El doble rasero de los Estados canallas, Estados Unidos e I$r@ele. El mal hecho se paga siempre. Marchetti, Zhok

 

 

Marco Tosatti

 

Estimados StilumCuriales, ofrecemos a vuestra atención dos comentarios sobre la agresión no provocada que Israel y Estados Unidos están llevando a cabo contra Irán. Feliz lectura y difusión.

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La primera es este post publicado en Facebook por Lavinia Marchetti, a quien agradecemos:

 

EL DOBLE RASERO DE LOS ESTADOS CANALLAS DE ESTADOS UNIDOS E ISRAEL

por Lavinia Marchetti

 

Estamos siendo testigos de la operación en vivo de dos Estados canallas: Estados Unidos e Israel. Dos Estados fuertes y poderosos, quizás los más poderosos del mundo. Pero eso no los hace mejores. De hecho, todo lo contrario.

La hegemonía es la patente de impunidad y el estado de excepción. Es, por así decir, derecho del más fuerte quien dice a los demás que no pueden hacer lo que él hace, que es usar arbitrariamente su propia fuerza. La hegemonía de las estrellas y las rayas desde el periodo de posguerra hasta hoy ha sido la brutal capacidad de redefinir el Derecho a imagen propia, decidiendo quién puede desatar el infierno y quién debe conformarse en el rol de víctima sacrificada. Este orden mundial es un privilegio de sangre gestionado por quienes tienen la fuerza para imponer su voluntad como ley universal.

La República Islámica de Irán se mueve dentro de esta asimetría violenta con una lucidez que ha puesto a raya a las cancillerías occidentales. La estrategia de Teherán no es la rabia ciega, sino una represalia que obliga al agresor a mirarse al espejo. Si el adversario incinera una refinería, Irán responde atacando una refinería. Si una central eléctrica es saboteada, la respuesta recae en un centro energético equivalente. Es una disciplina de golpe por golpe, ojo por ojo, que busca restablecer una igualdad mínima en un mundo que ha perdido el sentido del límite; en la práctica, obliga a los Estados canallas a verse entre sí. Pero hay una FRONTERA que Irán no ha cruzado. Esto marca la diferencia moral entre un Estado soberano y una horda que ha extraviado todo rasgo de humanidad. Cuando los Estados rebeldes pulverizan aulas escolares, exterminando la infancia y matando a más de 200 niños, bueno, ahí es donde Irán se detiene. Se niega a caer en el barro de la matanza indiscriminada y deja de responder en forma simétrica. Esto marca la diferencia entre un Estado terrorista y uno que no lo es.

Sin embargo, si pones cualquier informativo, encontrarás la puesta en escena habitual. Las incursiones ilegales del eje entre Washington y su vasallo de Medio Oriente desaparecen de las noticias, mientras que la defensa iraní es presentada como caos o como una provocación criminal que debe ser castigada.

El cinismo alcanza su punto álgido en el campo de la economía, donde la guerra se libra con hambre y aislamiento. Durante décadas, Irán ha sido expulsado de los mercados y los circuitos monetarios con la intención declarada de inducir la muerte social de su población. Se considera este asedio un instrumento diplomático normal, una práctica aceptable.

Pero si Teherán bloquea el tránsito por el Estrecho de Ormuz, entonces el mundo occidental descubre de repente la fragilidad de su bienestar y grita escandalosamente.

Es el mismo guion que Washington recita contra Cuba, condenado a un asedio petrolero que pretende postrar a millones de personas para obtener una rendición política.

Cuando el verdugo es el hegemón, el delito se llama “política exterior”. Existe un doble rasero que normaliza la agresión del fuerte y criminaliza la resistencia del débil. Se espera que quienes son golpeados muestren una “madurez” (servidumbre de los colonizados) que los amos del mundo nunca han conocido.

Quizá sea hora de que quienes enseñaron al mundo el significado de la ruina entiendan lo que significa. El monopolio de la violencia está flaqueando y quienes han sembrado odio, muerte y destrucción ya no pueden esperar que el resto de la humanidad permanezca de brazos cruzados.

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Y luego está este comentario de Andrea Zhok, a quien agradecemos su cortesía:

El mal hecho se paga siempre

 

Por infosannio

 

Palestina

 

(Andrea Zhok) – Existe una moralidad de la memoria, que en el mundo occidental hemos abandonado.

