La Misa, el Nuevo Rito y las Esperanzas Traicionadas. Pobre Pueblo. Aurelio Porfiri.

Marco Tosatti

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, el maestro Aurelio Porfiri, a quien agradecemos de corazón, nos envió ayer este artículo, que ponemos a su disposición. Que disfruten de la lectura y lo compartan.

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Pobre pueblo…
Hoy, Miércoles de Ceniza, me ha tocado asistir a un funeral.
Se trataba del funeral de mi barbero.
Este señor, que tenía 87 años, había sido el barbero de mi barrio durante quizá cincuenta años; me vio crecer a mí y a muchas otras personas.
Cuando muere una persona así, punto de referencia en el barrio, uno espera que muchas personas asistan a sus exequias. La ceremonia se celebró en la iglesia parroquial, una iglesia maravillosa en el centro de Roma.
Había muchas personas del pueblo — fíjense en esta palabra “pueblo”, es muy importante.
Me impresionó profundamente que los asistentes estuvieran completamente desconectados de lo que sucedía durante la Misa. Había una enorme falta de educación litúrgica: algunos permanecían sentados cuando debían estar de pie, otros se ponían de pie cuando debían sentarse. Durante las lecturas y el Evangelio, algunos miraban el móvil y otros conversaban.
Parecía como si estas personas participaran en una liturgia después de muchos años. Y quizá así era: entraban en la iglesia solo para funerales y bodas. No creo que tuvieran contacto regular con la vida litúrgica de la Iglesia.
Eran verdaderamente pueblo — aquel pueblo que antes constituía la base más fértil para la participación en los sacramentos.
Sin embargo, todos se habían formado en la nueva Misa, la que se nos dijo que estaba hecha precisamente para el pueblo.
Y aun así, este pueblo parece no haber comprendido ese gesto de la Iglesia. Creo que ha habido también una manipulación de la liturgia con el pretexto del pueblo.
Se pensó que cambiando el rito el pueblo cantaría todo, leería todo y comprendería todo. Pero no es así.
El pueblo — del cual yo formo parte — tiene su propia manera de relacionarse con la vida y con la religión.
La Iglesia antes lo comprendía mejor, cuando hacía que la liturgia fuese objetiva y resplandeciente de belleza. Esa belleza era para todos. Además, el pueblo tenía sus propios momentos, como las devociones, hoy casi abandonadas.
No debemos pedir a las personas lo que no comprenden, no pueden comprender o no quieren comprender.
Es importante acercar al pueblo a la Misa, no rebajar la belleza de la Misa a nuestro nivel. Porque eso sería una gran pérdida, no solo para el rito, sino sobre todo para nosotros.
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