Marco Tosatti
Estimados StilumCuriales, Americo Mascarucci, a quien agradecemos sinceramente, ofrece a vuestra atención estas reflexiones sobre la guerra de agresión no provocada y engañosa desencadenada por dos gánsteres internacionales. La humilde y tímida esperanza es que esta vez hayan mordido más de lo que pueden masticar… Disfruten la lectura y compartan.
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La operación de “distracción masiva” fue perfectamente exitosa. El criminal Benjamin Netanyahu, durante unos días, ha sido asumido como héroe, salvador del mundo frente al peligro islamista radical representado por Irán y el régimen de los ayatolás (obviamente no por los sunitas ni los califatos amigos de Occidente), que tenía en Jamenei la máxima autoridad política, religiosa y militar.
Así, el primer ministro israelí pudo limpiarse, gracias a su amigo Donald, que apoyó firmemente en las elecciones presidenciales, de la imagen de criminal y masacrador del pueblo palestino, contra quien está pendiente una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad.
No solo eso: Netanyahu debe enfrentarse también a una oposición interna cada vez más masiva, por parte de una población israelí cansada de la guerra y que acusa al jefe de gobierno de haber agravado las tensiones y puesto aún más en peligro la seguridad nacional y la vida de muchos jóvenes.
También el poder judicial israelí le persigue con graves acusaciones de corrupción y también en su mayoría hay quienes sueñan con el fin de su larga hegemonía. Se necesitaba una acción contundente que permitiera a Netanyahu limpiar su imagen de gran criminal a nivel internacional y le hiciera recuperar el consenso interno, reuniendo a la opinión pública contra el gran enemigo y la necesidad de unidad nacional (quizá con un indulto ya solicitado para los juicios en curso).
La misma estrategia de Trump, quien pronto tendrá que afrontar las elecciones de mitad de mandato, que parecen no presagiar nada bueno para él (¿logrará que Biden se arrepienta? Parece que está haciendo lo mejor que puede).
Y aquí está entonces la enorme operación de “policía internacional” destinada a eliminar lo que para Israel era el peligro número uno, es decir, la autoridad suprema de Irán, en nombre de la defensa de los derechos humanos, de la democracia y de la estabilidad internacional.
¿Cómo se puede acusar a un líder mundial de crímenes contra la humanidad que eliminó a un extremista peligroso que, con la amenaza de la bomba atómica, ponía en riesgo la seguridad en Medio Oriente y en el mundo? Parece revivir el guion que se montó en Irak, con el célebre arsenal nuclear de Sadam Husein que justificó la intervención de la OTAN luego del 11-S y que aún están buscando, o en Siria con las armas químicas de Assad que luego se descubrió que eran usadas por tropas rebeldes sirias con la ayuda de Estados Unidos e Israel. Obviamente, en Occidente todos hemos caído en ello, y durante días ha caído silencio sobre la tragedia del pueblo palestino, todos concentrados en festejar el asesinato del tirano iraní y agradecer a la pareja del momento, el dúo Donald-Benjamin, benefactores de la humanidad y salvadores del mundo.
Quien escribe estas líneas nunca ha sido hostil hacia Israel. Estoy orgulloso, y reivindico con orgullo haber sido un ferviente admirador y partidario del ex primer ministro Ariel Sharon, un gran comandante militar y líder político, que junto con Shimon Peres creó las condiciones para que finalmente se lograra la paz con los palestinos.
Dos grandes líderes, uno de derecha (Sharon), otro de izquierda (Peres), adversarios de toda la vida, pero en última instancia orgullosos aliados contra el extremismo de Netanyahu y de la casta religiosa ortodoxa. Sharon ordenó la evacuación de colonos israelíes de la Franja de Gaza, obligándolos a abandonar los asentamientos incluso recurriendo a la fuerza, el primer paso para iniciar negociaciones de paz serias, provocando la fuerte oposición de los extremistas, los mismos que celebraron cuando el ex primer ministro sufrió un derrame cerebral que lo dejó fuera de juego y lo llevó a su muerte.
Netanyahu ha hecho retroceder las manos de la historia, fortalecido por el apoyo de las facciones más integristas y anti palestinas del mundo judío, destruyendo todo el trabajo que realizaban los dos grandes líderes, Sharon y Peres, conscientes de cómo la seguridad israelí pasaba necesariamente por la retirada de los territorios palestinos.
Espero que esto sea suficiente para despejar el campo de posibles acusaciones de antisemitismo y dejar claro que mi oposición no es contra Israel y su pueblo, a quien respeto y defiendo, sino contra un primer ministro obsceno y criminal al que esperamos ver algún día ante un tribunal internacional de justicia.
Oh sí, porque a diferencia de los muchos católicos modelo Popolo della Famiglia, que desde hace días están exultantes por el asesinato de Jamenei, instando a más ataques y otros asesinatos de líderes iraníes, nosotros creemos en la fuerza del derecho internacional y no en las ejecuciones sumarias.
Un pueblo, el israelí, que vale la pena recordarlo, obtuvo el reconocimiento del Estado de Israel gracias a la acción diplomática de David Ben Gurión y de otros líderes políticos israelíes, pero que no dudó en usar el terrorismo contra los británicos en la época del mandato británico de Palestina (¿recuerdan el ataque al Hotel King David, sede de delegaciones internacionales, por parte del grupo terrorista Irgún?). Esto, para responder a quienes afirman que, al fin y al cabo, los palestinos escribieron su propio destino con el ataque del 7 de octubre de 2023, como si todo un pueblo tuviera que responder por los pecados de una organización terrorista (¿para luchar contra la mafia deberíamos haber eliminado a todos los sicilianos?).
Así que admitamos sin lugar a dudas que detrás del ataque a Irán, en este preciso momento de la historia y tras más de cuarenta años de régimen jomeinista y de represión contra los opositores internos, existe el intento único y exclusivo, perfectamente exitoso, de distraer la opinión pública mundial de Palestina y de la inmensa tragedia de un pueblo que está sufriendo una especie de limpieza étnica a manos de un criminal internacional.
Jamenei estaba en el poder desde 1989 y ha habido varias represiones en Teherán en los últimos años. Sólo ahora, curiosamente, nos damos cuenta de que es necesario intervenir militarmente y eliminarlo, cuando durante años hemos permanecido impotentes ante un presidente como Ahmadinejad, que amenazó a Israel de la noche a la mañana y repitió que había que borrarlo del mapa. Un presidente realmente peligroso y que, paradójicamente, perdió el poder también gracias a Jamenei y a la alianza que firmó con los reformistas de Rohani.
Durante días, casualmente, nadie habla más de Palestina. Todo olvidado, todo borrado, todos arrodillados a los pies del héroe de Tel Aviv que ha salvado al mundo de la amenaza islamista y que de repente también se elevó a sí mismo a campeón de los cristianos, encontrándose desmentido por las comunidades cristianas de Tierra Santa que descartaron haber sufrido ataques por parte de palestinos (si acaso, las amenazas venían del lado israelí) y, por el contrario, ser protegidas y custodiadas por las autoridades palestinas en los territorios de Cisjordania.
Así que solo podemos estar de acuerdo con un gran intelectual de derecha como Marcello Veneziani, que nos recordó que no es el derecho a gobernar el mundo, sino la prepotencia, si se le reconoce el estatus de policía internacional garante del orden mundial a un criminal como Netanyahu, masacrador de hombres, mujeres y niños inocentes culpables sólo de ser palestinos.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 6 de marzo de 2026, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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