Marco Tosatti
Estimados StilumCuriales, ofrecemos a vuestra atención este artículo publicado por Rivista Studio, a quien agradecemos su cortesía, precedido por un comentario de Francesco Agnoli. Disfruten la lectura y difundan.
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Palantir es el sueño del gobernante totalitario. Nada escapa a la esfera de Saruman. Karp fue uno de los primeros CEOs en visitar a Zelens’kyj y ofrecerle los servicios de su empresa. Y tsmbién compró una página entera del New York Times para escribir: “¡Palantir apoya a Israel!”. Para él, las protestas en defensa del pueblo palestino fueron “una infección de la sociedad”. Cuando una mujer le enfrentó gritando en una conferencia y dijo: “Palantir mata palestinos”, él se rio: “Es verdad. Pero a casi todos los terroristas”. Entre los grandes clientes de Palantir están también British Petroleum, J.P. Morgan, Chevron, Stellantis, ejércitos de la mitad del mundo occidental, los marines y el Credit Suisse. En resumen, la lista de enemigos de cualquier lector jacobino.
A lo largo de los años, Karp ha dado apoyo a los demócratas. Tanto como a Hillary Clinton y después a Joe Biden. Siempre la cifra de 360 mil dólares. Un múltiplo de 18, que en la tradición cabalística trae buena suerte. También apoyó, inicialmente, a Kamala Harris. Después algo cambió. El viento ideológico en todo el mundo, por supuesto, pero también una forma de liberalismo, o quizá todo sea simplemente un cálculo económico: se está con el poder para recibir pedidos estatales.
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Si estuviéramos en un cómic de superhéroes, Alex Karp (y Palantir) sería el villano que quiere conquistar el mundo
Es uno de los personajes más extravagantes e inquietantes que han salido de Silicon Valley. Acaba de publicar un “Manifiesto” en el que expone su visión distópica del mundo. Una visión que tiene todas las intenciones y los medios para convertirse en realidad.
por Giulio Silvano
La realidad se parece cada vez más a las historias de los cómics de los superhéroes estadounidenses. Para los lectores de los cómics de Marvel, incluso antes de que Hollywood descubriera su lucrativo potencial, hay algo extremadamente familiar entre los protagonistas de nuestro presente y los personajes creados por Jack Kirby, Chris Claremont y compañía. Los villanos de los cómics se convierten en villanos. No siempre lo son, salvo por algunos invasores alienígenas o demonios siniestros. A menudo, los villanos humanos empiezan con buenas intenciones y luego, debido a un trauma, un accidente, una mujer o un malentendido, se ven dedicando sus vidas a una venganza, transformándose en villanos.
Norman Osborn se convierte en el Duende, pero al principio es un científico-emprendedor que quiere mejorar el mundo. También el Doctor Doom es un científico con buenas intenciones, amigo y compañero de universidad de aquel que más tarde se convertiría en su némesis, Mister Fantástico. El Doctor Octopus, acosado en su infancia, estudia mucho creando brazos mecánicos para manipular sustancias químicas peligrosas, y se convierte en un profesor y científico estimado hasta convertirse en uno de los archienemigos de Spider-Man después de la muerte de su madre. La lista podría seguir. Y las simetrías con el mundo de las Grandes Tecnológicas son claramente visibles.
Tenían las mejores intenciones
Mark Zuckerberg quería simplemente “construir cosas geniales” y “conectar a las personas”, no construir máquinas con poder para influir en las elecciones políticas (hacia la extrema derecha) y hacer que miles de millones de personas dependieran de las redes sociales.
Elon Musk no quería hacer el saludo nazi en el escenario de un mitin del político populista más dañino del último medio siglo ni controlar una red social para favorecer el pensamiento de extrema derecha, quería explorar el espacio y crear videojuegos.
Jeff Bezos también quería explorar el espacio y llevar a los hombres a visitar otros planetas, ciertamente no crear el sistema más masivo existente de monopolio y explotación del trabajo asalariado.
