Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, Cinzia Notaro, a quien agradecemos sinceramente, ofrece a vuestra atención estas reflexiones sobre las reglas que parecen gobernar el mundo en el que vivimos. Y cuáles son en cambio las reglas eternas de la Fe. Disfruten la lectura y la meditación.
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EL DECÁLOGO DEL MUNDO
El mundo ha sido siempre enemigo de Jesucristo y de sus seguidores. Hoy más que nunca vemos sentimientos predominantes de indiferencia, apatía, vulgaridad, auto exaltación, egocentrismo, altivez, relativismo, abandono de la fe, búsqueda del placer, de la riqueza y del éxito a cualquier precio, rebeliones contra los padres, profesores y ancianos, y muchos otros males que un libro no sería suficiente para enumerar.
Pero no deberíamos sorprendernos, porque la Sagrada Escritura nos advierte:
“Has de saber que en los últimos días sobrevendrán tiempos difíciles. 2 Porque los hombres serán amadores de sí mismos y del dinero, jactanciosos, soberbios, maldicientes, desobedientes a sus padres, ingratos, impíos, 3 inhumanos, desleales, calumniadores, incontinentes, despiadados, enemigos de todo lo bueno, 4 traidores, temerarios, hinchados, amadores de los placeres más que de Dios. 5 Tendrán ciertamente apariencia de piedad, pero negando lo que es su fuerza. A esos apártalos de ti”.
(2Tm 3, 1-5)
Y también:
“[…] en los últimos días vendrán impostores burlones, quienes vivirán según sus propias pasiones”.
(2Pe 3, 3)
Al considerar los Mandamientos divinos una prisión, el hombre cree que puede encontrar la felicidad viviendo para sí mismo, encerrado en su codicia, rodeado de ídolos que proporcionan una alegría efímera, destinada a desaparecer, porque se vuelve costumbre y uno huye en busca de otros bienes transitorios.
El hombre ya no se pregunta de dónde viene, quién lo ha creado ni para qué ha sido creado. Vive como un ciego que no ve las obras de Dios y como una persona sorda que se cierra a la voz de la conciencia, prefiriendo vivir en el mundo y para el mundo.
Sin embargo, el Señor advierte:
“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si después pierde su alma?”.
(Mc 8, 36)
Y también: “Vino la luz al mundo, pero los hombres amaron más las tinieblas que la luz”.
(Jn 3, 19)
Así, el hombre se convierte en esclavo:
“El que comete pecado se hace esclavo del pecado”.
(Jn 8, 34)
De hecho:
“El pago del pecado es la muerte”.
(Rm 6, 23)
Tal como enseña Agustín de Hipona:
“Dos amores han creado dos ciudades: el amor a uno mismo hasta el punto del desprecio hacia Dios, y el amor a Dios hasta el punto del desprecio hacia uno mismo”.
Aquí está el decálogo en el que se complace el hombre:
1. Ponte en el centro de todo
↔ Ama a Dios por encima de todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo
2. Reemplaza a Dios por tus ídolos
↔ No tener otro Dios fuera de Él
3. Usa el nombre de Dios sin respeto, en vano o por conveniencia
↔ No tomar el nombre de Dios en vano
4. Vive sin dar espacio a Dios ni a lo sagrado en tu tiempo
↔ Recuerda santificar las fiestas
5. Honra solo a quienes te conviene
↔ Honra a tu padre y a tu madre
6. Defiéndete siempre incluso a costa del mal
↔ No matar
7. Vivir sin fidelidad ni responsabilidad
↔ No cometer adulterio
8. Toma lo que quieres sin respetar a los demás
↔ No robar
9. Manipula la verdad para tu propio beneficio
↔ No dar falso testimonio
10. Desea sin límite alguno lo que pertenece a los demás
↔ No codiciar los bienes de los demás
Así el hombre se convierte en su propio dios, una fea imitación del Dios verdadero: de hecho, mientras Dios ama al hombre de manera desinteresada, incondicional y gratuita, él, en su hipocresía, a veces, pero fingidamente, se presenta como un benefactor, pero sólo para recibir honores o aprovecharse de ellos.
Pero el Evangelio indica un camino opuesto:
“[…] amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian”.
(Lc 6, 27)
“Aprendan de mí, porque soy manso y humilde de corazón”.
(Mt 11, 29)
Y como advierte San Juan Crisóstomo:
“Nada es más frío que un cristiano que no se preocupa por la salvación de los demás”.
Por esta razón, el cristiano está llamado no a conformarse con el mundo, sino a ser luz en medio de las tinieblas:
“Vosotros sois la luz del mundo. No puede esconderse una ciudad situada sobre una montaña. 15 Y no se enciende una candela para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, y (así) alumbra a todos los que están en la casa. 16 Así brille vuestra luz ante los hombres, de modo tal que, viendo vuestras obras buenas, glorifiquen a vuestro Padre del cielo”.
(Mt 5, 14-16)
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 4 de marzo de 2026, en Su https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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