Ellos tienen las iglesias, nosotros tenemos la fe. Homilía en Bassano del Grappa por monseñor Carlo Maria Viganò

 

Marco Tosatti

Estimados Stilum Curiales, ofrecemos a vuestra atención esta homilía de monseñor Carlo Maria Viganò. Disfruten la lectura y difundan.

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Felix cœli Porta

Homilía en la Bendición de la Capilla Privada

dedicada a María Santísima “Janua Cœli”

En verdad, en verdad, les digo:

Ustedes van a llorar y gemir,

mientras que el mundo se va a regocijar.

Ustedes estarán tristes,

pero vuestra tristeza se convertirá en gozo

(Jn 16, 20)

 

Es para mí un motivo de gran alegría poder estar aquí con ustedes, en una ocasión especial y muy íntima, casi clandestina. Al igual que los católicos ingleses en tiempos del puritano Cromwell o los vandeanos en la época de la Revolución Francesa, nosotros también nos vemos obligados a organizar capillas y oratorios improvisados, mientras que nuestras hermosas iglesias — ¡las estupendas iglesias del Véneto!- nos están prohibidas.

Y al igual que los católicos ingleses o los vandeanos, no hemos cambiado nada en nuestra Fe, en nuestra forma de orar, en nuestra fidelidad a la Iglesia Católica Apotólica Romana y al Papado. En cambio, son quienes nos acusan de cisma y nos excomulgan quienes han introducido errores —que los Papas siempre han condenado— y desviaciones que han logrado imponer en sesenta años de adoctrinamiento aplastante.

Pero como dijo San Atanasio de los arrianos, Ellos tienen las iglesias, nosotros tenemos la Fe. Y esto, queridos amigos, es la realidad a la que nos enfrentamos. Una realidad escatológica, de “apocalipsis”, es decir, de revelación, de descubrimiento. Presenciamos impotentes la gran apostasía, el desencadenamiento del Mal y la imposición de una pseudo religión sincretista masónica. Nuestras ciudades son irreconocibles, desfiguradas por criminales y bárbaros, invadidas por ese Islam contra el que la Serenísima República de Venecia luchó y venció en Lepanto. Nuestras familias se empobrecen cada vez más, el futuro para nuestros hijos es cada vez más incierto. Sin embargo, los medios de comunicación nos hablan de libertad mientras censuran lasa voces críticas, de democracia mientras se consolida la tiranía, de acogida mientras marginan la disidencia. Pero sabemos que lo que ocurre sólo puede explicarse leyendo los acontecimientos y comprendiéndolos con los ojos de la Fe, con una mirada sobrenatural; con la inquietud de quienes sienten que se acercan los tiempos de prueba y persecución, pero al mismo tiempo descubren nuevas amistades, nuevos camaradas de armas, personas que hasta ayer eran anónimos y de las cuales descubrimos la determinación, el coraje generoso y el espíritu sobrenatural, el deseo de compartir con otros hermanos las pequeñas y grandes consolaciones que el Señor nos concede.

Si en este lugar es posible dar la bienvenida a los católicos tradicionales alrededor del altar, es porque la Fe que los anima tiene una necesidad natural de traducirse concretamente en buenas obras. ¿Y qué obra es más meritoria que la de poner a disposición un oratorio en casa, donde un sacerdote viene a celebrar el Santo Sacrificio y nutrir a vuestras almas en la Mesa eucarística? ¡Qué gran regalo es colaborar en la fiel preservación de la Santa Misa y la de la sana doctrina, como están haciendo ustedes con tanto celo!

