| Despenalización del aborto tardío: un paso hacia el infanticidio El primer golpe llegó con una enmienda a la “Ley de Crimen y Policía“, aprobada en la Cámara de los Comunes con 379 votos a favor y 137 en contra, que de hecho despenaliza el aborto más allá de las 24 semanas de gestación. Hasta ahora, este umbral representaba un límite infranqueable, salvo en casos extremos de grave riesgo para la salud de la madre o del feto. Ahora, aunque formalmente permanezca en vigor, cualquier violación ya no será perseguida penalmente. Un caso entre todos ha sacudido a la opinión pública y ha favorecido la enmienda: el de Nicola Packer, detenida tras tomar medicamentos abortivos durante el confinamiento, sin saber que llevaba más de 26 semanas embarazada. Posteriormente fue absuelta. Y mientras los activistas a favor del derecho a decidir celebran esto como un “día histórico para los derechos de las mujeres”, aquéllos que todavía se preocupan por la defensa de la vida no pueden hacer otra cosa que estremecerse. El aborto tardío, que hoy ya no es punible, equivale de hecho a negar la dignidad a un ser humano próximo a nacer, a menudo ya formado, capaz de sentir dolor e incluso de reaccionar a los estímulos. La muerte asistida: una falsa compasión Unos días después, una segunda medida sancionó otro deslizamiento ético. Con 314 votos a favor y 291 en contra, se aprobó un proyecto de ley que introduce por primera vez el derecho a la muerte asistida para las personas con enfermedades terminales y una esperanza de vida inferior a seis meses. El texto prevé la intervención de dos médicos y una comisión (compuesta por un psiquiatra, un trabajador social y un abogado) para evitar abusos. ¿Pero es lícito delegar en el Estado, o peor aún, en la soledad y el dolor, el poder de decidir quién puede morir y cuándo? La congresista Kim Leadbeater, quien inició el proyecto de ley, habló de “elección compasiva”. ¿Pero dónde está la verdadera compasión si se ofrece la muerte en lugar de la curación? La voz de la conciencia: Un llamado para los Amantes de la Vida Las palabras de la Madre Teresa en su famoso discurso de 1994 en el Desayuno Nacional de Oración en Washington resuenan hoy más relevantes que nunca: “Si una madre puede matar a su propio hijo, en su vientre, ¿qué me impide a mí matarte a ti y que tú me mates?” Con esta pregunta, la santa de Calcuta puso al descubierto la paradoja de una humanidad que tolera —y ahora celebra— el asesinato de sus miembros más indefensos. Una cultura que normaliza el aborto tardío y la muerte asistida no es una civilización, sino una sociedad en caída libre. Una deriva cultural que también concierne a Italia No es sólo Inglaterra la que deja entrever esta peligrosa tendencia. En Italia, Cerdeña, siguiendo el ejemplo de Sicilia, ha reiterado recientemente que garantizar la interrupción voluntaria del embarazo es un “deber ético”. Así lo ha declarado el diputado regional Valdo Di Nolfo, según el cual las instituciones sardas deben comprometerse activamente para que el aborto sea cada vez más accesible y deje de ser una opción residual. Si también en Italia el concepto de aborto se transforma en un imperativo moral -un “deber ético”-, entonces la rendición es completa: nos estamos entregando a la lógica de la muerte, no de la vida. Si también en Italia el concepto de aborto se transforma en un imperativo moral -un “deber ético”-, entonces la rendición es completa: nos estamos entregando a la lógica de la muerte, no de la vida. Por eso, si aún no lo has hecho, te invito a firmar la petición “¡Alto al aborto químico!”, promovido por Generazione Voglio Vivere. ¡Un gesto concreto para defender la vida! |