La ideología transhumanista, nihilista, progresista y tecnocrática del capital crea guerras. Andrea Zhok

Marco Tosatti

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, ofrecemos a vuestra atención este post publicado en Facebook por Andrea Zhok, a quien agradecemos sinceramente. Es un poco larga, según criterios digitales, pero les recomendamos que lo lean porque ofrece claves interpretativas muy interesantes, aunque no sean las únicas, del oscuro periodo en el que vivimos. Disfruten la lectura y difundan.

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Los análisis producidos en clave marxista siguen siendo los más poderosos para interpretar la sociedad contemporánea, los más capaces de explicar y anticipar sus dinámicas básicas, pero a menudo sufren de “falta de intuición”, de pobre “figuración”. Si le explicas a alguien que sus acciones, sea lo que sea que crea de sí mismo, a la larga son canalizadas o al menos condicionadas por los mecanismos estructurales macro de la autorreproducción del capital, la reacción instintiva de la mayoría es de desconfianza o incredulidad. Esto se debe a que ellos (pero en verdad cada uno de nosotros, con muy raras excepciones) no se mueve intencionadamente por esas palancas: no quiere “ganar más y más dinero”, no quiere “obtener márgenes crecientes”, no es lo que le anima y mueve.

Este hecho siempre ha sido un obstáculo para una comprensión plena de ese modelo explicativo, a casi dos siglos después de sus primeras formulaciones. Si observamos los movimientos nacionales e internacionales que condujeron a la Primera Guerra Mundial, vemos en forma transparente cómo el conflicto aparece como el horizonte fatal de una competencia económica ilimitada y necesariamente expansiva, que primero agota sus recursos internos, luego se desborda en la aventura colonial (primera globalización) y finalmente pasa a los caminos de facto, transformando la competencia económica en una guerra con todas las letras. Sin embargo, aunque un análisis a posteriori muestra claramente esos procesos (y aunque algunos, como Rosa Luxemburg, ya los habían descrito hace ya mucho tiempo), la gran mayoría de las personas, en los umbrales de la Primera Guerra Mundial (incluidos miembros prominentes de las clases dirigentes) interpretaron esas circunstancias como “búsqueda del espacio vital”, como “autodefensa nacional”, como “orgullo patriótico”, como “protección de las familias frente a la barbarie extranjera”, etc.

No fueron a la guerra para complacer a los Rothschild, sino por razones humanas completamente comprensibles. La amarga sabiduría de la Cassandra marxista está en el hecho que, sin embargo, en realidad estaban haciendo un favor precisamente a los Rothschild, a los Krupp, no a sí mismos, ni a la Patria, no a sus familias, etc.

Hoy la situación es similar, con el agregado de una capacidad manipuladora mucho más refinada del gran capital que en el pasado. Incluso hoy no debemos pensar que todos los “capitalistas” actúan por “razones capitalistas”. En realidad, es una minoría la que actúa de esta manera. La cuestión es que el “capitalismo” es técnicamente una forma muy simple de producción y reproducción social: es un sistema (un “algoritmo”) que tiene un solo “objetivo”: el aumento progresivo promedio de las capitalizaciones, y por tanto una única dirección, el crecimiento infinito, la expansión infinita.

No conoce otros propósitos, o más bien, instrumentalmente puede cabalgarlos todos, pero no representan el verdadero punto de caída. Por lo tanto, es un sistema social que genera automáticamente un consumo ilimitado de los recursos, del expansionismo, de la imposición universalista de sus paradigmas en todas partes, y por esta misma razón, cíclicamente genera crisis, conflictos, grandes destrucciones, que se limitan a rebobinar el reloj de la misma dinámica ciega.

Sin embargo, el punto que quiero enfatizar aquí es que la estructura capitalista, con el tiempo, también ha aprendido a construir su propia “ideología”, que poco a poco empieza a tomar una forma cada vez más definida (véanse las “visiones” de personajes como Peter Thiel). Esta “ideología” no está respaldada por la perspectiva burda y abstracta de “ganar cada vez más dinero”, una perspectiva árida y en su mayoría incapaz de mover también a los tiburones de las finanzas. Esta ideología tiene algunas piedras angulares fundamentales, vinculadas a las ideas que en la tradición filosófica han tomado el nombre de “nihilismo” y “voluntad de poder”.

