Una democracia solo es sana si es moral. León XIV, al igual que el papa Pío XII. Bernardino Montejano.

 

Marco Tosatti

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, el profesor Bernardino Montejano os ofrece estas reflexiones sobre una frase reciente de León XIV. Que disfrutéis de la lectura y la compartáis.

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UNA SANA DEMORACIA

El papa León XIV, en palabras que recuerdan a su antecesor Pío XII, recordó que “la democracia solo se mantiene sana cuando se fundamenta en la ley moral y en una visión auténtica de la persona humana”.

“Sin este fundamento corre el riesgo de convertirse en una tiranía mayoritaria con una máscara para la dominación de las élites económicas y tecnológicas” (en nota de “La Nación” 15/4/2016 titulada “Trump escala la pelea con el Papa y le apunta a Meloni: ‘Pensé que tenía coraje’”, que tiene un sugestivo subtítulo: “El ataque del mandatario estadounidense a León XIV, cayó como una bomba en Italia: coincidió con la suspensión por parte de la premier de un memorándum con Israel”. Y esto no es casualidad.

Hace muchos años, publicamos un folleto “La democracia según el con magisterio de la Iglesia”, con motivo de un frustrado diálogo acerca del tema con dos profesores de la entonces Universidad Católica de Mar del Plata “Stella Maris”, con prólogo del entonces decano de la Pontificia Universidad Católica Argentina, “Santa María de los Buenos Aires” y profesor de Derecho Político y de Derecho Constitucional, el Dr. Germán J. Bidart Campos.

En el mismo, el prologuista escribe: “No por su brevedad, este denso trabajo del Dr. Bernardino Montejano deja de tener interés ilustrativo. En una apretada síntesis, se ofrece el lineamiento básico de la doctrina de la Iglesia en materia política”.

“El presente esquema, en sus escasas páginas, condensa con dominio evidente de la materia y brillo expositivo, aquellos puntos vertebrales en los que viene insistiendo el magisterio pontificio desde el siglo pasado”

En el folleto aparece el pensamiento de Pío XII para quien “una sana democracia fundada sobre los inmutables principios de la ley natural y de las verdades reveladas, será resueltamente contraria a aquella corrupción que atribuye a la legislación del Estado un poder sin freno ni límites que hace del régimen democrático, a pesar de las vanas apariencias, un puro y simple absolutismo”

También, ese Papa ilustre, se queja de que “la vida de las naciones se encuentra disgregada por el culto ciego del valor numérico. El ciudadano es elector… de su posición y de su papel en la familia y en la profesión no se hace cuenta alguna”.

En la sana democracia “la vida del pueblo está como impregnada de sanas tradiciones, que no es lícito echar por tierra” y que alimentan a un verdadero pueblo.

Pío XII distingue entre pueblo y masa y en la Navidad de 1944, nos enseña: “Pueblo y multitud amorfa, o como suele decirse masa, son dos conceptos diferentes. El pueblo vive y se mueve por su vida propia, la masa es de por sí inerte y sólo puede ser movida desde fuera. El pueblo vive de la plenitud de vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales -en su propio puesto y según su manera propia- es una persona consciente de su propia responsabilidad y de sus propias convicciones. La masa, por el contrario, espera el impulso del exterior, fácil juguete en manos de cualquiera que explote sus instintos o sus impresiones, presta a seguir sucesivamente hoy esta bandera, mañana otra distinta”.

También, ese Papa visionario se refiere al espectáculo del Estado abandonado al arbitrio de la masa: en él “la libertad, que es un deber moral de la persona, queda transformada en una pretensión tiránica de dar libre curso a los impulsos y a los apetitos humanos con daño para los demás; la igualdad degenera en nivelación mecánica, el sentido del honor verdadero, la actividad personal, el respeto a la tradición, la dignidad, en una palabra, todo aquello que da a la vida su valor, se va hundiendo y desaparece… Solo sobreviven, de una parte las víctimas engañadas y de otra los explotadores más o menos numerosos que han sabido, mediante la fuerza o la organización, asegurarse sobre los demás una posición privilegiada o incluso el mismo poder”.

La libertad como medio y deber moral de ordenarse a la verdad y al bien, muy lejos del histérico grito de un gobernante que no se encuentra en pleno goce de sus facultades mentales.

En nuestros días, soportamos la realidad de un Estado que hace tiempo ha dejado de ser una persona de bien, con algunos explotadores y muchas víctimas, sin perder la esperanza que aparece en el “Martín Fierro”, que algún día venga a esta tierra algún criollo a mandar.

Buenos Aires, abril 15 de 2026.

Bernardino Montejano

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