Quizás es menos famoso que ellos, pero también Alexander Karp, CEO de Palantir desde 2004, quería hacer cosas buenas. Nacido en Nueva York en 1967, Karp es hijo de una artista afroamericana y de un pediatra judío. “Sería el primero al que pondrían contra la pared si llegara el fascismo”, dijo en tono de broma. Sus padres le llevaron a protestas por los derechos civiles cuando era niño. Siempre se ha considerado de izquierdas –”un socialista”, dijo una vez (“pero ante todo soy un estadounidense”). Se graduó en Stanford –donde conoció a Peter Thiel– y obtuvo un doctorado en filosofía en Alemania, donde estudió con Habermas. Mientras trabajaba en el centro de investigación Sigmund Freud, en Frankfurt, recibió una herencia discreta de su abuelo. Con el dinero decidió abrir una pequeña empresa de gestión de activos. Al principio, pensó simplemente en organizarse un poco económicamente, para poder pasar su tiempo leyendo y estudiando por su cuenta. En cambio, siguió invirtiendo y ganando. Su amigo de la universidad, Thiel, lo arrastra a PayPal, obligándole a entrar en lo que se llama la PayPal Mafia, de la que han salido muchos de los influyentes tech-bros de Silicon Valley. Allí, Karp fue puesto al mando de Igor, una gran máquina híbrida formada por algoritmos y fuerza humana, de las primeras en usar Inteligencia Artificial, para gestionar rápidamente un número exagerado de grandes datos, todo para detectar los fraudes con tarjetas de crédito, un sistema tan funcional que como para que el FBI lo pidiera para encontrar otros fraudes en línea.
Palantir, que puede ver y hacer todo
Y de ahí nació Palantir Technologies. Palantir es una de las mayores empresas estadounidenses, que ha crecido enormemente en los últimos años, también gracias a nuevos conflictos. Palantir, como el nombre que abarca las esferas que todo lo ven creadas por los elfos (aún con ‘sto Tolkien), permite ver y saberlo todo. Es un gran ojo que monitorea todo, aprovechando la IA. Es el instrumento utilizado para capturar a Osama Bin Laden. Todos los frikis dicen que si Palantir hubiera estado allí, el 11-S nunca habría ocurrido. Con Palantir, el FBI, la CIA y los Guardas de Frontera y la Defensa israelí descubren cosas: software espía chino, cómo organizar los ataques, las transacciones trata de Bernie Madoff, cómo gestionar mejor las expulsiones y los arrestos, cómo atacar mejor objetivos humanos en un ataque militar, cómo arrasar Gaza de la forma más eficiente posible.
Palantir es el sueño del gobernante totalitario. Nada escapa de la esfera de Saruman. Karp fue uno de los primeros CEOs en visitar a Zelens’kyj y ofrecerle los servicios de su empresa. Y también compró una página entera del New York Times para escribir: “¡Palantir apoya a Israel!” Para él, las protestas en defensa del pueblo palestino eran “una infección de la sociedad”. Cuando una mujer le enfrentó gritando en una conferencia y dijo: “Palantir mata palestinos”, él se rio: “Es verdad. Pero a casi todos los terroristas”. Los grandes clientes de Palantir incluyen tambiéna British Petroleum, J P Morgan, Chevron, Stellantis, ejércitos de la mitad del mundo occidental, los marines y el Credit Suisse. En resumen, la lista de enemigos de cualquier lector jacobino.
A lo largo de los años, Karp ha dado apoyo a los demócratas. Tanto a Hillary Clinton como después a Joe Biden. Siempre la cifra de 360 mil dólares. Un múltiplo de 18, que en la tradición cabalística trae buena suerte. También apoyó, inicialmente, a Kamala Harris. Después algo cambió. El viento ideológico en todo el mundo, por supuesto, pero también una forma de liberalismo, o quizá todo sea simplemente un cálculo económico: se está con el poder para recibir pedidos estatales. Un poco como lo que ocurrió con Bezos, Musk, Zuckerberg y Cook, todos en primera fila en la segunda investidura de Trump. Pero ya cuatro años antes de las elecciones, Karp decía sobre Palantir: “La misión de nuestra empresa siempre ha sido hacer que Occidente, y especialmente América, sea el más fuerte del mundo, por el bien de la paz global y de la prosperidad”. Su misión se ha convertido en defender a Occidente de “enemigos de Estados Unidos” no identificados, “destruyéndolos”. Pero también quiere eliminar la decadencia que existe en la tecnología, donde la gente se centra en desarrollar “aplicaciones frívolas” en lugar de grandes programas para ayudar al mundo.