Sus sacrificios, sus compromisos, la virtud de la Caridad que se traduce en acciones concretas y la gracia que las lleva a su cumplimiento han hecho posible todo esto. Y para sellar la índole eminentemente espiritual de nuestro encuentro existe la protección especial en este lugar, dedicada a la Santísima Virgen Janua Cœli, una invocación antigua y profundamente arraigada en la Tradición de la Iglesia, que expresa el rol de María Santísima como vía de acceso al Cielo, en tanto Madre de Dios, Corredentora y Mediadora de todas las Gracias. A través de ella, Nuestro Señor Jesucristo, la única Puerta de la salvación, entró en el mundo con la Encarnación y nosotros podemos entrar en la gloria eterna reconociéndole como nuestro Salvador y obedeciendo Su santa Ley. Ego sum ostium. Para me si quis introierit, salvabitur (Jn 10, 9): Yo soy la puerta. Quien entre a través de Mí se salvará.

Terribilis est locus iste: hic domus Dei est, et porta cæli (Gn 28, 17); este lugar es terrible: esta es la casa de Dios y la puerta del Cielo. Estas son las palabras con las que Jacob reconoce la presencia de Dios después de la visión de la scala Paradisi y la promesa de una abundante descendencia. Esta domus Dei no brilla con mármoles y frisos, sino con la Sangre del Cordero, desde el momento en que también en este altar, como en el Gólgota, se renueva místicamente el Sacrificio de la Cruz. María Santísima también es Domus Dei, porque acogió en su vientre al Hijo eterno del Padre; ella también es Janua Cœli porque a través de su fiat la Palabra entró en el mundo, abriéndonos el acceso a la salvación. Esta capilla se convierte así en el lugar donde Dios habita entre los hombres, así como María es el santuario viviente, el Arca de la Alianza —Fœderis Arca— y la puerta que Nuestro Señor eligió como el único camino para llegar a Él, y de Él al Padre. Ad Jesum por Mariam. Ella es la Domus aurea, es decir, el Palacio del Emperador: He aquí, la morada de Dios con los hombres, Él habitará entre ellos (Ap 21, 3).

Así como la Virgen Madre es el único camino para alcanzar al Hijo divino, a causa de Su Mediación universal, así también la Santa Iglesia es la única arca de salvación para atravesar el tormentoso mar de la vida terrenal y alcanzar la meta de la beatitud eterna. Porque nadie puede salvarse si no es a través de la Iglesia y a través de Ella que es su Madre y Reina.

Solo una, dice la sabiduría divina en el Cantar de los Cantares, es mi perfecta (Cantar 6, 8). Solo una, como una es la Santa Iglesia. Y es a esta Iglesia a la que seguimos mirando como nuestra Madre, también cuando es desfigurada, despreciada y traicionada por quienes deberían defenderla, protegerla, serle fieles y amarla. Ellos tienen las iglesias, nosotros tenemos la Fe. Y ay de nosotros si después de haber recibido tantas gracias de la Providencia, demostráramos ser indignos de ella y desperdiciáramos las oportunidades de santificarnos y hacer el bien que nos ofrece.

Por último, permítanme recordar la fiesta de San Marcos Evangelista, que hoy se celebra junto con las Rogaciones. Durante el viaje de regreso desde Alejandría, Egipto, luego del robo de las Reliquias por parte de los mercaderes venecianos Buono da Malamocco y Rustico da Torcello, San Marcos apareció en sueños a un fraile a bordo de la nave, advirtiéndole del inminente estallido de una tormenta violenta y ordenándole que bajara las velas. La intervención permitió salvar del naufragio a la embarcación. También hoy nos encontramos en una nave amenazada por terribles tormentas, sin capitán, abandonada por los oficiales. Recemos a San Marcos Evangelista que interceda ante el trono de Dios, para que la Barca de Pedro resista la sublevación y la agitación de las olas, y al final llegar al puerto seguro del Cielo, donde la Virgen Janua Cœli nos recibirá en la gloria eterna. Y así sea.

 

+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo

Bassano del Grappa, 25 de abril MMXXVI

S.cti Marci Evangelistæ

 

Publicado por Marco Tosatti en italiano el 29 de abril de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/04/29/loro-hanno-le-chiese-noi-la-fede-omelia-a-bassano-del-grappa-di-mons-carlo-maria-vigano/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

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