La ideología del capital es:

1) NIHILISTA, en el sentido de destrucción de toda referencia a valores naturales, tradicionales o históricos;

2) PROGRESISTA, en el sentido de concebir un “avanzar” siempre que coincide con lo “mejor”;

3) TECNOCRÁTICO, en el sentido de imaginar un mundo en el que la sabiduría se define como competencia en el ejercicio del poder tecnológico;

4) TRANSHUMANISTA, en el sentido de concebir a la humanidad como una materia prima libremente maleable para fines posteriores y específicamente en vista de un “aumento de poder”;

5) MONOPÓLICAMENTE UNIVERSALISTA, en el sentido de suponer que puede y debe existir solamente una visión del mundo verdadera, que se extienda a todo el globo, expulsando todas las demás visiones, que en esencia son “inferiores”.

 

Los Musk, los Thiel, los Gates, los Soros y muchos otros menos famosos, todos se mueven en este horizonte nihilista, progresista, tecnocrático, transhumanista y universalista. Sería erróneo pensar que “sólo buscan ganar cada vez más dinero”. A sus ojos, el capital aparece sólo como un instrumento necesario, que, como necesario, naturalmente no puede comprometerse de ninguna manera. Pero ellos se consideran “idealistas”. Lo que se les escapa, así como a millones de otros que quisieran estar en su lugar, es que la que a ellos les parece una “verdadera visión” es simplemente la traducción en imágenes del funcionamiento del capital.

1) El triunfo del capital (dinero) es la sustitución de los valores naturales y tradicionales por el valor de intercambio (precio);

2) El proceso del capital es idealmente avanzar en una acumulación indefinida (progreso);

3) El capital es la meta-tecnología más poderosa de la historia: es el medio de todos los medios, el instrumento que permite gobernar a todos los demás instrumentos y bienes;

4) El capital es un poder de transformación infinito e ilimitado: no tiene una forma propia, sino que puede transformarse en forma líquida en todo y por eso parece que puede conservar valor incluso si los seres humanos desaparecieran;

5) El capital es una forma abstracta, intrínsecamente universal. La cosmovisión del capital es para las cosmovisiones históricas y antropológicas lo que los números son para las palabras de las lenguas humanas: un lenguaje universal, transversal, pero al mismo tiempo semánticamente vacío.

 

Así que, cuando hoy veamos el mal del mundo concentrado en los Trump, los Netanyahu, recordemos que pronto se irán (ok, nunca demasiado pronto), y que sus excusas falsas, sus justificaciones como comediantes con golpes de Biblia, el Holocausto, los derechos humanos, etc., pronto desaparecerán, pero no desaparecerá el impulso fundamental detrás de ellos (y en muchos también en posiciones políticas opuestas).

El impulso de pensar no desaparecerá

ü  que no existen valores objetivos (ni en la naturaleza ni en la historia);

ü  que “avanzar” hacia el progreso (es decir, hacia un “avanzar más”) es en sí mismo el bien;

ü  que los poseedores de la tecnociencia también son poseedores del saber y de la sabiduría;

ü  que la humanidad es un accidente sacrificable;

ü  que todas las demás visiones, perspectivas u opiniones son sólo atavismos, errores o prejuicios que deben ser superados y sustituidos.

 

Nos encontraremos frente a esta configuración una y otra vez, en otras agresiones internacionales, otros bombardeos humanitarios, otros ataques preventivos, otras “guerras de civilizaciones”, otros genocidios en nombre del progreso, otros encarcelamientos en nombre del bien, otros asesinatos en nombre de la idea de que nuestro modo de vida (“way of life”) es innegociable.

Hasta que, o la destruyamos nosotros o ella nos destruirá a nosotros.

 

Publicado por Marco Tosatti en italiano el 23 de abril de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/04/23/lideologia-transumanista-nichilista-progressista-tecnocratica-del-capitale-crea-guerre-andrea-zhok/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

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