil”, la vida misma es puesta en riesgo y se la combate en todos los sentidos por una verdadera cultura de la muerte que alcanza su punto álgido con la introducción del aborto ope legis durante los años Setenta. Por tanto, la vida es negada tanto en el sentido de que se la sofoca en el vientre materno al igual que se la envilece y degrada destruyendo la ley natural (con el género y el homosexualismo, la anticoncepción, el “amor libre”, por ejemplo).
En el libro Usted habla de “nihilismo bioético”. ¿Cómo explicaría este concepto a alguien que no tiene formación filosófica?
La bioética es, de hecho, una disciplina relativamente reciente que aplica principios morales generales a un campo específico, concretamente el de las prácticas médicas, las intervenciones en el cuerpo humano, el tratamiento de la salud de personas en estados particulares (estado vegetativo, traumatismos graves o enfermedades altamente incapacitantes, fusión hombre-máquina, etc.), pero también afronta el aborto, la eutanasia y el suicidio asistido. Ahora bien, el problema de fondo es que, más allá de los estrechos límites de la investigación en el campo de la bioética en los ámbitos académico o teológico, por ejemplo, las decisiones más delicadas son tomadas en realidad por legisladores mediante debates y votaciones parlamentarias, o por magistrados y tribunales judiciales (como el Tribunal Constitucional). Pero el drama está en el hecho que las democracias modernas y los mecanismos judiciales no reconocen la ley natural como barrera para sus acciones y decisiones y, con el tiempo, todo se vuelve posible, se supera y se rompe todo freno. La legalidad se confunde así con legitimidad: la elección que se toma respecto a los procedimientos parlamentarios se considera moralmente legítima. Esta es la raíz del nihilismo bioético del título: el democratismo totalitario rompe los cimientos mismos de toda convivencia humana verdaderamente civil y jurídicamente honesta. Todo se vuelve posible en una nihilificación de la vida, que deja de ser un bien inasequible, y de la persona humana que es degradada a una “cosa humana“, a la que, en última instancia, es posible hacer de todo.
Según usted, ¿cuándo comenzó esta crisis cultural y moral de Occidente?
Confluyen diversos planos aparentemente no homogéneos, pero las raíces profundas son sustancialmente estas: el mencionado principio democrático-totalitario que comenzó con la Revolución Francesa, la llegada de la era tecnológica, especialmente a partir de la Segunda Revolución Industrial, la burocratización del aparato gubernamental sin responsabilidad, la creciente medicalización de las poblaciones, la financiarización de la economía capitalista, el progresismo tecnocrático típico de los regímenes y de la ideología comunista, y muchos otros elementos
¿Cuánto pesa hoy en día el relativismo moral en las decisiones políticas y sociales contemporáneas?
El relativismo, declinado como la primacía de la libertad sobre la verdad, es decir, hijo del liberalismo y libertarismo ideológicos, no es un elemento entre otros, sino la religión del hombre moderno, del burgués. El hombre moderno, ya, al nivel de las élites, en el siglo XVIII con los iluministas, puede creer en cualquier cosa menos en la verdad. Lo único que horroriza a la cultura burguesa es la idea de que existe una verdad inmutable y eterna que tiene el derecho de moldear y guiar toda la vida de todos. Por eso el cristianismo entró en crisis y el Modernismo triunfó en el siglo XX. La esencia del Modernismo es precisamente negar que existe una verdad inmutable. A nivel bioético, esto sólo puede ser un requisito previo para cualquier caos porque nada puede frenar la furia iconoclasta de los revolucionarios.
Usted sostiene que el individualismo moderno ha producido una forma de narcisismo colectivo. ¿De qué manera incide este fenómeno en la familia y en las relaciones humanas?