 

En la historia, todo pueblo que ha poseído una capacidad para el arraigo histórico ha respetado diversas formas de moralidad, no sólo internamente, sino también hacia los demás pueblos con los que se enfrentó, incluso militarmente.

 

Los pueblos conocidos por la dureza de sus represalias, como los turcos o los mismos romanos, estaban muy dispuestos a presentar cualquier crueldad como la justa represalia equilibrada ante una violación. Esta afirmación de fiabilidad de los pactos (Pacta Sunt Servanda) no era señal de debilidad, sino de fortaleza consciente.

 

Para fundar imperios, para permanecer arraigados en tierras conquistadas, era necesario proporcionar un marco regulatorio que también permitiera al adversario de ayer encontrar su propio espacio a largo plazo.

 

El exterminio, la eliminación del enemigo, sólo se legitimaban frente a la percepción de una violación de los pactos.

 

La razón de esta demanda de justicia —aunque sea la propia justicia— era sencilla: el ejercicio de la violencia arbitraria, de la traición y del engaño no son “inmorales” porque “no sean buenos”, no por razones formales, sino por razones profundas: lo inmoral es lo que socava el “mos”, socava las costumbres, agrieta la posibilidad de convivir dentro del marco de las mismas costumbres.

 

Que el guerrero derrotado en batalla se convirtiera en esclavo puede horrorizarnos, pero formaba parte de las reglas del juego (la alternativa era hacerse matar en combate). Esto no significaba que todo se concediera, ni siquiera al esclavo.

 

El sentido del comportamiento moral hacia el enemigo es simple: sirve para crear una plataforma para la convivencia a largo plazo, también con el enemigo derrotado. Si no haces eso, nunca logras realmente una victoria.

 

La exhibición de comportamientos irreductiblemente arbitrarios, el abuso, la violencia sin sentido sobre los más débiles crean el terreno para un ilimitado deseo de venganza y represalia. Y esto significa que el conflicto permanecerá bajo el radar, siempre listo para reavivarse: la “victoria” nunca llega realmente porque no hay cierre.

 

Una de las razones por las que los nazis acabaron siendo superados fue la gran dificultad cultural que tenían para tratar a los demás (incluso a los colaboracionistas) como sus iguales. El supremacismo nazi dejó un recuerdo resentido por todas partes, y a medida que la superioridad militar comenzó a crujir, todo empezó a colapsar rápidamente.

 

Esta lección que mantiene unida la política de poder y la moralidad ha desaparecido en la cultura israelí y estadounidense, donde ha prevalecido durante mucho tiempo la idea de Trasímaco, según la cual lo justo equivale a lo que es ventajoso para el más fuerte. Hay que decir que fue el antiguo Imperio Británico, con todas sus limitaciones, el que mantuvo la idea de una equiparación necesaria de poder y moralidad que, por el contrario, sus herederos históricos han eliminado.

 

Israel y Estados Unidos representan hoy una potencia militar temible. Qué horrores siguen dispuestos a manchar, solo podemos imaginarlo. Ya han demostrado que ni siquiera les afecta la idea de que puede haber un espacio para la reciprocidad, para el respeto al otro, por la palabra dada, por los pactos, por alguna forma de justicia moral distinta al interés propio.

 

Esto es lo que los hace enormemente peligrosos, por supuesto, pero también es lo que los llevará al abismo. La razón por la que una población tan desdichada y abandonada por el mundo como la población palestina ha seguido representando una espina en el costado de Israel es que la violencia arbitraria nunca se olvida, permanece en la memoria de las generaciones.

 

Lo mismo ocurrirá con Irán, con Líbano y también con aquellos países que ahora aparentemente están domesticados como Irak.

 

Por mucho que nuestra cultura secularizada piense haber alcanzado una conciencia más desequilibrada, sigue siendo cierta una antigua intuición religiosa: a la larga, el mal hecho se paga siempre.

 

Publicado en italiano por Marco Tosatti el 1 de abril de 2026, en https://marcotosatti.com/2026/04/01/il-doppio-standard-degli-stati-canaglia-usa-e-irele-il-male-fatto-si-paga-sempre-marchetti-zhok/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

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