La República Tecnológica
Karp dice que fue acosado por su dislexia. Nunca ha estado casado y protege mucho su privacidad. Algunos hablan de una vida “monástica”. Sabe usar bien las armas de fuego y tiene cinturón negro en varias artes marciales. Está obsesionado con el fitness y el esquí, tanto que tiene guardaespaldas—instructores de esquí que estuvieron en las fuerzas especiales noruegas, equipados para luchar en la nieve. Él también, al igual que Thiel, es fan de El Señor de los Anillos – el campus donde su oficina se llama La Comarca – pero también de Batman. Karp, con sus gafas y rizos y sus lecturas de Goethe en alemán en cuanto vas a visitarlo, se cree un Bruce Wayne del nuevo milenio, un detective que usa la tecnología para llevar orden y bien. Como los multimillonarios frikis mencionados antes, él también ha pasado de apoyar a Obama y las demandas progresistas a apoyar a gobiernos de extrema derecha, poniendo a su disposición su supuesta inteligencia de ingeniería.
Karp, junto con Nicholas Zamiska, acaba de publicar un libro, La República Tecnológica, que es una especie de Manifiesto de Palantir. En el texto se habla de la “castración” de Alemania y Japón luego de la Segunda Guerra Mundial, una castración que debería ser anulada por considerarse “corrección excesiva”. También hay un posicionamiento jerárquico sobre las “civilizaciones”. El Manifiesto dice abiertamente que algunas culturas “han creado maravillas”, mientras que otras han sido “mediocres”, “retrógradas” o incluso “dañinas”. Tenemos que parar, dice Karp, de pensar que “todas las culturas son iguales” y que no lo decimos sólo porque “hoy la crítica y los juicios de valor están prohibidos”.
Un ataque a lo que la derecha llama wokismo o cultura de la cancelación, pero también al pensamiento poscolonial. Tiremos a la basura a Edward Said, Frantz Fanon, Michel Foucault. Dentro hay ataques a la inclusión y al ateísmo. Karp también escribe que “la decadencia de las sociedades democráticas” ha mostrado los límites del poder blando. Se necesita poder duro (“y en este siglo el poder duro se construirá sobre software”). Es obvio, continúa, que las armas se construirán con IA, y debemos hacerlo también “nosotros” y de inmediato, porque a diferencia de nosotros, “nuestros enemigos” no tienen reparos. Si “la era atómica está terminando”, la próxima disuasión se basará en la IA. Muchos discursos se basan en la guerra, el conflicto, el armamento, el desarrollo de nuevas armas, enemigos imaginarios y la “violencia interna” (que pide un mayor involucramiento de Silicon Valley para resolverla). Parece el manual de una distopía basada en las peores pesadillas de Giorgio Agamben.
Pensadores no lineales
Karp dice que solo dos tipos de personas sobrevivirán a la revolución de la IA: los trabajadores prácticos, es decir, los que trabajan con las manos como electricistas, mecánicos y fontaneros, y luego los que él llama “pensadores no lineales”, es decir, aquellos que piensan fuera de los esquemas, y según él son personas con trastornos de atención, autismo o dislexia (la romantización del espectro autista por parte de estos señores tecnológicos debería profundizarse, ya que resulta insultante para quienes tienen problemas reales relacionados con condiciones de desarrollo neurológico).
Cuando Habermas murió el 14 de marzo a los 97 años, Karp escribió un artículo en Politico en el que relata cuando fue a visitarle, siendo estudiante, específicamente para estudiar con él en Frankfurt, “porque era el pensador vivo más importante”. Y también relata que en un momento dado Habermas se negó a revisar su tesis con una máquina de fax, encontrando varios problemas en su texto. Como los villanos de los cómics, Karp, a pesar de sus miles de millones, poder y fama, parece todavía marcado por ese rechazo. Como dicen los memes: es así cómo nacen los villanos. El problema de nuestro tiempo es que si tenemos un mundo lleno de Doctor Doom y duendes que han logrado infiltrarse en nuestras vidas mediante el consumo y las donaciones políticas, nos falta el Spider-Man para detenerlos.
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 1 de junio de 2026, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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