La característica distintiva de la era burguesa contemporánea es la centralidad de un sujeto solo, acostumbrado a pensarse a sí mismo como poseedor de derechos —más que de deberes— y como un “autómata deseador”, es decir, como una existencia que sólo encuentra sentido si se satura de placer(es). El cuerpo social queda así completamente atomizado, porque los sujetos que se conciben a sí mismos de la manera descrita no pueden vivir en una verdadera comunidad. La vida comunitaria está de hecho entrelazada con sacrificio, mediación, renuncia y atención al otro; implica un destino común y una fidelidad que nace de batallas vividas juntos, por la vida o por la muerte. Por el contrario, el capitalismo terminal y consumista se alimenta de soledades infelices y secretamente desesperadas. El matrimonio y la familia, junto con la vida no nacida, son lo que más odia la modernidad nihilista.
En el debate bioético actual, ¿cuáles son los temas más urgentes y más delicados?
Los temas más urgentes son volver a proclamar y defender la ley natural, primero a nivel filosófico y luego teológico; refutar el nihilismo abortista; luchar contra la cultura de la eutanasia y la destrucción de la idea misma de la muerte (que es, en cambio, el fundamento de nuestra humanidad); combatir el homosexualismo desenfrenado a nivel moral y legal; redefinir los fundamentos de la moral. Pero el problema más grave es que la propia Iglesia es evasiva, y en lugar de afrontar las batallas que deberían verla en la primera línea, se está deslizando poco a poco hacia posiciones abiertas en todos los temas más delicados. Sería urgente redactar una encíclica sobre la eutanasia, otra sobre el transhumanismo, otra contra el género y el homosexualismo, pero todo parece estar en silencio.
¿Qué rol desempeñan hoy los medios y la comunicación moderna en la difusión de ideas que cuestionan la dignidad de la persona?
Todos los medios están controlados por la gran finanza apátrida que tienen el máximo interés en destruir a los pueblos y transformar a las personas en material humano prescindible. El cine, la música, los programas de televisión, las estrellas, todo se usa para disolver incluso el más mínimo rastro de la concepción cristiana de la vida y de la sociedad.
En el texto emerge también una crítica a la secularización. ¿Es posible construir una sociedad sin raíces espirituales?
Una sociedad auténticamente así es esencialmente el resultado de una férrea voluntad de permanecer fiel al mos maiorum, a las propias tradiciones, a la fe de nuestros padres. Nuestra época es hija, en particular, de 1968, que fue un verdadero genocidio cultural (parafraseando la acusación que Pasolini lanzó en televisión, con toda la razón). Pero, insisto, la mayor responsabilidad de haber destruido las raíces espirituales de Occidente debe atribuirse al Concilio Vaticano II y a la Misa de Pablo VI, que rompieron la continuidad de la vida de fe de pueblos enteros, degradando la imagen de la Iglesia y alejando a los fieles. El Occidente cristiano murió allí, y protegerlo requiere verdadero heroísmo, porque esta batalla sólo puede librarse en soledad, en la noche del mundo y en la indiferencia de la mayoría.
¿Qué rol puede desempeñar hoy la cultura cristiana en defensa de la dignidad humana y del valor de la vida?
Solamente la Iglesia, que es la única sociedad divino-humana, que es el Cuerpo Místico de Cristo, puede oponerse a los poderes fuertes, a la gran finanza usurera que ataca la vida humana y aspira a su control total y opresivo. Pero sólo podrá oponerse a ella liberándose del Modernismo imperante y regresando a las fuentes más puras de la Tradición.
Después de haber escrito este libro, ¿cuál es el mensaje principal que desea dejar a los lectores, especialmente a los jóvenes?
Tenemos que acostumbrarnos a pensar en forma crítica, profunda y rigurosa, sin miedo a ir contra los ídolos de la Modernidad y a estar solos en la batalla. Necesitamos convertirnos en maestros de la sospecha: mi libro quiere ser una pequeña contribución en este sentido.
¿Seguimos a tiempo para revertir esta deriva cultural o el proceso es ahora irreversible?
Reitero lo que dije antes: humanamente hablando, los procesos colosales de disolución de lo humano, de nulificación y de manipulación de la vida tienen ahora una inercia aterradora y no se los puede detener. Sin embargo, nuestra tarea sigue siendo la de actuar como fuerza “katejónica“, frenando y ralentizando el advenimiento de un mundo completamente anticrístico.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 16 de mayo de 2026, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por; José Arturo Quarracino
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