Marco Tosatti
Muy estimados StilumCuriales, un fiel amigo de nuestro sitio, R.S., ofrece a vuestra atención estas reflexiones que sin duda son apropiadas para el tiempo litúrgico que vivimos. Disfruten la lectura y difundan.
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De la traición de Judas a una confesión exigente para Pascua
El nombre de Judas provoca entre los cristianos una reacción instintiva de reprobación: quién sabe cuántos de nosotros hemos susurrado una invectiva con ese nombre… Sin embargo, fue uno de los doce apóstoles. Pedro admite que “era de nuestro grupo y tenía el mismo ministerio que nosotros” (Hch 1, 17). Había otro Judas, Judas Tadeo, autor de una de las cartas católicas.
Judas Iscariote figura como el ecónomo del grupo (él guardaba el cofre), pero también era considerado un ladrón (Jn 12, 6).
Este Judas representa universalmente al traidor por excelencia. Incluso un poco hipócrita e irreal, como cuando en Betania critica el desperdicio de un ungüento perfumado, que podría haberse vendido para dar el beneficio a los pobres. Sin embargo, queda una duda sobre su destino eterno: Jesús le llama amigo incluso después de que se produjo la traición… Judas informa el dinero que recibió, diciendo: “He pecado porque he traicionado sangre inocente” (Mt 27, 3-4). A pesar de esta admisión y confesión, fue a ahorcarse incluso antes de que Jesús muriera en la cruz, es decir, antes de la redención universal.
Incluso la razón de la traición perpetrada (que constituye la circunstancia agravante del gravísimo pecado planificado, decidido un día antes y llevado a cabo inmediatamente después de la Última Cena) es incierta: ¿simplemente por dinero (y ni siquiera por mucho)? ¿O porque estaba insatisfecho con Jesús, que ya no coincidía con sus expectativas sociopolíticas? ¿O porque estaba poseído por el diablo (Lc 22, 3 y Jn 13, 2)? Como entendemos aquí, vamos desde el vicio banal hasta el rechazo intelectual, a lo preternatural. ¿En la Última Cena Judas también recibió la primera Eucaristía, pero para su condena (1Cor 11, 29), al haber sido sacrílega e indigna, sin adorar al Señor?
Traicionar también es entregar: Judas entrega a Dios a los poderes terrenales. El hombre recibe a Dios para ser cristificado/santificado y en cambio elige entregar a Dios a quienes no son nada santos, al poder del reino de este mundo, del cual Satanás es el príncipe.
El misterio de la traición y el misterio del destino de Judas nos conciernen a todos. Al final, ¿realmente se arrepintió realmente o fue demasiado orgulloso para humillarse ante Cristo (y no ante el Sanedrín, su referente) para hacerlo? ¿A quién adoraba realmente Judas?
El infierno existe y no está vacío: no sólo lo pueblan el diablo con sus ángeles. Pero no sabemos quién va allí. En el Cielo hay fiesta por el pecador arrepentido, más que para 99 justos (que se sienten así y no se arrepienten: no existen). ¿Judas, que también dice arrepentirse, peca aún más desesperando de la salvación? ¿Ha desafiado a la Verdad conocida? En obstinación en el pecado y en la impenitencia final: dice que se arrepiente, pero no pide perdón… Estos son algunos de los pecados contra el Espíritu Santo, que no reciben perdón. ¿Sería válida para él la frase de Jesús: “habría sido mejor para este hombre no haber nacido nunca”?
Santa Catalina de Siena escuchó esto del Padre Eterno: “La desesperación de Judas fue más grave que la traición, es decir, su falso juicio consideró mayor su pecado que mi misericordia.”
Judas es llamado “el hijo de la perdición” (Jn 17, 12). Sin duda es inquietante… pero debería ser para nosotros, que aún tenemos que enfrentar el juicio divino, más que para él, que ha sido juzgado y no sabemos con certeza cómo.
En el pecado está de por medio el diablo y en el darle la espalda a Cristo siempre hay un abrazo con el anticristo. Las posibilidades de perversión del corazón humano son realmente muchas. Incluso formando parte del restringido grupo de los doce apóstoles.
Nuestra fe ultramoderna ha desaprendido las categorías de este enfrentamiento feroz con criaturas no carnales y poderes del aire. Nuestro moralismo simplista corre el riesgo de caer en juicios superficiales, carentes de verdadera sabiduría cristiana y de los instrumentos que el Catecismo nos hace aprender, para entender algo de la gracia y del amor de Dios, que también es justicia. Nos arriesgamos a mirar la revelación según los ojos del mundo y no con los de Dios: esto también es muy problemático y Jesús le dijo a Pedro, que acababa de recibir las llaves: “Retírate, Satanás, porque no juzgas según Dios, sino según los hombres (Mc 8 y Mt 16)”. ¡Somos discípulos de Jesús al seguirle y no estando delante de él!
En el Cielo hay alegría por el pecador arrepentido y convertido, porque la misericordia sana el error, pero no concluye la historia. Desafortunadamente, se puede ser mal testigo del Evangelio y el resultado eterno puede ser trágico (¿Lutero, por ejemplo?). No desesperar jamás de la misericordia divina es la razón de nuestra esperanza: la esperanza es una virtud teologal, aquí y ahora. Dios tiene la historia en sus manos y permite ciertas pruebas (la cruz de Cristo está inscrita en la eternidad desde la fundación del mundo), pero es el libre albedrío de cada alma individual lo que determina el resultado del juicio de Dios, que ciertamente es justo.
Confesémonos bien.
RS
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 2 de abril de 2026, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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